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Anderson Ayala Giusti (@anderson2_0)
La frase “las segundas partes nunca fueron buenas” es propia del cine y la televisión, pero si se trasladase al mundo del fútbol para calificar el ciclo de un entrenador, se aplicaría perfectamente a Roberto Mancini y su segunda etapa al frente del Inter de Milán. Dicho ciclo tuvo una duración de casi dos años, y no resultó parecido en absoluto al primer proceso del italiano en el club entre 2004 y 2008, en el que cosechó éxitos a nivel local con un equipo que incluso llegó a imponer una hegemonía en el campeonato liguero; un dominio que paradójicamente contrastaba con las seguidas decepciones a nivel europeo.
Ese precedente en el club ‘nerazzurro’ le sirvió a Mancini para ser considerado por la directiva a finales de 2014 como el principal candidato al banquillo en reemplazo del destituido Walter Mazzarri, y así, tras aceptar el cargo, quien ya había encumbrado al Inter una vez, retornaba al norte de Italia para iniciar su segundo período en el Giuseppe Meazza.
Lo adverso para él fue que recibió un equipo tácticamente muy desordenado, estático y sin saber a qué jugaba. Sin embargo, el que ahora llegaba como ex-entrenador del Manchester City tampoco consiguió darle la vuelta a esa deplorable situación, con el único salvamento de que no escogió a sus jugadores desde el principio, sino que tuvo que trabajar con lo que había seleccionado Mazzarri. Su trabajo lo exhibió en la UEFA Europa League, competición a la que se había clasificado el Inter, y con una eliminación aplastante ante el Wolfsburgo por la serie de octavos de final, demostró que no había hecho progresar en nada al equipo.
Para su segunda temporada (2015-2016), que terminó siendo su única campaña completa en Milán, Mancini logró algo más destacado: luego de las primeras 17 fechas, cuando el campeonato entraba en el receso invernal, el equipo estaba situado en la primera posición. Esto, claro, le ganó el apoyo de los aficionados ‘nerazzurros’, a pesar de que había alcanzado el liderato sin nada de brillo, con algunos “golpes de suerte”, y sin haber construido un juego colectivo. En síntesis, posicionó en la punta a un equipo al que no le faltaba nada, pero al que tampoco le sobraba nada.
Cuando inició el descenso de posiciones, los hinchas, más afectados, se vieron invadidos por la sensación de que otro año más se quedarían sin trofeo alguno. Y así fue: el escepticismo se materializó a través de un cada vez más vacío estadio Giuseppe Meazza, y el resto de la temporada terminó siendo fatal para todos.
Aún así, el entrenador no se desvinculó del club tras finalizar la campaña, sino que se fue destituido tras acabar la reciente pretemporada con el club. Ahora, abandonado el cargo, sus números reflejan lo que fue su paso por el Inter: 77 partidos en total, con 36 victorias, 18 empates y 23 derrotas por todas las competencias, lo que incluye Serie A TIM, Coppa Italia, UEFA Europa League, y amistosos de pretemporada. Como se observa, el número total de victorias resulta menor que el número sumado entre empates y derrotas, lo que habla de un paso bastante mediocre por el club.
Mediocre parecerá una palabra fuerte, pero es acertada para describir la segunda temporada de Mancini en el Inter. Las imprecisiones, errores y desconcentraciones en todos los sectores de la cancha predominaron en un equipo bajo las órdenes de un entrenador que pareció nunca dejar claro el mensaje que quería transmitir. Jamás alcanzó una solidez defensiva digna del fútbol italiano, o siquiera medianamente aceptable. A pesar de haber contado con una importante inversión, no supo nunca confeccionar una base compacta con los refuerzos que le trajeron. Y más importante aún, no implantó nunca en sus jugadores un estilo de juego que se pudiera visualizar en el terreno.
Si fue que no pudo transmitirlo correctamente a los jugadores, entonces su falla es netamente de comunicación, pero con toda una primera temporada para trabajar esto, resulta poco creíble que la culpa haya sido mayoritariamente de los jugadores. Como sea, mi parecer es que, tal como le ocurrió en su etapa anterior en el Manchester City, nunca pudo dejar clara una idea de juego porque ni siquiera él mismo tiene una confeccionada.
Por ello Roberto salió de la “capital de la moda” con más pena que gloria, y ahora deberá replantearse algunas cosas sobre la dirección técnica en el fútbol, si es que pretende volver a clubes importantes. Como sea, lo más probable es que acoja algún equipo sin tanto brillo en Italia cuando en este inicio de temporada se den los infalibles despidos a los entrenadores, pero creer que logrará grandes cosas con dicho club resultará una utopía.
La conquista de
territorios en el continente europeo se hizo característica de los monarcas
durante la Edad Media.
El asaltar las regiones y provincias foráneas a las naturales no sólo daba
poder, sino también prestigio y un carácter sublime a quien era el artífice de
tal hecho. En el fútbol se han dado casos de jugadores que se han consagrado en
dos y hasta en tres países diferentes, pero con los entrenadores no es usual
que suceda. Uno de ellos, sin embargo, rompió con esta mala tradición para
convertirse en el primero de su gremio que ha dirigido a cinco grandes equipos
(uno de los cuales es en el que se desempeña actualmente) en cinco grandes
ligas. Hasta la fecha, conquistó los cuatro países menos recientes, y buscará
hacer lo mismo en su nuevo club. Me refiero, como se pudo inferir, al italiano
Carlo Ancelotti.
Su pasado súper
exitoso en el AC Milan de su tierra natal, con dos Ligas de Campeones y un estilo
de juego casi perfecto, le sirvió para dar el salto a la fama. De allí tuvo un
paso algo breve por el Chelsea de Inglaterra, donde consiguió un doblete en su
primera temporada. Posteriormente recayó en el Paris Saint-Germain de Francia,
en el que tuvo un tránsito más efímero aún, pero donde se ganó el corazón de
los parisinos con un título liguero. Más recientemente, desembarcó en la
capital española para dirigir al Real Madrid, en el que sólo duró dos
temporadas, pero por las que siempre será recordado como el capitán de un navío
que conquistó ‘La Décima ’.
En esos tres países foráneos a su natal Italia alcanzó la gloria. Y ahora llega
al Bayern Munich, con el objetivo de conquistar tierras bávaras.
En todos sus clubes
una cosa siempre lo caracterizó: su proximidad con los jugadores. Esa cercanía
lograda a nivel personal con todos sus dirigidos fue la base sobre la que
cimentó su éxito en cada uno de los clubes. Ya se ha dejado ver esto en el club
alemán con las declaraciones de Thiago Alcántara sobre la estupenda relación
que tienen los jugadores con ‘carlettto’. Esa proximidad le siembra, y le
sembró en el pasado, el camino para trasmitir e instaurar su idea de juego en
la plantilla a su disposición. Control, posesión y circulación efectiva del balón
en el mediocampo, cohesión y firmeza en la defensa y precisión en el ataque
caracterizaron siempre a sus equipos, y será precisamente eso lo que buscará
asentar en el Bayern Munich.
Desde 2001, cuando arrancó
a dirigir al Milan, hasta 2015, cuando salió de Madrid, disputó un total de 728
partidos con los cuatro mencionados clubes, con un saldo de 443 victorias, 154
empates y 131 derrotas, por todas las competencias que disputó en cada país,
abarcando así ligas y copas locales (más la Copa de la Liga en Inglaterra y en Francia), supercopas de
cada país, supercopas de la UEFA ,
mundiales de clubes y, por supuesto, Ligas de Campeones de la UEFA.
