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Mostrando las entradas con la etiqueta Veranos europeos. Mostrar todas las entradas
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Bélgica participaba por
segunda vez en la fase final del torneo (había debutado en la
edición de 1972) y se iba a enfrentar en la primera fase a ingleses,
españoles e italianos. Sin participar en los dos últimos mundiales,
la medalla de Oro olímpica conseguida en 1920 era apenas un recuerdo
en los libros de historia del deporte.
Pero algo estaba
cambiando en el fútbol belga, puesto que a finales de los años
setenta el Anderlecht conseguía ganar el primer título europeo: la
Recopa de Europa de 1976 (4-2 al West Ham United). Además disputaría
otras dos finales consecutivas en la misma competición, ganando el
título en 1978. A esto hay que añadir las dos Supercopas de Europa
que le ganó a Bayern Munich y Liverpool (quien, a su vez, había
sido Campeón de Europa derrotando al único equipo belga que ha
jugado una final de esta competición: el Brujas).
Así pues, con un bloque
de jugadores provenientes de estos dos equipos y de otros como el
Standard de Lieja y el Beveren en el que defendía la portería Jean
Marie Pfaff, el seleccionador Guy Thys armó un conjunto que se
clasificó dejando fuera a Austria, Portugal, Noruega y Escocia.
Bélgica e Inglaterra
empataron 1-1 en el primer partido de la primera fase. Lo que unido
al empate sin goles entre España e Italia dejaba la lucha por el
primer puesto de grupo y por tanto la clasificación para la final
(en esta edición no se jugaron semifinales) abierta por completo. En
la segunda jornada, Bélgica e Italia ganaron sus partidos a España
e Inglaterra respectivamente (2-1 y 1-0) por lo que el choque entre
belgas y el equipo anfitrión se presentaba decisivo. El que se
llevara el partido jugaba la final, aunque el empate beneficiaba al
conjunto belga por los goles marcados a favor.
El partido se disputó el
18 de junio en el estadio Olímpico de Roma y los locales lo tenían
todo a favor. Sin embargo, el encuentro concluyó en un empate sin
goles que dejaba fuera a la selección dirigida por Enzo Bearzot.
Bélgica iba a jugar la final de la Eurocopa. El rival, Alemania
Federal que alcanzaba la final por tercera vez consecutiva. Dos goles
de Hrubesch dieron el segundo título a los teutones.
Bélgica perdió aquella
final pero iniciaba su época dorada. Acompañada, de nuevo, por el
triunfo del Anderlecht en la Copa de la UEFA del año 1983 y los
subcampeonatos del Standard de Lieja en la Recopa de 1982 y del
propio Anderlecht en la UEFA del 84, los 80 fueron la década de los
“Diablos Rojos”. Van Der Elst, Gerets, el citado Pfaff,
Ceulemans, Cools, Vandereycken... convirtieron a la selección belga
en una escuadra respetada y temible.
Si bien no consiguieron
ganar ningún título, el combinado belga fue un habitual de las
fases finales de Mundial y Eurocopa, consiguiendo algunas victorias
de prestigio ante rivales como Francia y Holanda en los
clasificatorios y URSS y España en el Mundial del 86. Aunque
sobresale, por encima de todas, la conseguida ante Argentina (vigente
Campeona del Mundo) por 1-0 en el partido inaugural del Mundial 82 en
el Camp Nou de Barcelona. Precisamente, fue Argentina con Maradona al
frente la que privó al equipo de Guy Thys de jugar la final del
Mundial celebrado en México.
Cosas del destino,
veintiocho años después Argentina se cruzó de nuevo en el camino
mundialista de una selección que había desaparecido del concierto
europeo tras doce años alejada de los grandes torneos
internacionales. Higuaín con su gol eliminaba a uno de los equipos
que más expectación había suscitado en la última cita mundialista
de Brasil.
Italia, Irlanda y Suecia
pondrán a prueba a una de las selecciones, a priori, más atractiva
de las 24 que disputarán la próxima Eurocopa de Francia. ¿Serán
capaces Hazard, De Bruyne, Fellaini, Mirallas, etc... de
poner de moda, otra vez, el rojo diablo?
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
El fútbol está repleto de momentos en los que se convierten en protagonistas aquellos que no están, a priori, llamados a serlo. Pero ver el fútbol desde este punto de vista nos lleva a una interpretación del mismo como un juego individual y no colectivo, de equipo, que en el fondo es de lo que se trata: que once personas se identifiquen con una idea, sean capaces de plasmarla sobre el terreno de juego y demuestren sus habilidades individuales en beneficio del grupo.
Lógicamente, cuanto mayor es la influencia singular más relevancia se tiene entre compañeros, aficionados y periodistas. La historia del fútbol se rinde a los pies de aquellos nombres que consiguieron destacar (Maradona, Pelé, Di Stéfano, Cruyff...) pero también está lleno de jugadores sin los cuales los éxitos o el reconocimiento de éstos no sería el mismo.
