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| Héctor Cúper, homenajeado en Mallorca (Foto: futbolbalear.es) |
Quisiera
detenerme hoy a analizar la trayectoria de Héctor Raúl Cúper que, aunque
todavía es técnico en activo, sus mejores momentos son ya vintage.
Ex-jugador argentino que ocupaba la posición de central, únicamente entenó tres años en su país natal: una temporada a Huracán (1994/95) y dos a Lanús (1995 a
1997). Allí, consiguió su primer (y único) título internacional: la Copa
Conmebol.
Su trabajo
en Lanús llamó la atención del Mallorca quien lo incorporó a la Liga española
en 1997. Y sería en Mallorca donde iniciaría una leyenda que ya no le
abandonaría nunca: la de perdedor de finales.
En su
primera temporada, logró llevar al Mallorca a la final de la Copa del Rey, que
perdería frente al Fútbol Club Barcelona en la tanda de penaltis. Dado que el
Barcelona (entrenado, por cierto, por Louis van Gaal) fue campeón de Liga
también esa temporada, el Mallorca se ganó su derecho a participar en la Recopa
1998/99, última edición que se disputaría de este torneo.
Y
también llegó a la final. Y la perdió. Por 2 a 1 frente a la
poderosísima Lazio entrenada por Sven-Goran Eriksson. Para ver el nivel de los italianos,
creo muy ilustrativo recordar aquí su formación aquél 19 de mayo de 1999:
Marchegiani; Favalli, Mihajlovic, Nesta, Pancaro; Almeyda, Stankovic, Nedved,
Mancini; Vieri y Marcelo Salas.
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| Formación de la Lazio campeona de la Recopa (Foto: inmortaisdofutebol.com) |
Además,
esa misma temporada 1998/99, ganó la Supercopa española (está, sí) frente al
Barcelona y clasificó al Mallorca en la tercera posición en la Liga española, su
mejor clasificación histórica, lo que le dio el pasaporte para disputar su
primera UEFA Champions League.
Pese al
goloso caramelo que suponía jugar la Champions con un modesto como el Mallorca,
Cúper fue tentado por una suculenta oferta del Valencia y cambió Palma por
Valencia en el verano de 1999. Allí siguió alimentando su estigma de perdedor
de finales: aunque ganó la Supercopa de España 1999/2000, nada más aterrizar en
Valencia, Cúper tuvo el enorme mérito de llevar al equipo che a dos finales
consecutivas de UEFA Campions League (2000 y 2001) pero no fue capaz de ganar
ninguna.
La
primera en 2000, la disputó ante el Real Madrid en París. Cierto es que, en
esta final, el Valencia se vio superado por el ambiente y la responsabilidad y
no fue ni la sombra del equipo que había alcanzado la ronda final con total
solvencia: primero, por delante del Bayern de Munich, en la fase de grupos;
segundo, tras el Manchester en la liguilla de octavos y eliminando con absoluta
solvencia a Lazio en cuartos (5 a 2 le endosó en Mestalla) y al Barcelona en
semifinales (también con un 4 a 1 en su feudo). En consecuencia, el Real Madrid
se alzó justamente con aquel título con un resultado final de 3 a 0.
El
Valencia volvió a la carga en la siguiente temporada y, de nuevo completó una
temporada impecable: primero en su grupo en la primera liguilla; también
primero en la liguilla de octavos, por delante del Manchester United; y dejando
fuera a dos equipos ingleses en octavos y cuartos: Arsenal y Leeds United,
respectivamente.
Y llegó
a la final frente al Bayern de Munich, en el estadio de San Siro en Milan. Gaizka Mendieta anotó, en el minuto 3,
el gol más rápido de la historia de las finales de Champions pero, pese a que
el Valencia fue muy superior todo el partido, no consiguió un segundo gol que
cerrase el partido. De hecho, Stefan Effenberg empató para los alemanes al
incio de la segunda mitad y esto llevó el partido a la prórroga; tiempo
suplementario que no resolvería nada con lo que se llegó a los penalties donde
el meta alemán Oliver Kahn fue el gran héroe, privando al Valencia de un título
que ese día sí que había merecido.
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| Oliver Kahn, deteniendo el penalty decisivo a Mauricio Pellegrino (Foto: colgados por el futbol.com) |
En ese
verano de 2001, Massimo Moratti, dueño por aquel entonces del Inter de Milán,
decidió que Hector Cúper era la persona adecuada para llevar a su equipo hasta
lo que en aquellos años era su gran obsesión: ser campeón de Europa.
Pero Cúper
no fue capaz de reeditar en Milan los triunfos de Mallorca y Valencia: tercero
y segundo, respectivamente, en sus dos Scudettos disputados, caería en
semifinales en sus dos participaciones europeras: frente al Feyenoord, en la
UEFA 2002 (el equipo no se había clasificado para Champions la temporada
anterior) y frente al AC Milan, en la Champions 2003.
Al
inicio de su tercera temporada sería cesado cuando apenas se llevaban seis
jornadas disputadas y el equipo era octavo.
Sin que
nadie lo sospechase, esta fue la despedida de Héctor Cúper de la élite. Tras
un año sabático, comenzaría un peregrinar por equipos modestos sin conseguir
resultados ni estabilidad en ninguno: otra vez Mallorca (lo salvó del descenso
en la temporada 2004/05 para ser cesado
en la siguiente, cuando el equipo era último), Betis (cesado tras 14 jornadas
cuando el equipo era penúltimo), Parma (despedido una semana antes de que se
consumara el descenso a la serie B), selección de Georgia (ningún partido
ganado en 1 año y medio)…
Únicamente en Grecia obtendría algunos resultados que nos recordaron al técnico que un
día fue: fichado por el Aris en Noviembre de 2009, disputó la final de Copa
griega frente al Panathinaikos en 2010 (como no podía ser de otra forma, la
perdió) y consiguió clasificar al equipo, por primera vez en su historia, para
la fase 32 equipos de la UEFA Europa League y, tras dos sorprendentes victorias
frente al Atlético de Madrid en la liguilla, logró clasificar al equipo para
los dieciseisavos de esta competición. No obstante, tras algunos malos
resultados, decidió dimitir de su cargo sin llegar a disputar esa ronda.
Y otro
nuevo peregrinar y otro puñado de ceses: Racing de Santander en España, desde Junio
a Noviembre de 2011 (dejó al equipo en última posición); Orduspor turco, de
diciembre de 2011 a abril de 2013; Al Wasl de Dubai desde noviembre de 2013 y
la selección de Egipto desde hace apenas unos días…
Veremos
su trabajo en Egipto pero la impresión que da los últimos años produce una
cierta tristeza y una sensación de que “su tiempo ya ha pasado” si lo
comparamos con el final de los años ’90 y comienzos de los 2000. Pese a todas
las finales perdidas.
Como
conclusión, la trayectoria de Héctor Cúper pone de manifiesto un debate
francamente interesante: un aficionado al futbol, ¿prefiere que su equipo
llegue a una final y la pierda o que no llegue? Aunque es muy duro perder una
final, personalmente, uno prefiere jugarlas. Pero es que, además, en el caso de
Héctor Cúper, la mayoría de ellas las perdió ante rivales muy, muy superiores.
De hecho, el gran mérito del argentino consiste en haber llevado a sus equipos hasta las
mismas.