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Bélgica participaba por
segunda vez en la fase final del torneo (había debutado en la
edición de 1972) y se iba a enfrentar en la primera fase a ingleses,
españoles e italianos. Sin participar en los dos últimos mundiales,
la medalla de Oro olímpica conseguida en 1920 era apenas un recuerdo
en los libros de historia del deporte.
Pero algo estaba
cambiando en el fútbol belga, puesto que a finales de los años
setenta el Anderlecht conseguía ganar el primer título europeo: la
Recopa de Europa de 1976 (4-2 al West Ham United). Además disputaría
otras dos finales consecutivas en la misma competición, ganando el
título en 1978. A esto hay que añadir las dos Supercopas de Europa
que le ganó a Bayern Munich y Liverpool (quien, a su vez, había
sido Campeón de Europa derrotando al único equipo belga que ha
jugado una final de esta competición: el Brujas).
Así pues, con un bloque
de jugadores provenientes de estos dos equipos y de otros como el
Standard de Lieja y el Beveren en el que defendía la portería Jean
Marie Pfaff, el seleccionador Guy Thys armó un conjunto que se
clasificó dejando fuera a Austria, Portugal, Noruega y Escocia.
Bélgica e Inglaterra
empataron 1-1 en el primer partido de la primera fase. Lo que unido
al empate sin goles entre España e Italia dejaba la lucha por el
primer puesto de grupo y por tanto la clasificación para la final
(en esta edición no se jugaron semifinales) abierta por completo. En
la segunda jornada, Bélgica e Italia ganaron sus partidos a España
e Inglaterra respectivamente (2-1 y 1-0) por lo que el choque entre
belgas y el equipo anfitrión se presentaba decisivo. El que se
llevara el partido jugaba la final, aunque el empate beneficiaba al
conjunto belga por los goles marcados a favor.
El partido se disputó el
18 de junio en el estadio Olímpico de Roma y los locales lo tenían
todo a favor. Sin embargo, el encuentro concluyó en un empate sin
goles que dejaba fuera a la selección dirigida por Enzo Bearzot.
Bélgica iba a jugar la final de la Eurocopa. El rival, Alemania
Federal que alcanzaba la final por tercera vez consecutiva. Dos goles
de Hrubesch dieron el segundo título a los teutones.
Bélgica perdió aquella
final pero iniciaba su época dorada. Acompañada, de nuevo, por el
triunfo del Anderlecht en la Copa de la UEFA del año 1983 y los
subcampeonatos del Standard de Lieja en la Recopa de 1982 y del
propio Anderlecht en la UEFA del 84, los 80 fueron la década de los
“Diablos Rojos”. Van Der Elst, Gerets, el citado Pfaff,
Ceulemans, Cools, Vandereycken... convirtieron a la selección belga
en una escuadra respetada y temible.
Si bien no consiguieron
ganar ningún título, el combinado belga fue un habitual de las
fases finales de Mundial y Eurocopa, consiguiendo algunas victorias
de prestigio ante rivales como Francia y Holanda en los
clasificatorios y URSS y España en el Mundial del 86. Aunque
sobresale, por encima de todas, la conseguida ante Argentina (vigente
Campeona del Mundo) por 1-0 en el partido inaugural del Mundial 82 en
el Camp Nou de Barcelona. Precisamente, fue Argentina con Maradona al
frente la que privó al equipo de Guy Thys de jugar la final del
Mundial celebrado en México.
Cosas del destino,
veintiocho años después Argentina se cruzó de nuevo en el camino
mundialista de una selección que había desaparecido del concierto
europeo tras doce años alejada de los grandes torneos
internacionales. Higuaín con su gol eliminaba a uno de los equipos
que más expectación había suscitado en la última cita mundialista
de Brasil.
Italia, Irlanda y Suecia
pondrán a prueba a una de las selecciones, a priori, más atractiva
de las 24 que disputarán la próxima Eurocopa de Francia. ¿Serán
capaces Hazard, De Bruyne, Fellaini, Mirallas, etc... de
poner de moda, otra vez, el rojo diablo?