La Eurocopa del año 2000, la celebrada en Holanda y Bélgica (primera vez que el torneo se celebraba en una sede compartida) vivió uno de esos momentos. Francia acudía a la cita como Campeona del Mundo y Roger Lemerre confió en el mismo bloque de jugadores para afrontar el torneo en una primera fase que les iba a enfrentar a tres rivales que también habían conseguido la Eurocopa: Dinamarca, República Checa y los anfitriones, Holanda. A Zidane, Deschamps, Blanc, Djorkaeff, Thuram y Barthez se unieron unos jóvenes Henry, Anelka y Trezeguet.
En aquella plantilla también se encontraban jugadores como Sylvain Wiltord que por entonces pertenecía al Girondis de Burdeos y el centrocampista ofensivo del Olympique de Marsella Robert Pirès. Con una delantera formada por el indiscutible Henry, acompañado unas veces por Anelka y otras por Dugarry, Wiltord fue titular en el partido contra Holanda en el que Francia ya estaba clasificada para los cuartos de final y el seleccionador galo decidió hacer rotaciones. Lo mismo le ocurría a Pirès, teniendo a Zidane y a Djorkaeff como titulares. Cuando el asunto se puso de nuevo serio, contra España en el cruce de cuartos, ni Wiltord ni Pirès jugaron un sólo minuto, siendo de nuevo suplentes en el partido de semifinales ante Portugal.
El rival en la final fue Italia. El técnico francés confió de nuevo en su equipo de gala. La primera mitad concluyó con 0-0. En la reanudación, Marco Delvecchio adelantó a los italianos en el minuto 55. Lemerre reaccionó y cambió a Dugarry por Wiltord en el minuto 58. El partido avanzaba y los campeones del mundo no eran capaces de atravesar la férrea defensa italiana. Con el tiempo cumplido, el colegiado decretó cuatro minutos de tiempo extra. A la desesperada los franceses se lanzaron al ataque, con el banquillo azzurro celebrando el título y protestando al árbitro que no pitara ya el final.
Pero en diez segundos el guión de aquella final iba a cambiar y de qué manera. Se cumplía el minuto 93 cuando Barthez pateó el balón tras un fuera de juego. Trezeguet, que también había saltado al terreno de juego por Djorkaeff, cabezeó la pelota hacia la banda izquierda. Cannavaro, inmenso durante el partido y durante el torneo no alcanzó a despejar bien el esférico que cayó a la posición donde se encontraba Wiltord. Con el pecho, hizó un control orientado que le dejó el balón botando para rematarlo con su pierna izquierda. Francesco Toldo, el meta italiano, no pudo atajarlo y Francia igualaba la final.
Desolado, el equipo de Zoff no se repuso del golpe y vió como en una jugada por la banda izquierda entre Wiltord y Pirès (en el campo desde el minuto 86 por Lizarazu) terminó con un pase de la muerte que Trezeguet remató a portería lejos del alcance del portero de la Fiorentina. Gol de oro que daba el título a Francia y ponía punto final al partido.
Francia conquistaba su segundo título y se convertía en la primera selección en ganar de forma consecutiva Mundial y Eurocopa. Pirès, Wiltord y Trezeguet se convirtieron en protagonistas y demostraron que en el fútbol, y en la vida, los Zidane, Henry y compañía necesitan de su presencia y de su participación.
Robert, Sylvain y David
Alfonso Massó
2:49 p.m.
Alfonso Massó
2:49 p.m.
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Ligada obviamente a la
realidad política y social que representa, la selección de fútbol
alemana ha pasado a lo largo del tiempo por varias denominaciones.
Heredera de la Alemania Nazi, tras la Segunda Guerra Mundial, en
mayo de 1949, Alemania se dividía en la zona occidental, la Alemania
Federal, y en la zona oriental, la Alemania Democrática. A esta
división se unió la autonomía del Protectorado del Sarre que
estuvo controlado por Francia desde 1947 a 1956 lo que le permitió
formar su propia selección nacional. De hecho, el protectorado del
Sarre participó en los JJ.OO de Helsinki 1952, y la selección de
fútbol, integrada como miembro de la UEFA y de la FIFA, llegó a
tomar parte en la calificación para el Mundial de 1954,
enfrentándose precisamente en dos partidos ante Alemania Occidental.
En 1957, y tras la incorporación, otra vez, a dominio alemán, sus
selecciones deportivas dejaron de existir.
Tras su renuncia en las dos primeras ediciones de la Eurocopa por motivos
políticos, al creer que su selección solo debía disputar la Copa
Mundial, desprestigiando así el Campeonato de Europa del que sí
formaba parte la Alemania comunista y buena parte de los países del
este, en 1968 decidió participar aunque fue eliminada a las primeras
de cambio después de empatar 0-0 contra Albania en Tirana y quedar
segunda en su grupo de clasificación detrás de Yugoslavia.
Cuatro años después, en
la edición que se disputó en Bélgica en 1972, los alemanes del oeste
apearon de los cuartos de final a Polonia, Turquía y Albania.
