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Cuando el fútbol nos sorprendió: El Súper Depor de Europa y las noches mágicas

Foto: Archivo
El Súper Dépor va a Europa

Esta nota va enfocada en un equipo de altibajos, que en algún momento logró llegar a ser parte de la élite. Estoy hablando del Súper Deportivo de la Coruña, un equipo que llegó a romper ese candado que tenía la lucha entre Real Madrid y Barcelona.

El club de Riazor logró ganar la Liga española (1999-2000) y la Copa del Rey en su edición de centenario en el Bernabéu ante el Real Madrid (2001-2002); era un conjunto que estaba perfilándose para pelear por Europa y darse a notar en el mundo, fue la temporada 2003-2004 en la que el Deportivo de la Coruña nos sorprendió.

El plantel en ese entonces dirigido por Javier Irureta, se encaminaba a la luchar por la UEFA Champions League, en donde ya hemos sido testigos de lo sorprendentes que pueden ser los equipos. El conjunto gallego llegó a competencia europea buscando consolidar esa etapa de Súper Dépor. El sorteo del torneo los dejaba en el grupo C ante Mónaco, PSV y AEK de Atenas; el equipo de Irureta tenía una ventaja: ser español y con buenos elementos.

El  Dépor se conformaba por jugadores de alto rendimiento para su fútbol basado en compañerismo, garra y corazón. Encabezado en ese entonces por Sergio, Pandiani, Víctor, Mauro Silva; Capdevila, Luque, Munitis, entre otros. Los gallegos tenían el deseo ferviente de tener protagonismo en Europa, probar que eran campeones de España y eran un combinado serio para competir por la Champions.

Clasificaron a los octavos de final como segundos del grupo, apenas un punto por debajo del Mónaco. Perdieron dos partidos entre los que se remarca el 8-3 propinado por el Mónaco en Francia. Los de Irureta ya estaban listos para enfrentar a la Juventus en febrero, primero en la Coruña y luego en Turín, ambos duelos los ganó el Súper Dépor por uno a cero y ganarle a la Juventus ya era un logro asombroso. La Juve estaba fuera, tocaba el eterno rival: el Milan de Ancelotti.

Noches mágicas ante el Milan (Por Anderson Ayala)

El 7 de abril de 2004 se dio en la Liga de Campeones de la UEFA uno de esos partidos mágicos que nadie puede predecir, y que todo el mundo quiere ver siempre.

El AC Milan llegaba al Estadio de Riazor, en La Coruña, España, para disputar lo que parecía un trámite frente al equipo gallego por los cuartos de final de la competencia, pues había ganado 4-1 en el San Siro con doblete de Kaká, uno de Pirlo y uno de Shevchenko. Pero no contó con que es gol del uruguayo Pandiani al minuto 11 sería fundamental para el resto de la serie.

El Dépor necesitaba hacer 3 goles para conseguir una hipotética remontada, pero tenía en frente al Milan de Ancelotti, seguramente el mejor Milan en lo que va de siglo, no sólo por las estrellas que destacaban en la plantilla, sino por el juego compacto del equipo. Finalmente, la historia sería distinta.

Un gol de Pandiani al minuto 5 hizo despertar rápidamente la ilusión en la afición gallega, que tuvo que esperar media hora (35’) para ver como el español Valerón colocaba el 2-0 en el marcador.

Hasta aquí, el equipo local había conseguido dos de los tres goles necesarios, y comenzó a presionar más alto hasta que finalmente consiguió el inesperado 3-0 a un minuto para el final del primer tiempo, por intermedio del hoy ex-futbolista español Albert Luque.
Los de Ancelotti se derrumbaron completamente en esa primera etapa con respecto al equipo que había jugado dos semanas antes en suelo italiano, pero Carletto no supo darle la vuelta a la situación, y a pesar de que sólo necesitaba un gol para meterse en las semifinales, se veía muy lejos de la posibilidad de obtenerlo.

No había nada más que hacer al minuto 76 cuando el español Fran González, hoy retirado, puso el 4-0 en el marcador que hizo estallar de júbilo a los hinchas en Riazor. Allí se acabó todo, y fue eso lo que entendió Ancelotti por lo que se limitó a tomarse con coraje el resultado.

Ese día el Dépor concretó una remontada histórica de esas que no se ven nunca en los equipos grandes,  de esas que ocurren una vez cada diez años. Con esa victoria lograron meterse a las semifinales del torneo ante el Porto de Mourinho.

El recorrido histórico del Súper Dépor llegó a su fin a pocos pasos de la final que se disputaría en Gelsenkirchen. Un empate a cero en campo portugués daba esperanza a la afición gallega y todo se veía brillante para cerrar la eliminatoria en España frente a un Riazor a explotar y a pesar de lo nivelado que estuvo el partido, un gol a los 60’ de Derlei por la vía del penal, daba una ventaja amplia al conjunto luso por el gol de visita. El Dépor perdió los estribos, el capitán Naybet fue expulsado a los (70’) y el esfuerzo del conjunto gallego no tuvo recompensa. Dejando al Porto en la gran final que eventualmente le ganaron al Mónaco por 3-0.