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
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Por Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Holanda no estará presente en la próxima Eurocopa. Será la ausencia más destacada. La selección que terminó en el cuadro de honor del último Mundial, ocupando el 3º puesto, no fue capaz de clasificarse en un grupo en el que la República Checa, la sorprendente Islandia, y Turquía sacaron más puntos que el conjunto entrenado por Danny Blind. Ya empezó mal la clasificación perdiendo el primer partido ante los checos por 2-1. La inesperada derrota en Islandia por 2-0 empezó a preocupar a los aficionados oranje que vieron como su equipo no fue capaz de enderezar el rumbo en casa sin poder ganar a Turquía (1-1) e Islandia (0-1). En el partido decisivo, Holanda sucumbió en Turquía por 3-0 y dijo adiós a la fase final del torneo por primera vez desde 1984.
Holanda no estará presente en la próxima Eurocopa. Será la ausencia más destacada. La selección que terminó en el cuadro de honor del último Mundial, ocupando el 3º puesto, no fue capaz de clasificarse en un grupo en el que la República Checa, la sorprendente Islandia, y Turquía sacaron más puntos que el conjunto entrenado por Danny Blind. Ya empezó mal la clasificación perdiendo el primer partido ante los checos por 2-1. La inesperada derrota en Islandia por 2-0 empezó a preocupar a los aficionados oranje que vieron como su equipo no fue capaz de enderezar el rumbo en casa sin poder ganar a Turquía (1-1) e Islandia (0-1). En el partido decisivo, Holanda sucumbió en Turquía por 3-0 y dijo adiós a la fase final del torneo por primera vez desde 1984.
La
selección del pequeño país europeo siempre ha sido una de las candidatas al
título
tanto en
Mundiales como en
Eurocopas
desde
los años 70 del siglo pasado. Pero le ha sucedido lo mismo
que a la selección española: muchas expectativas y pocos
resultados. La
década de los setenta representó
sus años dorados en la que pasaron de no disputar el Mundial del 70
y la Euro 72 a jugar dos finales consecutivas del Campeonato del
Mundo: Alemania 74 y Argentina 78 y quedar en tercer lugar en la Euro
de 1976.
La
época de la “naranja
mecánica” con
Rep, Neeskens, Krol, Rensenbrik, Jansen, y, por supuesto, el
tristemente fallecido
Cruyff como algunos de los jugadores más detacados de lo que se
llamó el fútbol
total,
coincidió en el tiempo con el reinado en la Copa de Europa del
Feyenoord primero (1970)
y del Ajax después (1971-72-73).
A partir de ahí, cada cierto tiempo, una
nueva generación de futbolistas holandeses (con Bergkamp, Kluivert,
Van Nistelrooy, Robben y
Van
Persie a la cabeza, entre
otros muchos)
ha sido capaz de sorprendernos y enamorarnos con su juego vistoso y
dinámico, aunque al final nunca consiguieran ganar el título en
juego.
A
finales
de los ochenta, en la Eurocopa de 1988, una
de
esas camadas,
sí
fue capaz
de
ganar el
que hasta la fecha es el único título que tiene en su palmarés
Holanda. A las órdenes de Rinus Michels, el
equipo
formado por
jugadores que militaban
en el PSV Eindhoven (Van
Breukelen, Koeman, Van Aerle, Kieft...), en el Ajax (Rijkaard,
Wouters, Van´t Schip...) y los milanistas Gullit y Van Basten
consiguieron
llegar a la final y derrotar en el Olympiastadion de Múnich a la
URSS por 2-0.
Y eso que el camino no fue fácil ya que perdió en el primer partido
ante el mismo rival por 1-0. Tres días después, la victoria ante
Inglaterra con tres goles del protagonista de este capítulo haría
que la selección holandesa levantará el vuelo y se clasificara para
las semifinales con un triunfo por la mínima ante Irlanda con un gol
de Kieft a ocho minutos del final.