Estadísticas que
reflejan toda una carrera. Esos son los números que reflejan la conquista de
Ancelotti por el continente europeo, con un nuevo destino añadido a sus
objetivos, y es, casualmente, Alemania, la tierra que, regresando a la referida
Edad Media, hace quinientos años dominó el monarca español Carlos V del Sacro
Imperio Romano-Germánico. De aquí la relación que se puede extraer resulta
curiosa, pues, contando al Bayern, Carlo habrá dirigido a cinco (V) grandes
equipos en cinco grandes ligas. No hay más: él es Carlo V.
Ahora asume las
riendas de un equipo al que buscará regresar a la gloria continental, tras la
salida del español Josep Guardiola. Aquí la misión principal es conseguir
nuevamente el trofeo de la Liga
de Campeones, luego de tres años de abstinencia para el club bávaro, en el que
se fue eliminado en semifinales en las tres ocasiones, siempre a manos de
clubes españoles. A ‘carletto’ el Bayern nunca le pudo ganar cuando el italiano
dirigía a los equipos rivales, y ahora, quien siempre halló la fórmula para
derrotarlos será quien los dirija.
En Alemania debuta en
una liga que le es totalmente nueva, pero ello no es problema para Ancelotti,
pues ya ha demostrado que se puede adaptar con eficacia a cualquier estilo de
fútbol. La plantilla que goza a su disposición tiene jugadores excepcionales, y
con el par de refuerzos que llegaron, blinda aún más a una camada de jugadores
en los que buscará implantar una nueva idea de cómo entender y practicar el
fútbol dentro del terreno de juego.
El Allianz Arena será
su casa desde ahora, y hay que decir que Carlo cuenta con todo a su favor para
consagrarse una vez más en al menos uno de los torneos locales, y para probar
la gloria por cuarta ocasión levantando la ‘orejona’ continental. De
conseguirlo se ganaría el corazón de los aficionados bávaros, de los directivos,
y además se transformaría en el primer entrenador de la historia en ganar
cuatro Ligas de Campeones, y el primero en obtener tres de ellas con tres
equipos diferentes. Algo que nadie ha conseguido nunca, y que, desde mi
posición, no es en absoluto una utopía.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Carlo Ancelotti
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1:22 p.m.
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La adaptación al
ambiente, entendiendo la expresión desde una concepción darwiniana, es vital
para cualquier ser vivo. En el fútbol ello se representa cuando, bien sea un
futbolista o un entrenador, éste emigra de su liga natal para recaer en otra
que le es totalmente nueva y diferente. Allí deberá adaptarse al nuevo estilo
futbolístico lo más pronto posible o, como dice Darwin, padecerá ante otros más
aptos para su supervivencia. En este sentido, dar el salto de la Serie A de
Italia a la Premier League inglesa nunca es fácil, sobre todo por la
contraposición tan radical de las formas de practicar el fútbol. Dicho salto ya
lo han cometido exitosamente entrenadores como Carlo Ancelotti, y con tal
antecedente uno de los hombres de moda se prepara para iniciar su etapa como
estratega en la isla de Gran Bretaña. El referido es el ex-seleccionador
italiano Antonio Conte.
Su pasado exitoso,
aunque discutible desde mi posición, en la Juventus, le sirvió para
catapultarse a la selección nacional en 2014, tras el nefasto mundial que
represento Brasil 2014 para el fútbol italiano. Tres años estuvo al frente del
equipo ‘bianconeri’ (2011-2014), y en los tres años consiguió quedarse con el
‘Scudetto’. Ello constituyó prácticamente el 90% de su éxito en Turín, teniendo
en cuenta que fracasó a nivel europeo en las tres ocasiones en que participó en
la Liga de Campeones. Aquí implantó el hoy conocido sistema táctico 3-5-2,
transformando al equipo del norte de Italia en uno ultra defensivo, con orden
entre líneas y control del mediocampo. Esto le dio resultado en Italia,
considerando que la mayoría de los equipos le eran de nivel inferior, pero no
fue así en Europa, donde siempre se vio superado por los grandes clubes.
Con tal sistema
transformó al equipo de Turín en un gran bloque compacto, pero nunca logró
hacerlo brillar a un nivel esplendoroso en sus tres campañas al mando. Muchos
partidos transcurrían sin dinamismo ni vértigo y hasta se tornaban aburridos,
con la excepción de los goles. Logró victorias ante los grandes de Italia pero
nunca aplastó a ninguno de ellos, demostrando total superioridad. Siempre hizo
que sus dirigidos practicaran el mismo fútbol con excesos de precaución y
control en el mediocampo. Completó 151 partidos al frente de los ‘bianconeri’,
con un total de 102 victorias, 34 empates y 15 derrotas por todas las
competencias, incluyendo la Serie A, la Coppa Italia, la Supercopa de Italia,
la Liga de Campeones de la UEFA y, claro, los amistosos de pretemporada.
El brillo no fue una
de sus características en este club, pero los campeonatos ligueros y sus
estadísticas le sirvieron para llenarle el ojo a los directivos de la
Federazione Italiana Giuoco Calcio y así obtener el puesto de seleccionador
nacional. Con la ‘Azzurra’ estuvo al mando casi dos años, y disputó un total de
25 partidos, con 14 victorias, 7 empates y 4 derrotas por todas las
competencias, abarcando los amistosos internacionales, las Eliminatorias a la
Euro de Francia 2016, y la Eurocopa recientemente disputada. En la fase
clasificatoria inició la transición de la Italia de Prandelli, y a pesar de que
no cayó derrotada en ningún partido, tampoco vislumbró ante rivales bastante
más inferiores, con la salvedad de Croacia.
En la Euro, sin
embargo, consiguió plasmar en sus dirigidos lo que parece ser su idea de juego
tal como la dispone en su mente. No sólo estableció un orden táctico compacto y
una sincronización casi perfecta en las líneas de mediocampo y defensa, sino
que además revitalizó el estilo ‘azurro’ tal como fue en el pasado, dándole
nuevos matices que lo perfeccionaron como la circulación rápida de balón en el
área rival, las transiciones defensa-ataque con bastante velocidad, y la coordinación
casi calculada de sus exponentes en el ataque. La selección bajo su mando dio
grandes exhibiciones en el torneo continental, pero se fue eliminado en
semifinales ante los actuales campeones del mundo.
Ahora, Conte se
prepara para iniciar su etapa en el banquillo de Stamford Bridge, y para ello
la directiva le ha traído un par de refuerzos con los que pueda trabajar,
aunque es menester, al menos desde mi posición, traer al menos a dos jugadores
más de renombre que le puedan servir a una plantilla que la temporada pasada
tuvo uno de sus peores años. Aún así, no ha salido casi ninguno de los
jugadores que disputaron el pasado torneo liguero, pero es probable que hasta
que finalice el mercado, al menos uno o dos de ellos lo hagan, y que llegue
algún otro a solicitud de Conte.
La Premier League lo
recibirá ahora y pondrá a prueba su trabajo como entrenador, generando incluso
expectativas por cuál será el sistema táctico que utilizará aquí Conte, y si se
podrá mantener a lo largo de toda una temporada en el fútbol inglés. Una cosa
es cierta: el estilo defensivo aquí no le va a servir porque todos los equipos
son ofensivos sin importar su lugar en la tabla general. Ello obliga al
italiano a poner a prueba sus conocimientos futbolísticos y ver si puede darle
la vuelta a una situación que ya desde antes del inicio aparenta ser negativa,
si pretende mantener el 3-5-2. Aún falta mucho, pero ante la llegada de otros
entrenadores de talla mundial a equipos importantes, y ante la mejora en el
presupuesto de los más chicos, me atreveré a decir que Conte irá instalando,
desde el juego y progresivamente, el escepticismo
en los aficionados ‘blues’, y si éste se empieza a reflejar en los resultados
de forma negativa, es muy probable que no acabe la temporada sentado en el banquillo.