En resumen, el Súper Dépor no se llevó el título aunque su cuento hecho en la Champions 2003-2004 no será olvidado nunca. Ese legado que nos deja la eliminatoria contra el Milan, prueba que el fútbol está lleno de grandezas guardadas tras escudos pequeños. El Súper Dépor es parte de las sorpresas que nos ha dado el fútbol a lo largo de su hermosa historia.


El penalty de Djukic

González, portero valencianista con el balón en las manos
tras parar el penalty (Foto: jotdown.es)
Johan Cruyff marcó una época como entrenador en el Barcelona: fueron cuatro títulos de Liga consecutivos (de 1991 a 1994), la primera Copa de Europa de la historia del club pero, sobre todo, una forma de jugar. Una forma de jugar que con sus matices y sus aportaciones por parte de todos los técnicos que han venido después (Van Gaal, Rikjaard y, sobre todo, Guardiola), sigue vigente 25 años después.

Ganó cuatro Ligas consecutivas, si, pero, salvo en la primera, ninguna la ganó de forma clara: se da la curiosa circunstancia de que las tres últimas (1992, 1993 y 1994) las ganó en el último partido y sin depender de sí mismo, es decir, teniendo que esperar el fallo del rival. Hablaremos en otro capítulo de esta serie de las llamadas “Ligas de Tenerife” pero hoy quisiera detenerme en la de 1994, la que dejó escapar el Deportivo de la Coruña.

El Deportivo de la Coruña había sido siempre un equipo modesto, alternaba la Primera con la Segunda División españolas con bastante frecuencia. Hasta que, en 1998, llegó a la presidencia Augusto César Lendoiro. Fundador y presidente legendario del Liceo La Coruña de hockey, Lendoiro se empeñó en hacer que “su” Deportivo compitiese de igual a igual con el Madrid y Barcelona.

El punto de inflexión llegó en el verano de 1992, cuando el Deportivo, se hizo con el fichaje de dos brasileños, desconocidos en España, pero que marcarían una época en La Coruña: Mauro Silva, mediocentro de excepcional fuerza y calidad, que parecía lo tenía hecho con la Roma y Bebeto, delantero de aspecto frágil pero un goleador implacable que, este sí, tenía “pie y medio” en Dortmund para jugar en el Borussia.

Basado en ellos, en una delicia de jugador salida de la cantera como era Fran  y con algunos otros retales, Arsenio Iglesias (un técnico de la tierra, de la casa y con una filosofía del fútbol y de la vida muy particulares) armó un equipo que peleó la Liga 1993/94 hasta la última jornada.

Arsenio Iglesias, el mago (Foto: vavel.com)

De hecho, a esa última jornada de la Liga 1993/94 se llegó con el Deportivo de la Coruña por encima del Barcelona. El 14 de mayo de 1994, los azulgranas jugaban en el Nou Camp, frente al Sevilla mientras que el Deportivo jugaba en La Coruña frente al Valencia. El Deportivo dependía de sí mismo: una victoria le daba el título de Liga pero, en caso de empate o derrota y victoria blaugrana, la Liga se iría a Barcelona.

El Barcelona comenzó perdiendo pero acabó remontando y goleando al Sevilla mientras que, en La Coruña, los nervios atenazaban al Deportivo y el 0 a 0 se prolongaba, amenazando el sueño de toda una ciudad.

Hasta que llegó el minuto 89, a uno sólo de la conclusión. Un penalti cometido sobre Nando, lateral izquierdo deportivista, suponía la gran oportunidad. Pero, a la vez, una gran responsabilidad para el lanzador: tener en tus pies la opción de dar a un equipo modesto la primera Liga de su historia. Y, estando en el minuto 89, sin margen alguno de reacción.

El habitual lanzador de penaltis del Deportivo, el brasileño Donato, estaba ya en el vestuario: Arsenio lo había retirado del campo en busca de más mordiente ofensiva en el centro del campo. El siguiente en la lista de lanzadores debía ser Bebeto pero cuentan que, ya sea porque había fallado un penalti unos días antes, fuese porque le pudo la responsabilidad, se negó a tirarlo.

Y fue el serbio Miroslav Djukic, líbero del equipo y un jugador bastante fiable también en estas lides, quien asumió la responsabilidad. Y, para desesperación de toda la ciudad de La Coruña y de todos aquellos que deseábamos que ganase la Liga un modesto, demostrando que, con trabajo se podía vencer a los grandes, falló. Seguramente, le pudo también la presión y el portero valencianista, González, detuvo la pena máxima.
La Coruña y más de media España fueron un mar de lágrimas aquella noche. Cierto es que, afortunadamente, en fútbol no siempre gana quien lo merece, pero era de justicia que aquella Liga debía haber sido para el Deportivo.

Djukic, lamentándose tras fallar el penalty (Foto: futbol.as.com)
De hecho, se decía en los mentideros futbolísticos que “el fútbol debía una Liga al Deportivo”. Y a fe que la logró. Fue la del 2000, ya sin el mago Arsenio Iglesias en el banquillo. Pero eso es ya otro capítulo.
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