Los
anfitriones serían los rivales en Hamburgo y, otra
vez, un gol postrero del delantero del Milan a falta de dos minutos para el final del
partido, clasificó a su selección para disputar
la gran final. Pero lo mejor estaba aún por llegar. La
primera parte de la final había concluído con 1-0 con el gol de
Gullit en el minuto 32. A los diez minutos de la reanudación un mal
despeje de Zavarov permitió a Adri Van Tiggelen asistir en la
izquierda a Arnold Mühren. Su centro al primer toque fue muy
bombeado al segundo palo y cuando le llegó el esférico a Van Basten
se encontraba muy escorado dentro
del área
con solo la opción de pase a Gullit. Pero en lugar de
eso, enganchó una volea sorprendente con su pierna derecha que pasó
por encima de la cabeza del portero ruso Dasayev y se coló por el
palo largo.
Aquel gol sigue siendo
uno de los mejores goles que se han visto en la historia del fútbol
europeo (y mundial): una obra de arte al alcance de muy pocos
jugadores. Es para los holandeses y todos los amantes del fútbol y
de la belleza, como los cuadros de Van Gogh, patrimonio inmaterial de
la humanidad.
Veranos europeos: La obra de arte de Van... Basten
Alfonso Massó
1:10 p.m.
Alfonso Massó
1:10 p.m.
En el año 2005 se estrenó en España una película que cuenta la vida de un trabajador de un supermercado de barrio y que juega al fútbol como portero de un equipo de la tercera división regional. Fernando, así se llama el protagonista, siempre es suplente, pero en el último partido de la temporada el portero titular se lesiona en una jugada en la que el árbitro señala penalti y tiene que ocupar la portería. Si para el penalti, el equipo será campeón y subirá de categoría. Cuando el jugador del equipo contrario está a punto de lanzarlo, unos hinchas invaden el campo y el partido se suspende. El comité de competición decide que se lance el penalti al siguiente domingo. En tono de comedia, la película hace un retrato costumbrista de la clase obrera y de la gente más desfavorecida y los problemas de la España de hace una década con el fútbol como telón de fondo...
En la realidad, en la
historia del fútbol, el penalti más famoso del mundo se lanzó en
Belgrado el 20 de junio de 1976 y sirvió para dar el título de
Campeón de Europa a Checoslovaquia. Su autor no es otro que Antonín
Panenka. Siempre que se habla del penalti de Panenka se hace desde el
lado del triunfador, del que se lleva la gloria. Pero en esta ocasión
quería hablar y valorar a la parte perjudicada, el portero que
defendía la portería: Sepp Maier.
Maier desarrolló toda su
carrera como jugador en el Bayern de Múnich (1966-1979). Durante ese
tiempo consiguió numerosos títulos nacionales así como tres Copas
de Europa consecutivas (74, 75 y 76). Además, era el titular
indiscutible de la selección alemana que venía de conquistar, de
forma consecutiva, la Eurocopa en el año 72 y el Mundial del 74.
Apodado “el gato”, Maier fue reconocido como mejor jugador alemán
del año en 1975.
La final de aquella
Eurocopa terminó, tras jugarse la prórroga, con el resultado de
2-2. Aprobados ya oficialmente por la FIFA, los lanzamientos desde el
punto de penalti iban a decidir, por primera vez, el campeón de un
gran torneo, cuya fase final organizó Yugoslavia. Los siete primeros
lanzamientos fueron convertidos por los jugadores, pero el alemán
Uli Hoeness erró el suyo con un cañonazo que envió por encima de
la portería. En el siguiente lanzamiento, el noveno de la tanda, el
jugador checoslovaco inició la carrera desde fuera del área y, con
un toque sútil, elevó la pelota suavemente a media altura dibujando
una parábola que acabó entrando por el centro de la portería que
Maier había dejado vacía al lanzarse hacia el lado izquierdo. La
imagen que ilustra el artículo refleja claramente los dos lados de
la misma situación: el uno, triunfante, mano en alto , celebrando el
título incluso antes de que el balón rebase la línea de gol; el
otro, por los suelos, casi arrodillado, con una postura como de
desubicado, sin saber muy bien qué diablos había sucedido.