Lo primordial ahora
para el entrenador italiano es adaptarse a la nueva liga para comenzar a
batallar dentro de ella. Si lo consigue de manera exitosa, puede implantar
rápido en el equipo su idea de juego, y de darle resultados positivos, cosa que
luce incierta, se proyectará como uno de los entrenadores a tener en cuenta
para el futuro, y como uno de los candidatos a quedarse con la Premier League
inglesa, pero esto último, a mi parecer, resulta una utopía.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Antonio Conte
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8:54 p.m.
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Si la frase “El genio es 1% inspiración y 99% transpiración” de Thomas Edison se trasladase al mundo del fútbol, se podría aplicar perfectamente a varios personajes de este deporte, y no sólo jugadores, como Ronaldinho, por mencionar alguno, sino también a entrenadores. El ‘cholo’ Simeone o José Mourinho bien podría entrar en esa categoría, pero hay uno en particular que transpira más que ellos dos juntos: el argentino Jorge Sampaoli.
Ya es más que conocida su caminata de ida y vuelta constante dentro de la zona técnica del campo de juego. Así la popularizó dirigiendo a la selección de Chile en el Mundial de Brasil 2014 y en la Copa América de Chile 2015, consagrando campeón al equipo en esta última edición del torneo continental.
Su idea futbolística consiste fundamentalmente en dos cosas: intensidad y vértigo. Esa idea la lleva a la práctica de manera tan brillante que se plasma en sus dirigidos a tal punto que ya la ejecutan por inercia. Pero no es solamente el impregnarla en sus jugadores lo que constituye el 99% de su transpiración, sino también el potenciarla y reforzarla en la cancha a través de gritos y caminatas. Ese trabajo en cada entrenamiento y en cada partido de la selección chilena fue lo que hizo de ‘La Roja’ el mejor equipo de la competición.
Sin duda los tres años que estuvo al frente de dicha selección constituyen los más exitosos de su carrera, y no sólo por el título internacional, sino por el perfecto engranaje que logró con los jugadores para reflejar en el campo una idea de juego bien coordinada. Intensidad, como se dijo antes, dinamismo, vértigo, toques rápidos, y transiciones defensa-ataque veloces componen esquemáticamente tal idea, la misma que ya había puesto en práctica en la Universidad de Chile y que seguramente mantendrá en el Sevilla F.C., su próximo club de trabajo.
En la Copa, el buen funcionamiento de los futbolistas seleccionados por Sampaoli para el equipo nacional y la continua presión del entrenador argentino al campo, dio como resultado la formación de un verdadero conjunto que aún siguió demostrando su poderío en las primeras fechas de las Eliminatorias al Mundial de Rusia 2018.
En tres años (2013-2016) disputó un total de 44 partidos con la selección chilena, obteniendo un saldo total de 27 victorias, 9 empates y 8 derrotas por todas las competencias, incluyendo así las Eliminatorias al Mundial de Brasil 2014, la Copa América de Chile 2015, las Eliminatorias al Mundial de Rusia 2018 y claro, los amistosos internacionales. Números que reflejan un buen trabajo, y que si se situasen en una escala con respecto a la mejora en el juego, tendría un valor ascendente, porque así funcionó el Chile de Sampaoli: fue de menos a más desde 2013 hasta la consagración en 2015.
Lamentablemente para él, un par de malos resultados en las actuales eliminatorias para Rusia 2018, y el progresivo rechazo por buena parte del público, debilitaron su imagen ante la Federación de Fútbol de Chile y dejaron vía libre para su destitución del equipo nacional. Ahora, tras haber llegado a un acuerdo con el Sevilla F.C. luego de unos meses de descanso, se embarcará rumbo a la ciudad portuaria para trabajar al equipo andaluz que viene de ser nada menos que tricampeón de la UEFA Europa League de forma consecutiva. Le queda una gran responsabilidad por delante considerando que debe potenciar a un equipo que ya ha sufrido innumerables bajas temporada tras temporada, pero que siempre se repone gracias a su buena mano para los fichajes.
Sus recorridos en la zona técnica ahora se harán característicos en el Sánchez-Pizjuán, un estadio que lo acogerá con el mismo grado de intensidad con que siempre arropa a sus jugadores. Ahora en Sevilla se pondrá a prueba si el argentino puede trasladar su idea en una plantilla que le resulta totalmente nueva, o si fue que la suerte jugó un papel trascendental en su paso por el país austral. Como sea, hechos tal para cual, Sampaoli y el Sánchez-Pizjuán entablarán una relación de amor y odio en la que se verá fortificado el equipo que, a todas luces, será la vitrina en la que exhibirá su trabajo el entrenador campeón de América.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Jorge Sampaoli
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5:45 p.m.
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Anderson Ayala Giusti (@Anderson2_0)
“La historia es
cíclica”. A ese consenso llegan los historiadores para definir el curso de la
historia. Para algunos, sin embargo, no es cíclica, sino lineal. La historia ya
reflejó en sus innumerables fuentes que hubo una época dorada en el fútbol: la
década de los 70’, que no sólo tuvo extraordinarios jugadores y revolucionarios
sistemas tácticos y de juego, sino también la consagración de un estilo en
particular, que hasta el día de hoy no se ha podido emular por nadie: el famoso
‘jogo bonito’, que tuvo en el Rey Pelé a su máximo representante.
El jogo bonito, sin
dudas, fue la época dorada del fútbol brasileño. De ahí en adelante han dicho
presente buenos seleccionados brasileños con inolvidables jugadores, pero
ninguno tan majestuoso como el del Mundial de 1970. Eso hasta la década del
2000, y es que a partir de finales de década, el fútbol brasileño pareció haber
entrado a un bache, en el cual ha venido adentrándose aún más desde el último
mundial celebrado en su tierra. Decadencia es una palabra muy fuerte, pero
podría llegar a describir lo que ha sido la seleçao en los últimos torneos
internacionales, sobre todo de la mano de Carlos Caetano Vledorn Verri, mejor
conocido como Dunga.
Llegó a mediados de
2014 luego de un catastrófico mundial para “poner orden en la selección”. Sus
características en el campo, en su época de jugador, eran la rigidez y
disciplina, y eran esos ideales los que se le pidió que trasladara a la
selección. Lamentablemente, para él, ni siquiera eso pudo plasmar en el equipo.
Los jugadores que Dunga llevó a la selección desde la Copa América 2015 no
fueron nunca compatibles con el estilo de juego del capeón del mundo en 1994.
Por sus mismas cualidades futbolísticas, los jugadores técnicos, dinámicos, de
gran calidad, buen toque, y de sublime juego asociado nunca pudieron adaptarse
al estilo brusco y de corte defensivo y hasta destructivo que quería su
entrenador.
No hay dudas de que
buscó llevar a la selección lo que él practicaba como futbolista, pero la
realidad no se lo permitió, y Dunga nunca supo darle la vuelta a su idea. El
juego ordenado y de solidez defensiva que él proponía en su época de activo no
pudo llevarlo nunca a la ‘seleçao’ por los jugadores de buen pie que convocó,
perdiendo así todo intento por darle un giro positivo a la ‘verdeamarelha’.
Una Copa América mala
en 2015 en que no consiguió pasar de los octavos de final, y en la que empezó a
dar síntomas de su mal en la selección, dio inicio al proceso del entrenador al
frente de su país. A partir de ahí comenzó a instalar en escepticismo en la conciencia colectiva brasileña. De por medio
tuvo las primeras jornadas de las eliminatorias rumbo a Rusia 2018, y en ellas
ya evidenció todas las carencias que estaba acrecentando en el equipo. Y,
finalmente, en la última Copa América Centenario 2016, terminó por destruir al
seleccionado brasileño que ya había comenzado a devastar.
No les permitió a sus
jugadores liberarse y practicar lo que saben; por el contrario, les reprimió
esas características típicas del fútbol brasileño y los sometió a su idea de
juego hasta tal punto que tergiverso totalmente el arte de entender este
deporte. En eso falló el seleccionador brasileño, y los resultados fueron claros:
ni buen juego, ni orden o solidez defensiva. La muestra más representativa de
esto se vio plasmada en la última Copa América, y bueno, a Dunga le cortaron la
cabeza desde la CBF luego de que todo el país aclamara su destitución.
Abandonó la ‘seleçao’
tras casi dos años al frente de ella, dejando un saldo de 17 victorias, 5
empates y 3 derrotas en 25 partidos disputados con la selección, incluyendo
amistosos internacionales, las Eliminatorias rumbo al Mundial de Rusia 2018, y
claro, las Copas América de 2015 y 2016. Las estadísticas podrán no parecer tan
negativas, hasta que se analiza el hecho de que los empates y las derrotas
vinieron en partidos clave.
Hoy más que nunca
queda claro que la obtención de algún título por parte de la selección bajo la
dirección de Dunga no era más que una utopía.
No era posible mientras siguiese sometiendo a jugadores tan hábiles a un
erróneo planteamiento futbolístico si se analiza lo que es la historia de
Brasil. Seguramente conseguirá trabajo en algún club de Brasil en un futuro
cercano, pero seguirá impregnando en sus futbolistas la misma idea alienada del
fútbol brasileño. Como sea, bajo su mando ya demostró haber fracasado el
intento de ordenar con rigidez la selección, y ahora tal vez sea el momento de
soltar a los jugadores para que se liberen mentalmente en el campo, y sólo así,
tratar de emular paso a paso lo que fue ese famoso ‘jogo bonito’. Total, si la
historia es cíclica, ya deberá volver a repetirse.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Dunga
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5:02 p.m.
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5:02 p.m.
La elegancia es una de las características intrínsecas de París. Edificios nivelados con arquitectura de principios del siglo XX, calles ordenadas que facilitan la comunicación, y árboles que adornan las distintas vías terrestres son aspectos que le dan una visión majestuosa a la capital francesa, al punto de que parece una de esas ciudades planificadas, diseñadas por arquitectos vanguardistas. Así es París, y así también pasó a ser el Paris Saint-Germain desde mediados de 2013 (si trasladamos esos conceptos a los futbolístico, claro), cuando se anunció la contratación de Laurent Blanc como nuevo entrenador del club, tras la marcha de Carlo Ancelotti al Real Madrid C.F.
Blanc representa todo lo que se ha estereotipado del ciudadano francés común: elegancia en la vestimenta, acento fino y delicado, y convicción en sus propias creencias. Esto último lo mantuvo sus tres años en el club parisino, y le dio buenos resultados, pero sólo en el ámbito local. La elegancia la trasladó al equipo desde su primera temporada (2013-2014). Juego fino, de pases cortos y precisos, movilidad por las bandas y definición precisa fue lo que comenzó a instaurar en sus primeros meses sentado en el banquillo del Parque de los Príncipes. Le dio resultados en Francia, pero no en Europa, donde cayó eliminado a manos del Chelsea de José Mourinho.
En su primera temporada contó con el legado del juego compacto que dejó Ancelotti, y ello le resultó muy útil para llenar los ojos de la directiva. Para la segunda, sin embargo, ello empezó a cambiar. Se comenzó a descuidar más la firmeza colectiva para dar paso al juego exclusivo por las bandas. Aún así, los éxitos volvieron a llegar dentro de Francia, a pesar de que esa campaña (2014-2015) dejó muchas más dudas en la liga, incluso llegando a estar por detrás del Olympique Marsella de Bielsa; en Europa, por el contrario, el fracaso se presentó nuevamente en los cuartos de final de la Liga de Campeones, pero esta vez ante un arrollador Barcelona. Con esa derrota surgieron los primeros índices de la ruptura entre directiva-aficionados y Blanc, y a partir de ahí el escepticismo empezó a presentarse en la psiquis de algunos aficionados.
Y en su tercer y último año en París, cuando ya las exigencias de la directiva estaban puestas sí o sí en la obtención de la Liga de Campeones, Blanc terminó de afectar más aún al PSG por mantenerse, como buen francés, firme en su filosofía y en sus creencias futbolísticas. A pesar de haber traído a un extraordinario refuerzo como Ángel Di María, no halló la manera de maximizar a sus futbolistas para dar el salto de calidad en Europa y llegar lejos en la Champions. Los éxitos, como antes, volvieron a llegar pero sólo dentro de Francia, pues en Europa cayó a manos del Manchester City, evidenciando además un juego muy pasivo en la serie.
Con esa eliminación, ya era claro que la obtención del trofeo continental por parte del PSG de Blanc no era más que una utopía mientras el francés siguiera en el banquillo. En ello se me hace necesario acotar un análisis de la plantilla, porque si bien contaba con elementos de clase mundial en defensa y en ataque, en el mediocampo la realidad era otra; más allá de Verrati, los nombres que lo acompañaban no son, con todo respeto, de primera clase. Ni Matuidi, que a pesar de su tremendo ida y vuelta en la cancha no es el más técnico ni hábil de los jugadores, y menos en Thiago Motta, que ya cuenta con una edad a resaltar (33) para ser un mediocampista. La columna vertebral de todo equipo, que debe ser el mediocampo, en París era el sector, paradójicamente, más débil del equipo, y ello terminó pesando y dejándose ver en el terreno de juego.
El escepticismo ya era notable en la directiva del PSG cuando se pensaba en la obtención de la Liga de Campeones bajo la dirección de Blanc, y ante ello decidieron darle un nuevo giro al club haciendo a un lado al francés, y trayendo al exitoso Unai Emery. Blanc se fue de París con un saldo total de 125 victorias, 31 empates y sólo 16 derrotas en 172 partidos disputados por todas las competiciones: Ligue 1, Copa de la Liga, Copa de Francia, Supercopa de Francia y Liga de Campeones. Las derrotas, sin embargo, terminaron siendo en partidos clave, mayormente en Europa.
Consiguió reiteradamente títulos como la Ligue 1, la Copa de la Liga y la Copa de Francia, pero en Europa nunca pudo dar el golpe por encontrarse a rivales de un nivel mayor al que usualmente enfrenta en Francia, y con los que el club vive un espejismo al vencerlos por goleada. Así, tras un paso resaltable de Blanc por la institución parisina, lleno de éxitos locales, el club decidió hacerle a un lado al darse cuenta que ya le había dejado al equipo todo lo que podía darle. Laurent probó así que es un entrenador de Ligas, pero no de Champions, pues para ésta hace falta un grado considerable de garra y de intensidad que no le es intrínseco al entrenador francés, y que por ende nunca imprimió en sus jugadores. Como sea, seguramente se irá a otro club importante de Francia o de Italia, y tendrá éxito, sino desde los títulos, al menos desde el juego que desarrolle con el equipo.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Laurent Blanc
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9:44 p.m.
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9:44 p.m.
Dicen que una vida
sin riesgos no vale nada. Pero los riesgos no son más que decisiones que toman
las personas, y las decisiones, en sí, requieren un mínimo de capacidad deliberativa. Puede ser que resulten, como puede ser que no, y
por ello nace ese riesgo que debió ser evaluado antes. Con una decisión en particular me gustaría iniciar esta narración, y es que en este caso tuvo resultados adversos para todos
los involucrados en ella. Así, me es preciso decir entonces que, luego de toda una vida
dirigiendo en Argentina, el ‘pelado’ Ramón Ángel Díaz, entrenador exitoso de incontables equipos en su país natal, optó por salir de su zona
de confort para aventurarse al frente de la selección paraguaya de fútbol en
diciembre de 2014.