…por cierto, en la
ficción la historia tiene final feliz, así que pueden imaginar lo
que acaba sucediendo.
Veranos europeos: El penalti más largo (y famoso) del mundo
Alfonso Massó
11:48 a.m.
Alfonso Massó
11:48 a.m.
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| (Foto: uefa.com) |
Por Alfonso Massó (@alfonsomasso)
El 13 agosto de 2004 Atenas se convirtió en el centro del mundo, deportivamente hablando, con la inauguración de los Juegos Olímpicos. Fueron dieciséis días en los que las grandes potencias mundiales exhibieron músculo y países como Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Alemania coparon los primeros puestos del medallero. Destacaron deportistas como el nadador Michael Phelps, la atleta china Liu Xang, el fondista marroquí Hicham El Gerrouj, la seleccción Argentina de baloncesto que derrotó a Estados Unidos...
El 13 agosto de 2004 Atenas se convirtió en el centro del mundo, deportivamente hablando, con la inauguración de los Juegos Olímpicos. Fueron dieciséis días en los que las grandes potencias mundiales exhibieron músculo y países como Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Alemania coparon los primeros puestos del medallero. Destacaron deportistas como el nadador Michael Phelps, la atleta china Liu Xang, el fondista marroquí Hicham El Gerrouj, la seleccción Argentina de baloncesto que derrotó a Estados Unidos...
Apenas mes y medio antes,
la tarde-noche del 1 de julio, la selección griega de fútbol
saltaba al césped del Estadio Do Dragao de Oporto para medirse en la
semifinal de la Eurocopa de Portugal ante la República Checa. La
cenicienta del torneo, junto a Letonia, se había convertido en la
revelación. España y Rusia en la primera fase y Francia en cuartos
de final habían quedado eliminados por el equipo del técnico alemán
Otto-Heinz Rehhagel.
Con un juego basado en el
orden defensivo y, en ataque, aprovechar las contras y los balones
parados, Seitaridis, Charisteas, Karagounis, Papadopoulos, Vasilis
Tsiartas y compañía lograron sorprender a la europa futbolera con
un triunfo en la final sobre Portugal con el gol de Charisteas (a la
que ya había vencido en el partido inaugural por 1-2).
Para llegar a
semifinales, el partido que nos ocupa en este capítulo, los checos
habían ganado en la fase de grupos a letones, alemanes y holandeses
y se habían deshecho, sin muchas complicaciones, de Dinamarca en el
enfrentamiento de cuartos. Baros, Jan Koller, Petr Cech, Ujfalusi,
Rosický junto a unos veteranos Nedved, Poborský y Smicer partían
como favoritos.
Fiel a su estilo, la
jugada del equipo griego que decidió el pase a la final no podía
ser de otra manera que a balón parado. En el minuto 15 de la primera
parte de la prórroga, Tsiartas botó un saque de esquina y Dellas,
en el primer palo, remachaba a la red el gol que ponía a Grecia en
la final. Aquel gol, que se llamó de plata durante un tiempo (era el
que se conseguía durante la primera mitad de la prórroga y si el
equipo rival no era capaz de empatar en el tiempo restante, no se
jugaba la segunda mitad), tuvo para el país heleno un valor muy
superior al de todo el oro del mundo.
Veranos europeos: La noche que la plata cotizó como oro
Alfonso Massó
6:24 a.m.
Alfonso Massó
6:24 a.m.
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| El capitán italiano con la Copa de Europa (Foto: uefa.com) |
En este capítulo contaremos un hecho ocurrido durante la Eurocopa de 1968 celebrada en
Italia. Nuestras protagonistas las selecciones de la Unión
Soviética, Italia y una moneda. Una moneda que cambió el destino de
la selección italiana.