Toda una vida como
entrenador no incluía en su currículum ningún trabajo al frente de selecciones
nacionales, por lo que consideré apropiado mencionar que Ramón decidió
“aventurarse”. El aliciente para la Asociación Paraguaya de Fútbol no fue más
que su pasado inmediato en River Plate, y los éxitos conseguidos con el club
‘millonario’, pero más allá de eso también entró en consideración el amplio
palmarés del que puede presumir el ‘pelado’ tras todos sus años en Argentina.
Así, luego de unas
pésimas eliminatorias para el Mundial de Brasil 2014, la APF atendió de manera directa
la crítica situación del seleccionado nacional con la inclusión de Ramón Díaz
en el fútbol paraguayo, para que se hiciese cargo de una tarea fundamental en
el fútbol: armar un equipo con base en jugadores jóvenes con los que pudiera
dar inicio al necesario recambio generacional.
Su primer reto fuerte
fue la Copa América celebrada en Chile en 2015, y desde ese momento comenzó a
instaurar el escepticismo en la
conciencia colectiva de los paraguayos aficionados al fútbol. A pesar de haber
llegado a las semifinales del torneo, incluso eliminando a Brasil en cuartos,
el fútbol de la selección comenzó a mostrarse tal como sería el resto de la
etapa que el ‘pelado’ dirigiese al equipo.
Bajo nivel colectivo, fragilidades defensivas, pasividad en el ataque y la
ausencia notable de la tradicional garra guaraní en los jugadores predominaron
en esa copa en la que finalizaron cuartos, y también en las seis fechas
jugadas de las eliminatorias rumbo al Mundial de Rusia 2018.
En estas últimas, sin
embargo, dos resultados destacaron: una victoria como visitante en Venezuela y
un empate en casa contra Argentina, pero claro, exhibiendo el mismo bajo nivel
de juego que ya traía la selección. A pesar de haber dejado a los guaraníes en
la séptima posición con un total de nueve unidades (a una del repechaje) tras
las primeras seis jornadas, el tiempo de trabajo que tuvo con los respectivos
intervalos de varios meses, pareció no haber contado para la selección. En
ningún partido logró verse plasmada la idea futbolística de Ramón, por lo que
no consiguió generar altas expectativas en los aficionados, y tampoco en la
Asociación.
Con ese bagaje de
resultados buenos y malos, conseguidos todos mediante un nefasto juego
colectivo, la selección guaraní se embarcó rumbo a los Estados Unidos para
disputar la edición especial de la Copa América por su centésimo aniversario.
En ella, sin embargo, terminó de defraudar a los aficionados en dos aspectos:
primero, desde los resultados, pues tras haber llegado a la final y a la
semifinal, respectivamente, en las dos últimas ediciones, en la presente no se
logró siquiera avanzar a los cuartos de final; y segundo, que a su vez da
sustento para que ocurriese lo primero, desde el juego, pues en este torneo en
específico el equipo nacional de Paraguay de la mano de Ramón Díaz mostró lo
peor de sí. El juego espeso, lento y sin potencial ofensivo alguno se hizo
presente en los tres encuentros disputados. En ningún momento
aparecieron los circuitos de juego que el ‘pelado’ debió haber construido, y
para peor, no dio signos positivos el recambio generacional que se puso en
marcha.
Abandonó así el cargo
tras finalizar el torneo, dejando un saldo de tan sólo 3 victorias, 9 empates y
8 derrotas en 20 partidos disputados, incluyendo amistosos internacionales, la
Copa América 2015, las Eliminatorias rumbo a Rusia 2018, y la Copa América
Centenario 2016. Destacan también los 18 goles a favor en 20 partidos, en
contraparte con los 28 encajados.
Números que hablan
por sí solos, y que reflejan lo que fue el pasar de Ramón Díaz por el fútbol
paraguayo. No se puede habla de destrucción o de decadencia alguna, porque la
selección guaraní ya venía mal desde el Mundial de Sudáfrica en 2010. De lo que
sí es pertinente hacer mención es que el ‘pelado’ nunca consiguió confeccionar
una base colectiva que entendiera su idea futbolística y la interpretara en el
terreno de juego. Lo que sí se le puede eximir es que no tuvo una excelsa base de
jugadores jóvenes para conseguir los objetivos, porque ya esto es la realidad
del fútbol paraguayo y a su vez competencia directa del presidente de la
Asociación.
Ahora, quedando en
libertad, con 56 años, luce difícil que Ramón abandone el fútbol de manera
definitiva, pero también se ve cuesta arriba, al menos desde la distancia, que
pueda llegar a algún club grande del continente en lo inmediato. Tal vez sí a
uno importante en Argentina, y creo que es ahí donde definitivamente aterrizará,
pero ya será más por su historial que por su trabajo en la selección guaraní.
Tendrá que reinventarse para revitalizar la idea que implantará en sus
dirigidos para que no le ocurra lo mismo que en Paraguay, pero de todas formas
esto último no le resta valor ni jerarquía a su reputación o bien podría
decirse, al currículum que con tanto trabajo ha construido en su tierra natal
como jugador, y ahora como entrenador.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Ramón Díaz
Unknown
9:45 a.m.
Unknown
9:45 a.m.
Anunciado en junio de
2013, Roberto Martínez llegó al Everton F.C. como reciente campeón de la FA Cup
con el Wigan Athletic tras haber derrotado al Manchester City en la final que
derrocó a Roberto Mancini. Tenía tan sólo 39 años cuando asumió la dirección
técnica del club, pero había encantado desde las oficinas de Goodison Park por
el buen trabajo que había realizado en la última campaña. Su mérito estuvo en
que, más allá del título y del lamentable descenso a Championship, había
logrado instaurar un juego de toque y de control del balón en el modesto equipo
de la ciudad de Wigan.
Desde Liverpool
necesitaban a un entrenador de talla para reemplazar a David Moyes (quien había
emigrado al Manchester United) pero con el español decidieron dar un salto de
fe ante su corta y edad y su poca experiencia en primera división. La confianza
le fue correspondida esa misma temporada al club cuando Martínez los clasificó
a la fase de grupos de la UEFA Europa League tras haber finalizado en la quinta
posición de la Premier 2013-2014, exhibiendo un muy buen fútbol con victorias
destacadas como la conseguida ante el Manchester United (0-1) en Old Trafford.
La campaña siguiente (2014-2015) no consiguió rememorar el buen nivel en la
Premier, pero en Europa si logró sacar la cara por el fútbol inglés tras haber
superado la fase de grupos del torneo, para luego caer estrepitosamente en los octavos
de final ante el Dnipro (5-2), que ese mismo año llegaría a la final.
Y en la última y más
reciente campaña que disputó, al menos logró igualar la temporada anterior en
que había finalizado en la undécima posición de la Premier, pero fue destituido
a una jornada para el final del torneo cuando su crédito con la directiva ya
estaba más que acabado. Abandonó el club el 12 de mayo de este año, dejando un
saldo de 61 victorias, 39 empates y 43 derrotas en un total de 143 partidos por
todas las competencias, abarcando así la Premier League, la FA Cup, la Copa de
la Liga, y la UEFA Europa League, en sus tres años en el club.
Dejando de lado sus
números, y pasando a lo mostrado dentro del campo, se hace necesario hacer
hincapié en su primera temporada al frente de los ‘Toffees’, que fue, sin
dudas, la mejor de las tres que estuvo sentado en el banquillo de Goodison
Park.