Europa miraba a Francia
como consecuencia de las revueltas estudiantiles de París a las que
acabarían sumándose los sindicatos, los obreros y el Partido
Comunista. Las revueltas calaron en otras partes del viejo continente
y en Checoslovaquia se produjo el movimiento de liberalización
política llamado Primavera de Praga que terminó con la invasión
del país por parte de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia.
En ese contexto político y social se disputó la 3ª edición del
torneo en la que solamente cuatro países podían disputar la fase
final.
Desde septiembre de 1966
y acabado el Mundial de Inglaterra se celebró la fase de
clasificación en la que las selecciones se emparejaron en 8 grupos
de los que saldrían los cuartofinalistas. Llama la atención el
grupo formado por los cuatro territorios que componen el Reino Unido en
una especie del “cuatro naciones” de fútbol y del que Inglaterra
(vigente Campeona del Mundo) se clasificó en primer lugar, por
delante de Gales, Escocia e Irlanda del Norte.
Las ocho selecciones
clasificadas se enfrentaron a doble partido. Las que ganaron sus
respectivas eliminatorias y por tanto se clasificaron para las
semifinales fueron: Unión Soviética, Italia, Inglaterra y
Yugoslavia. La UEFA, una vez conocidos a los clasificados, estableció
que la sede fuera Italia.
El 5 de junio en el
Estadio San Paolo de Nápoles, Italia y la URSS jugaron la primera
semifinal con el resultado final de 0-0. Por aquel entonces todavía
no eran oficiales las tandas de penaltis (seis años antes el Trofeo
Ramón de Carranza de Cádiz se decidió de esta manera, siendo la
primera vez que se utilizaba para dirimir el ganador de un partido
que había terminado en empate, sin necesidad de jugar el “replay”).
Así que sin posibilidad de jugar el partido de desempate ya que la
final estaba programada para el 8 de junio, el árbitro del
encuentro, el alemán Kurt Tschenscher citó en los vestuarios del
estadio napolitano a los capitanes de los dos equipos (Facchetti y Shesternev) y se produjo el
hecho que cambió la suerte de ambas selecciones: el colegiado lanzó
una moneda al aire y la suerte sonrió a Italia.
Lo que pasó en aquel
vestuario sólo lo saben los protagonistas e incluso, con el paso del
tiempo, los hechos tienden a distorsionarse y distintas versiones son
tomadas por verdaderas: que si el árbitro lanzó la moneda y ésta
se quedó en un grieta del suelo por lo que repitió el lanzamiento,
que si la presencia de la camorra napolitana “ayudó” a
que la moneda saliera cruz, que fue la intervención divina de San
Genaro la que obró el milagro... incluso según las crónicas del
partido que leas, unas veces cuentan que el capitán italiano
Giacinto Facchetti eligió cara y otras veces que eligió cruz.
Lo cierto es que Italia
jugó la final y derrotó a los yugoslavos por 2-0 en el partido de
desempate tras haber igualado a 1 en el primer partido. La selección
azzurra compuesta por jugadores de la talla de Zoff, Facchetti,
Mazzola, Riva y Rivera conseguía su primera y única Eurocopa y
rejuvenecía un palmarés que se había estancado con las dos Copas
del Mundo de los años treinta.
La URSS, por su parte,
clara favorita para, al menos, haber llegado a la final (ya tenía un
título y un subcampeonato de las dos ediciones anteriores) vio cómo
la suerte le dió la espalda y comprobó que, a veces, el fútbol no
es suficiente.
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Veranos europeos: La moneda que le salió cara a la URSS
Alfonso Massó
12:48 p.m.
Alfonso Massó
12:48 p.m.
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| Nedved y Smicer en el césped del estadio de Wembley (Foto: uefa.com) |
Contraer matrimonio sigue
siendo uno de los ritos, sacramentos o actos (según las creencias de
cada cual) más extendidos en el mundo .Y hacerlo en primavera, con
la llegada del buen tiempo es una costumbre bastante asentada en
España y buena parte de Europa. Ese era el plan que tenía el checo
Vladimir Smicer para mediados del mes de junio de 1996 sin saber que
el fútbol se cruzaría en su camino hasta en dos ocasiones.
La República Checa, ya
dividida Checoslovaquia, se clasificó por primera vez para jugar la
fase final de un gran torneo. Se trató de la Eurocopa organizada por
Inglaterra en la que se introdujeron algunas novedades con respecto a
tiempos anteriores: era la primera edición con 16 selecciones
participantes y la primera vez que la victoria en un partido de grupo
valia 3 puntos. Junto a la República Checa, se clasificó también
para la fase final Croacia (disuelta también la antigua Yugoslavia),
“the times they are a changin`” que diría Bob Dylan.
Teniendo como rivales a
Alemania, Italia y Rusia, el bueno de Smicer concretó la fecha de su
enlace para el final de la primera fase, suponiendo, con buena lógica
que quedarian eliminados a las primeras de cambio. Sin embargo, la
noche del miércoles 19 de junio y después de empatar a 3 goles con
Rusia y del empate sin goles también entre alemanes e italianos, los
checos se clasificaban como segundos de grupo y dejaban fuera del
torneo al equipo de Arrigo Sacchi. Para colmo, el gol del empate a 3
y de la clasificación, por tanto, para los cuartos de final lo marcó
nuestro protagonista en el minuto 88 de partido. Así que el enlace
previsto para ese fin de semana tuvo que postponerse para otra fecha
ya que el domingo 23, Portugal esperaba en Anfield.
Portugal, con Rui Costa,
Couto, Vitor Baía, y sobre todo Luis Figo partía como clara
favorita pero un gol de Poborský en el minuto 53 desató la locura
en todo el país centro europeo. Su selección iba a jugar las
semifinales de una Eurocopa. No sabemos las conversaciones que se sucederían entre las familias de los novios después de que por
segunda vez la boda tuviera que aplazarse: Francia con Blanc,
Djorkaeff, Desailly y Zidane entre otros era el rival a batir en
semifinales.
El partido en Manchester
terminó en empate a cero goles. Se jugó una prórroga en la que no
se movió el marcador y en la tanda de penaltis, el portero Kouba se
convirtió en héroe nacional al atajar el lanzamiento de Reynald
Pedros. La República Checa disputaría la gran final en el mítico
estadio de Wembley el domingo 30 de junio.
Smicer se casó en Praga
el sábado 29 de junio después de obtener permiso de la Federación
Checa para abandonar la concentración y con la condición de
regresar a la misma a tiempo para jugar la final. Desconozco si fue
como castigo o pensando en el bien del equipo, pero lo cierto es que
el entrenador checo Dusan Urhin dejó en el banquillo a Smicer, que
salió al campo sustituyendo a Poborský en el minuto 87. Los
noventa minutos terminaron 1-1 por lo que el tiempo extra fue como un regalo (de boda) para el recién
desposado. Sin embargo, Oliver Bierhoff frustró las ilusiones de
Smicer y de todo un pais, anotando un gol de oro histórico que puso fin al partido y que proclamaba a Alemania campeona por tercera vez.
Años más tarde (casi
una década después) Smicer fue campeón de Europa con el Liverpool
de Rafa Benítez, marcando un gol en aquella final de Estambul ante
el Milan. De aquella generación de jugadores también destacaron el
citado Poborský fichado por el Manchester United; Berger que también
fichó por el Liverpool; Radek
Bejbl que
jugó en el Atlético de Madrid; y cómo no, Pavel Nedved, jugador del
Lazio y de la Juventus donde conquistó el Balón de Oro en 2003.
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Veranos europeos: La boda de Smicer
Alfonso Massó
10:46 a.m.
Alfonso Massó
10:46 a.m.
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| Platini logra el primer gol tras lanzamiento de falta |
Estamos en año de Eurocopa. Desde esta columna haremos un repaso por los momentos más señalados de este torneo que comenzó en la década de los 60 del siglo pasado y que celebrará su XV edición este verano en Francia con 24 selecciones participantes. Estos artículos nos ayudarán a conocer un poco mejor la competición y la evolución del fútbol durante este periodo y a entender la propia historia del viejo continente.