Sus nuevas ideas
cayeron como ‘anillo al dedo’ en la plantilla del Everton y en especial en
jugadores como Ross Barkley, Kevin Mirallas y Romelu Lukaku. Fútbol de
posesión, control y colectividad fue lo que Martínez instauró en el equipo,
logrando renovar el estilo ‘arcaico’ que se venía practicando con David Moyes.
El juego asociado y ofensivo fue lo que predominó en su primera temporada, y
con ello obtuvo el quinto lugar de la Premier, a muy pocos puntos del Arsenal
que había finalizado cuarto. La euforia era fuerte en Goodison Park pero se fue
apagando poco a poco tras el mal inicio del equipo en la segunda temporada de
Martínez. Ya no parecía posible, desde la perspectiva del aficionado, que se
pudiese conseguir un logro en la Premier. El escepticismo fue creciendo en la ciudad de Liverpool y se instaló
definitivamente en el hincha ‘toffee’ cuando el equipo quedó eliminado de la
Europa League. El fútbol asociado y ofensivo que había mostrado en su primera
campaña ahora se veía desgastado.
Para mayores males, en
su última temporada terminó por extenuar y fatigar tanto a los aficionados como
a la directiva, al no haber levantado el deficitario nivel de juego. Ahora no
existía el dinamismo colectivo que había caracterizado en el primer año, ni
tampoco el buen trabajo defensivo con las marcas por sectores del campo, y
muchísimo menos el control del balón y el consiguiente del juego. Todo se
encontraba deslucido desde hacía meses y Martínez nunca halló cómo darle vuelta
a la situación que terminó por propiciar su salida, más allá de los resultados.
Como desearía
cualquier entrenador, Roberto Martínez tuvo un gran inicio en el Everton, pero
la llama de luz que encendió en su primera temporada en Liverpool se fue
apagando poco a poco. El desgaste de la idea en sus jugadores, y el no saber
darle la vuelta a la situación fueron determinantes en la decisión de la
directiva sobre el futuro del español, quien tenía contrato hasta 2019. Tal
como le ocurrió en el Wigan, tuvo un momento de gloria, pero después vino su
debacle (aunque en aquella ocasión se dio en el tránsito de tan sólo un
partido). Ahora se halla sin club, pero seguramente no tardará en encontrar uno
nuevo en alguna liga importante de Europa para retomar su trabajo en agosto y
arrancar de lleno en septiembre/octubre, en un nuevo proyecto que lo llene de
ilusión para seguir proyectando su carrera como entrenador.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Roberto Martínez
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5:17 p.m.
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5:17 p.m.
Tras cuatro años sin conseguir un solo título, cosa que resulta trágica para un equipo grande como lo es el AC Milan, en junio de 2015 la directiva ‘rossonera’ decidió hacer una importante inversión de más de 70 millones de euros para traer una camada de buenos jugadores y así darle material de trabajo al que llegaba como el nuevo entrenador: el serbio Sinisa Mihajlović.
A decir verdad, no sé decir en qué criterio se basó la directiva milanista para su escogencia, pues en ninguno de sus anteriores trabajos destacó como un entrenador de categoría; ni en el Bologna o en la Fiorentina y muchísimo menos en la selección de Serbia. Quizás fue su aceptable desempeño en la Sampdoria el que terminó por atraer a los ‘rossoneri’, teniendo en cuenta que ese fue su último club antes de arribar a San Siro. Aceptable, pero sólo desde un modo superficial, porque su idea futbolística nunca se vio totalmente arraigada en el campo de juego. Aún así, desde Milán optaron por ofrecerle el cargo de entrenador del primer equipo.
El comienzo de temporada fue muy poco regular, manteniendo la línea de las últimas cuatro campañas. Mihajlović logró hacer despertar al equipo en la jornada diez, y a partir de ahí hizo creer utópicamente a los aficionados que podía lograr grandes cosas. Sin embargo, justo antes del parón invernal, removió todas esas sensaciones positivas y consiguió instalar el escepticismo en el San Siro cuando cerró el año con una sola victoria y dos empates en tres partidos, en los que consecutivamente enfrentó a los últimos tres equipos de la tabla general.
Al retornar luego de las vacaciones invernales, el Milan de Mihajlović no pudo sino mostrar más de lo mismo, y así el entrenador serbio permitió que el escepticismo se hiciese permanente en los aficionados, ya no sólo de la ciudad, sino los tantos que tiene alrededor del mundo. Como se esperaba, el club decidió hacerle a un lado el 12 de abril de este año tras haber perdido en casa frente a la Juventus por la trigésimo segunda jornada. Abandonó la institución con un saldo de 18 victorias, 10 empates y 9 derrotas en 37 partidos oficiales, repartidas en dos competiciones: 13 victorias, 10 empates y 9 derrotas en 32 partidos de la Serie A; y 5 victorias en 5 partidos por la Coppa Italia (dejando al equipo clasificado a la final del torneo).
Sus números hablan de su trabajo por sí solos. Sólo 18 victorias en 37 partidos, en un club como el Milan, es una marca muy poco aceptable, y verdaderamente sus estadísticas reflejan lo que mostró el equipo en la cancha bajo. Muy bajo nivel de juego, poca intensidad, falta de creatividad en el mediocampo, fragilidad defensiva y desajustes en la marcación, exceso de balonazos para evitar el juego rastrero, e inexistencia de juego colectivo en las transiciones defensa-ataque fueron los tópicos que caracterizaron a este Milan de Mihajlović durante los casi nueve meses que dirigió al club en la Serie A.
A pesar de la llegada de muy buenos jugadores como Carlos Bacca, Juraj Kucka, Alessio Romagnoli, Andrea Bertolacci y Luiz Adriano, el entrenador serbio no supo nunca cómo hacerlos encajar en su sistema de juego. La falta de acercamiento hacia los jugadores, aunado a su poco manejo de vestuario, terminaron por alejarlo de la plantilla. No pudo aceitar los pocos engranajes del equipo que llegaron a funcionar correctamente algunos partidos, y más importante aún, no consiguió formar un verdadero equipo con toda la plantilla a su disposición para dar vida a las esperanzas del club de regresar a Europa.
El escepticismo pareció trascender las barreras de la afición y se coló a los camerinos del San Siro cuando los resultados no terminaron por llegar. La idea de Mihajlović nunca terminó por quedar clara en sus dirigidos, si es que en algún momento tuvo alguna idea que transmitir, pues, basado en lo que observé del Milan esta temporada, me atrevería a decir que el propio entrenador serbio nunca desarrolló una idea de juego clara en su formación como director técnico.
Se fue de Milán pero no tuvo que recorrer demasiados kilómetros para encontrar nuevo club. Turín será su nueva casa desde el próximo mes de agosto para entrenar al club más tradicional de la ciudad: el Torino F.C., que lo ha contratado en busca de dar un salto de calidad en el campeonato italiano de la Serie A. Tras su mala experiencia en el cuadro ‘rossoneri’, Mihajlović buscará probarse a sí mismo que puede asumir retos de importancia, pero la verdad es que, con un presupuesto aún más limitado que en Milán y con una plantilla de menor calidad, el reto parece más desafiante que cuando arribó a San Siro. Por estos obstáculos y por sus limitaciones mismas como estratega, me arriesgaré a decir que la ascensión del ‘toro’ con el serbio no es más que una utopía porque él como entrenador, ya ha probado en sus anteriores clubes que no tiene establecida una idea de juego clara que pueda plasmar en sus jugadores.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Sinisa Mihajlović
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7:56 a.m.
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7:56 a.m.
Necesitó sólo seis partidos para ganar la Liga de Campeones de la UEFA en 2012. Esa frase sin duda alude a un único entrenador en Europa, conocido por haber consagrado al Chelsea F.C. como campeón de Europa por primera y única vez en la historia del club londinense.