Comenzamos. Y lo hacemos deteniendonos precisamente en Francia. La edición de 1984 se disputó del 12 al 27 de junio con ocho selecciones. La final se jugó en el Parque de los Príncipes y a ella accedieron los anfitriones (liderados por Michel Platini) y España que, tras el fracaso del Mundial 82, supo reponerse y escribir una las páginas más brillantes de su historia fútbolística hasta esa fecha. Ya para estar presente en la fase final, España tuvo que golear a Malta 12-1 en el partido que marcó a una generación de españoles aquel 21 de diciembre de 1983 en Sevilla. Pero centrándonos ya en la propia Eurocopa, la selección dirigida por Miguel Muñoz se clasificó para las semifinales encabezando su grupo por delante de Portugal, Alemania Federal (a la que derrotó con gol de Maceda en el minuto 90) y Rumanía.
Francia por su parte, venció a sus tres rivales de grupo: Dinamarca, Bélgica y Yugoslavia y se clasificó en primera posición. En semifinales, el equipo dirigido por Michel Hidalgo derrotó 3-2 a Portugal; mientras que España, después de empatar a 1 ante Dinamarca, se clasificaba tras transformar los cinco lanzamientos desde el punto de penalti.
Y así llegamos al partido final y al momento en el que nuestros dos protagonistas (tres si contamos al balón) coinciden y se enfrentan cara a cara en una jugada que marcará el devenir de la final y de la propia carrera de ambos. De un lado, Platini, líder de la Juventus, Balón de Oro y capitán de una Francia que todavía no había conseguido levantar título alguno a nivel de selección. Del otro, Arconada, portero de la Real Sociedad que había conquistado las Ligas de 1981 y 1982 y un fijo de la selección española desde 1980.
Minuto 57 y el árbitro checoslovaco, Vojtech Christov, señala una falta muy cercana al semicírculo del borde del área. Arconada coloca la barrera en el lado derecho de su portería cubriendo él el palo izquierdo de la misma. Platini realiza un lanzamiento a media altura salvando la barrera y el balón se dirige al cuerpo del meta vasco que lo detiene lanzándose al suelo. Cuando el peligro parece que ha pasado, se ve como Arconada se retuerce en el suelo estirando la mano para intentar atrapar una pelota que parece ha cobrado vida ella sola. Inexplicablemente, el esférico rebasa la línea de gol y Francia se adelanta en el marcador 1-0. El partido terminó con otro gol de Bellone en el minuto 90. Francia conquistaba su primera Eurocopa. España dejaba escapar una buena oportunidad de conseguir un título y comenzaba una época en la que la barrera de los cuartos de final se convirtió en infranqueable.
Ese gol en España es conocido como "el gol de Arconada". Años después, cuando la selección española ganó la
Eurocopa en su edición de 2008, el guardameta Andrés Palop
subió a recoger la medalla de oro que le iba a entregar, precisamente, Platini como
presidente de la UEFA con la camiseta que aquel día vistió Arconada.
Palop declaró: "se merecía un homenaje importante, tuve la oportunidad de conseguir
su camiseta, me la traje y tenía claro que si levantábamos la copa, iba a
tener este detalle, porque históricamente se le recuerda por un fallo
garrafal, pero es justo recordar que también fue un enorme
portero y que hizo grandes paradas, tanto con la Real como con esta
camiseta que llevo puesta".
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Veranos europeos: El fallo de Arconada (o el balón que cobró vida)
Alfonso Massó
5:56 a.m.
Alfonso Massó
5:56 a.m.
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| Fuente Imagen: UEFA |
Corría el año 2004, era verano en Europa y las selecciones más grandes del continente rompían la Unión Europea por menos de un mes. Era la segunda Eurocopa del siglo XXI y desde el año 1999 se había decidido que Portugal sería el país anfitrión de dicho evento. Fue el torneo en el que se usó y eliminó el gol de plata; era un torneo que presentaba grandes novedades en el mundo del fútbol.