A pesar de tal logro, Di Matteo salió de la institución ‘blue’ por la puerta de atrás a finales de ese mismo año. En su siguiente proyecto tuvo un paso irregular al frente del Schalke 04 en la temporada 2014-2015, y abandonó el club a pocos días de haberla culminado. Ahora, tras un año sabático, el entrenador ítalo-suizo regresa a la acción para dirigir al Aston Villa en la Football League Championship a partir de la próxima campaña, con el objetivo de regresar a los ‘villanos’ a la primera categoría del fútbol inglés.
Una tarea difícil, si se evalúa que el equipo de Birmingham sólo consiguió obtener tres victorias en la última edición de la Premier que finalizó en mayo. Tres victorias y veintisiete derrotas marcaron la parte negativa de sus estadísticas con muy poco para rescatar. Un juego sin fluidez, ni colectividad y muchísimo menos intensidad predominó cuando los jugadores del Aston Villa saltaron a un terreno de juego. Para contrarrestar esto y con la misión de revitalizar al equipo, desde las oficinas del Villa Park han contratado a Di Matteo, de quien esperan no menos que el regreso a Premier.
Para ello contará con una plantilla que podría considerarse ‘aceptable’ en la Championship, suponiendo claro que no haya un éxodo por parte de los jugadores importantes. Asimismo, es útil acotar que contará con un presupuesto limitado pero que le puede resultar beneficioso si compra bien a sus refuerzos, aunque como él mismo ha expresado más de una vez, prefiere trabajar con los jugadores jóvenes que vienen ascendiendo de las divisiones inferiores, porque así es más fácil adaptarlos a su idea de juego.
Aunque resulta un poco difícil determinar cuál es el estilo de juego que le gusta implantar en sus equipos por las distintas facetas que ha mostrado, lo que sí se puede decir es que, como buen italiano, su fuerte es la defensa. Tener al equipo bien parado atrás y lograr defender bien (aún con los once jugadores en su propia cancha) es una de las estrategias que se le ha visto a Di Matteo cuando le toca enfrentar a grandes rivales. Pero como en la Championship no va a encontrar rivales de elite, tendrá que practicar un fútbol más de ataque y más de control para así dominar el encuentro cuando esté ganando, evitando meter a sus jugadores en la propia área para defender el resultado.
Por ahí pasa la dificultad que tendrá Di Matteo al frente del equipo y es que, en los clubes en que ha entrenado, nunca se le ha visto desarrollar un fútbol ofensivo dinámico, sino más bien cauteloso y con cierto respeto hacia los rivales, fuese el que fuese. Tendrá que reinventar su propio estilo o añadirle cierta intensidad a su juego, pero lo cierto es que no podrá dedicarse a defender en el Villa Park porque los resultados así no siempre serán positivos, y cansará al público y lo que puede ser peor, a la directiva.
El descenso ha caído muy pesado en los aficionados del Aston Villa, y ahora la esperanza por regresar a la Premier reina en la ciudad de Birmingham. Ante este panorama, la obligación de Di Matteo ya no sólo pasa por retornar a la primera división del fútbol inglés con el equipo, sino también por demostrase a sí mismo y demostrarle al mundo que definitivamente puede asumir y cumplir con grandes retos como ya hizo en 2012, luego de un año en el olvido del fútbol europeo. Los aficionados tendrán que observar desde fuera el juego de ajedrez que el ítalo-suizo estará practicando en los campos de juego, y se juzgarán sus resultados a final de temporada, pero desde ya me atreveré a pronosticar que, aunque los trabajos anteriores de Di Matteo den pie para una utopía, éste entrenador campeón de Europa podrá regresar a ‘los villanos’ a la Premier League, aunque lo hará sin tanta gloria y con ciertas dificultades.
Sin contar con el currículum más amplio o con mayor experiencia, Roberto Di Matteo ha decidido embarcarse en este nuevo desafío para volver a sentarse al frente de un banquillo, y aunque no sea en un escenario ideal, asumirá el trabajo con la ilusión que representa para él dirigir a uno de los equipos históricos del fútbol inglés que no pasa por su mejor momento; ahí estará su más grande incentivo: regresar a la gloria al club del Villa Park. Así, sólo me resta decir que desde afuera, y considerando lo extensa que puede ser la Championship, parece un reto difícil, pero por algo es el entrenador que menos partidos necesitó para ganar una Liga de Campeones.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Roberto Di Matteo
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12:41 p.m.
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12:41 p.m.
Anderson Ayala Giusti (@Anderson2_0)
En un año en que los Rangers regresan a la primera división de la Scottish Premiership, la directiva del Celtic F.C. ha decidido darle la bienvenida a sus tradicionales rivales con lo que podría considerarse un ‘golpe bajo’. Esa podría ser una buena forma para describir la contratación del norirlandés Brendan Rogers como nuevo entrenador de los ‘celts’, al menos, por una temporada.
¿Por qué un golpe bajo? Pues tal como explique en "Más de 120 años de historia ansían el regreso de la 'Old Firm'", (y para entender este breve escrito aconsejo que su lectura se realice antes) los aficionados de los Rangers se han identificado más con los norirlandeses por toda una situación histórico-cultural, mientras que los del Celtic se han aproximado más a los irlandeses propiamente. Es decir, que desde las oficinas del Celtic Park han traído a un entrenador que bien pudo haber ‘estado destinado’ para dirigir a sus odiados rivales.
Como mi intención no es retomar ese debate sobre el amplio espectro que representa la ‘Old Firm’, me concentraré en el que será el nuevo entrenador de los actuales campeones de Escocia.
Luego de casi tres temporadas y media sentado en el banquillo de Anfield, Brendan Rodgers fue destituido de su cargo en octubre de 2015 por los malos resultados que venía cosechando con el equipo en las últimas jornadas de la Premier. Tras haber dirigido 166 partidos como entrenador del Liverpool F.C., Rodgers se fue de la ciudad de los Beatles con un saldo de 83 victorias, 41 empates y 42 derrotas en todas las competencias que jugó, abarcando así la Premier League, la FA Cup, la Copa de la Liga, la UEFA Europa League y la Liga de Campeones de la UEFA, teniendo su momento cumbre en 2014 cuando estuvo a muy poco de salir campeón de la liga.
Lo de Rodgers es simple y a la vez complejo. Llega a Glasgow para reformar al equipo. Por primera vez en muchos años el Celtic pudo darse el lujo de traer a uno de los entrenadores solicitados en la actualidad del fútbol europeo y ahora éste llega para cambiar el juego del equipo, o mejor dicho, para mejorarlo y más aún repotenciarlo.
Velocidad en el toque, dinamismo, transiciones defensa-ataque extremadamente rápidas y triangulaciones colectivas en cualquier sector de la cancha son los aspectos positivos del juego que ha adquirido el Celtic en las últimas décadas. Pero, como todo, también tiene sus aspectos negativos, y estos siempre terminan perjudicando al equipo. Las repetidas imprecisiones en los pases por la velocidad misma del juego, la fragilidad defensiva y la falta de definición precisa en el arco rival son los tres puntos claves que vienen pesando temporada tras temporada en, al menos, los últimos 5 años del club.
Ahora el ex-entrenador del Liverpool llega con la misión de solventar esas fallas implantando en el equipo un estilo más de toque y de control que fue lo que lo caracterizó en sus anteriores clubes. Dándole al equipo más control del balón en el juego, y con el estilo rápido que ya le es intrínseco al mismo dentro del campo, lo que se puede esperar es que esta combinación termine por potenciar al Celtic para trascender más allá de ese objetivo que representa la consecución de la liga y así finalmente dar el salto de calidad en Europa, cosa que en las últimas dos temporadas ha quedado a deber en el club.
Desde los exteriores es válido afirmar que Brendan Rodgers llega para trascender los Play-off de la Liga de Campeones y para posicionarse como un conjunto más completo en Escocia teniendo en cuenta la vuelta de los Rangers. Pero desde interiores, hay que decir que el director técnico británico tiene la misión de dejar un estilo plantado en el equipo que se pueda mantener a futuro, y dejar una base de jugadores que se adapten y entiendan ese modo de jugar al fútbol. Si lo logra o no, ya se verá a final de temporada, y aquí se me hace necesario decir que escepticismo no hay ninguno, pero tampoco puedo arriesgarme a predecir que todo quedará en una utopía porque si me luce viable que Rodgers pueda conseguir lo que aquí he plasmado. Es una realidad posible. Así califico su situación.
Si acaso tendrá algún factor que me parece que puede pesar en sus objetivos, éste pasa por los jugadores que tendrá bajo su mando, porque hay que recordar que el presupuesto que posee para traer jugadores es bastante limitado en comparación con el que tenía en Liverpool, y también hay que destacar que desde la directiva del Celtic se suele traer a jugadores que se cree podrán adaptarse al estilo rápido de juego por su toque veloz con el balón más allá de que éste no tenga creatividad en el campo. En este sentido, al entrenador se le reduce la posibilidad de traer a jugadores, por mencionar algunos, brasileños, españoles y franceses, entre otros, quienes sea que considere útiles, por una política de fichajes del club con la que puede tener algún encontronazo.
Glasgow, nombre digno para una ciudad aún más hermosa, albergará desde la próxima temporada las nuevas ediciones del clásico de la ‘Old Firm’, con un nuevo estratega como comandante de uno de los dos equipos: Brendan Rodgers, quien desde el banquillo del Celtic Park tendrá la tarea de ganar, ganar y ganar, en una temporada en que su equipo luce como el más fuerte de Escocia tras su llegada, y sin dudas buscará eclipsar el regreso de los odiados rivales de tres formas: mediante la consecución de la liga; con una buena actuación en Europa, accediendo a la fase de grupos de la Liga de Campeones, como me arriesgo a decir que pasará; y trascendiendo ésta rumbo a los octavos de final, como pronostico que sucederá si el sorteo, hipotéticamente, no llegase a ser malévolo con los escoceses.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Brendan Rodgers
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4:24 p.m.
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4:24 p.m.
Dos años en uno de los clubes más prestigiosos del mundo puede ser el sueño de muchos entrenadores. Historia, presupuesto y buenos jugadores deberían caracterizar a ese gran club, y de hecho, lo hacen. Pero no se puede ganar en el ajedrez si no se es un buen estratega, y eso era lo que pensaba la directiva del Manchester United a mediados de 2014 cuando, tras la destitución de David Moyes, anunciaron la contratación del que entonces era actual entrenador de la selección holandesa de fútbol, Louis Van Gaal, para que se sentase en el banquillo de Old Trafford durante las próximas tres temporadas.
Tras el desastre que significó la campaña 2013-2014 con David Moyes, la llegada de Van Gaal luego de haber dejado a su selección como tercera del mundo, parecía una buena jugada por parte de la mesa directiva de los ‘red devils’. La sensación que comenzaba a florecer en la ciudad de Manchester era que el holandés podría reavivar nuevamente al equipo para devolverlo a Europa y a la élite del fútbol inglés. Casi una utopía, pero sin llegar a eso, porque la realidad es que volver a potenciar al United si era posible de conseguir en la temporada siguiente, pero el holandés no lo logró por diversos inconvenientes que él mismo fue creando. Una gran inversión de más de 140 millones de euros significó la inyección de apoyo por parte de la directiva para darle material a su nuevo estratega. Ángel Di María, Radamel Falcao, y Ander Herrera, entre otros, era la camada de refuerzos que llegaba al vestuario de Old Trafford, pero los rápidos choques que surgieron entre Van Gaal y sus jugadores comenzaron a complicar la situación.
Sus números durante la primera temporada fueron más regulares de lo que se podía esperar: 20 victorias, 10 empates y 8 derrotas en 38 partidos por la Premier League; 3 victorias, 1 empate y 1 derrota en 5 por la FA Cup, y 1 estrepitosa caída por la Copa de la Liga marcaron lo que fue una campaña con más altibajos que mejoras. Lo que se debe rescatar es que logró meter al equipo nuevamente a la Liga de Campeones de la UEFA, tras haber finalizado en el cuarto lugar del torneo liguero. Pero más allá de las estadísticas no se puede decir que, desde el juego, Van Gaal cambió mucho en el United con respecto a lo que había hecho David Moyes. Circuitos quebrados de pases, balonazos al área, desórdenes defensivos, falta de juego interno y lluvias de centros desesperados al área caracterizaron lo que fue el juego del Manchester United con Van Gaal, en su primera campaña.
Para la segunda, desde Old Trafford y desde el amplio mundo del fútbol que representan los aficionados, no se podía esperar otra cosa sino más de lo mismo con el ex-entrenador del Barcelona. El escepticismo inundaba los pasillos de Old Trafford sin más, a pesar de que nuevamente la directiva opto por inyectar más de 130 millones de euros en fichajes, trayendo a jugadores como Bastian Schweinsteiger, Morgan Schneiderlin, Anthony Martial y Memphis Depay, entre otros. Sin embargo, ante la llegada de nuevos, algunos que tendrían asegurada la titularidad en cualquier otro club del mundo tuvieron que abandonar el club por problemas con su entrenador (caso de Ángel Di María y Radamel Falcao).
Con un inicio de campaña igual al de la temporada anterior, muy irregular, por demás, el escepticismo fue aumentando con el pasar de los partidos, y terminó de instalarse en Old Trafford cuando el equipo quedó eliminado de la Liga de Campeones en fase de grupos. 19 triunfos, 9 empates y 10 derrotas en 38 partidos por Premier; 6 victorias y un empate en 7 por FA Cup; 1 victoria y 1 empate (que fue derrota por penales) en 2 partidos por la Copa de la Liga; y 4 victorias, 2 empates y 2 derrotas por la Liga de Campeones (contando los dos partidos de la fase previa), marcaron las estadísticas que caracterizaron la segunda temporada de Van Gaal al frente de los ‘red devils’. El éxito, o mejor dicho, lo rescatable de esta campaña fue que logró coronar al equipo como campeón de la FA Cup para salvar una temporada muy irregular.
Así, tras dos años con más pena que gloria en el United, Louis Van Gaal se va, y lo hace dejando al equipo clasificado para la Europa League, con una buena base de jugadores jóvenes que seguramente tendrán futuro en el equipo bajo las órdenes del nuevo entrenador, el portugués José Mourinho.
Peleas con la prensa, roces con sus dirigidos, desórdenes tácticos, falta de dinamismo en el juego, ausencia de construcción en el medio campo y exceso de balonazos al área fueron las características predominantes del Manchester United, durante las dos temporadas que el ex-seleccionador de Holanda estuvo sentado en el banquillo de Old Trafford.
El juego bonito y sencillo que predominaba con Ferguson se fue dejando de lado con David Moyes, y terminó de quebrarse con Louis Van Gaal. La transición luego de 26 años con el escocés no ha sido fácil para los hinchas y muchísimo menos para la directiva del United, pero la sensación positiva que reina ahora tras el anuncio de José Mourinho ha vuelvo a dar vida a las aspiraciones de fanáticos y directivos. Ya se verá, en un futuro a mediano plazo, si todo será una utopía, o si el portugués podrá regresar el espíritu de grandeza a los ‘diablos rojos’ para llevarlos nuevamente a la elite del fútbol europeo.
Entrenadores, escepticismo y utopía: Louis Van Gaal
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3:12 p.m.
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