Era la selección portuguesa la que contaba con el factor localía, contaba con grandes elementos para poder llevarse su primer título a nivel internacional. Y era una selección lusa con grandes estrellas como Figo, Deco, Maniche, Simão, Ricardo Carvalho y un Cristiano Ronaldo que empezaba a dar sus pasos de grandeza; no había mejor forma de comenzar su camino, que ganando la Eurocopa en sus propias tierras. Todo esto se podía hacer posible bajo el mando de Scolari.
Los anfitriones no tuvieron el arranque esperado, teniendo enfrente a los griegos en el partido debut en el Dragão cuando perdieron 1-2 con un gol de Cristiano en el tiempo agregado y así los helénicos empezaron siendo la pesadilla de la localía para la Eurocopa.
Luego los lusos pudieron clasificar líderes del grupo A sobre Grecia que fue la escolta de los lusos.
Los campeones de defensores, los franceses, cruzaron la etapa de grupos junto a Inglaterra; siendo los ingleses quienes quedaron eliminados por Portugal en tanda de penaltis. Por su lado, los franceses también sufrieron ante la sorpresa de los griegos, que con gol de Angelos Charisteas, quedaron lejos del "back to back".
Los italianos quedaron fuera del torneo en fase de grupos, Suecia y Dinamarca representaron al grupo C en cuartos de final. Yo podría decir que fue una Eurocopa de sorpresas y decepciones, agregando que los alemanes también quedaron fuera del torneo en fase de grupos, siendo terceros y suplantados por la sorprendente República Checa de Milan Baros (máximo goleador - 5) y la Holanda de Van Nistelrooy (4 goles).
Suecia y Holanda se enfrentaron en cuartos, dejando favorecidos a los holandeses, la "Naranja mecánica" alcanzó las semis tras vencer 5-4 en la tanda de penaltis. La República Checa llegó a semifinales sin problemas tras golear 3-0 a Dinamarca, la selección checa entrenada por Karel Brückner tendría de rival a los asesinos de gigantes -Grecia-, en la carrera por la final.
Portugal cumplió en las semifinales ante Holanda con goles de Cristiano y Maniche contra un autogol de Andrade que descontó para los holandeses. Portugal lo tenía casi hecho, ya estaban en la final de su propio torneo. Pero los helénicos vencieron en tiempo extra a la República Checa, siendo el segundo triunfo de Grecia en el Dragão. Así como empezó el torneo, así terminaría: portugueses y griegos, cara a cara.
El conjunto portugués tenía todo para ganar, todos lo veían inevitable. Pero los griegos saldrían al Estádio Da Luz con la intención de que no les temblaran las piernas y así podrían darle un "Maracanazo" propio a los portugueses, algo que nunca se olvidaría. El duelo en que los lusos hicieron cinco disparos a puerta, ninguno quiso tocar la red; Grecia, con su jugador más importante, Charisteas, se impuso en la final con un solo disparo a puerta, el gol que a los 57' minutos presenciado por por más de 62.000 aficionados, silenció a una nación.
El conjunto helénico llegó a tierras portuguesas sin que alguien diera mucho por ellos, dejando atrás a equipos como España, Francia, República Checa y la misma selección portuguesa, no se puede decir que los griegos se llevaron el título por la vía fácil. Y el motivo de esta nota no es solo por el título de los griegos que sin jugar del todo bien se llevaron su primer título histórico; sino que va también por los equipos que llegaron siendo los de mayor impacto europeo, con grandes figuras y no quedaron cerca de la final, hablo de Italia, Alemania y España; selecciones que no cruzaron la fase inicial. Un torneo que mató apuestas, un torneo que dio inicio y final a carreras importantes de jugadores pero lo más importante, es que nos sorprendió, desde el inicio al final y por eso, jamás hay que olvidar la Eurocopa 2004.
Cuando el fútbol nos sorprendió: La era helena
Unknown
10:57 a.m.
Unknown
10:57 a.m.