Derrotaron a Inglaterra venciendo en Wembley por 1-3 y se plantaron
en la fase final a cuatro junto a Bélgica, Hungría y URSS. Aquel
equipo dirigido por Helmut Schön y capitaneado por Beckenbauer,
contaba entre sus filas con Sepp Maier en la portería, Breitner,
Hoeness, Heynckes y el delantero centro Gerd Müller. Dos goles del
“torpedo” alemán eliminaron a los anfitriones en semifinales.
Los soviéticos esperaban en la gran final en el estadio “Rey
Balduino” de Bruselas. Otros dos goles de Müller y otro de Wimmer
coronaban a la República Federal de Alemania como campeona de
Europa. A partir de ahí, los alemanes enlazaron otras dos finales de
eurocopa consecutivas (1976 y 1980) con el triunfo en 1974 de la Copa
del Mundo, donde se produjo el único enfrentamiento entre las dos
alemanias y con triunfo por 1-0 de Alemania Democrática.
Con la reunificación
alemana en octubre de 1990, la Eurocopa de Suecia en 1992 fue el
primer torneo que disputó bajo la denominación de Alemania, llegando
de nuevo a la final, cosa que repitiría cuatro años más tarde
venciendo a la República Checa en Inglaterra 96. Su último título.
En total, 6 finales jugadas (3 ganadas y 3 perdidas) y 8 veces
semifinalista. Si a eso unimos su trayectoria mundialista (8 finales
jugadas: 4 ganadas y 4 perdidas, y 13 veces semifinalista)
entenderemos la dimensión de una selección que nos volvió a dejar
impresionados el 8 de julio de 2014 cuando derrotó 1-7 a Brasil en
Belo-Horizonte. Aquella noche, muchos de nosotros empezamos a llegar
a entender lo que supuso el famoso “maracanazo” uruguayo del 50.
Algunos de los nombres
propios citados anteriormente, más Fritz Walter, Max
Morlock, Uwe Seeler,
Rummenigge, Rudi Völler, Schumacher, Schuster, Stielike, Matthaüs,
Brehme,
Klinsmann, Sammer,
Effenberg, Bierhoff,
Ballack, Kahn, Klose, Lahm, Schweinsteiger, Thomas Müller, Kroos,
Özil, Neuer, Götze...y un largísimo etcétera son los futbolístas que han formado parte de
la selección más laureada del continente europeo y una de las
mejores del mundo.
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Veranos europeos: Y entonces se presentó Alemania Federal
Alfonso Massó
1:58 p.m.
Alfonso Massó
1:58 p.m.
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Por Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Holanda no estará presente en la próxima Eurocopa. Será la ausencia más destacada. La selección que terminó en el cuadro de honor del último Mundial, ocupando el 3º puesto, no fue capaz de clasificarse en un grupo en el que la República Checa, la sorprendente Islandia, y Turquía sacaron más puntos que el conjunto entrenado por Danny Blind. Ya empezó mal la clasificación perdiendo el primer partido ante los checos por 2-1. La inesperada derrota en Islandia por 2-0 empezó a preocupar a los aficionados oranje que vieron como su equipo no fue capaz de enderezar el rumbo en casa sin poder ganar a Turquía (1-1) e Islandia (0-1). En el partido decisivo, Holanda sucumbió en Turquía por 3-0 y dijo adiós a la fase final del torneo por primera vez desde 1984.
Holanda no estará presente en la próxima Eurocopa. Será la ausencia más destacada. La selección que terminó en el cuadro de honor del último Mundial, ocupando el 3º puesto, no fue capaz de clasificarse en un grupo en el que la República Checa, la sorprendente Islandia, y Turquía sacaron más puntos que el conjunto entrenado por Danny Blind. Ya empezó mal la clasificación perdiendo el primer partido ante los checos por 2-1. La inesperada derrota en Islandia por 2-0 empezó a preocupar a los aficionados oranje que vieron como su equipo no fue capaz de enderezar el rumbo en casa sin poder ganar a Turquía (1-1) e Islandia (0-1). En el partido decisivo, Holanda sucumbió en Turquía por 3-0 y dijo adiós a la fase final del torneo por primera vez desde 1984.
La
selección del pequeño país europeo siempre ha sido una de las candidatas al
título
tanto en
Mundiales como en
Eurocopas
desde
los años 70 del siglo pasado. Pero le ha sucedido lo mismo
que a la selección española: muchas expectativas y pocos
resultados. La
década de los setenta representó
sus años dorados en la que pasaron de no disputar el Mundial del 70
y la Euro 72 a jugar dos finales consecutivas del Campeonato del
Mundo: Alemania 74 y Argentina 78 y quedar en tercer lugar en la Euro
de 1976.
La
época de la “naranja
mecánica” con
Rep, Neeskens, Krol, Rensenbrik, Jansen, y, por supuesto, el
tristemente fallecido
Cruyff como algunos de los jugadores más detacados de lo que se
llamó el fútbol
total,
coincidió en el tiempo con el reinado en la Copa de Europa del
Feyenoord primero (1970)
y del Ajax después (1971-72-73).
A partir de ahí, cada cierto tiempo, una
nueva generación de futbolistas holandeses (con Bergkamp, Kluivert,
Van Nistelrooy, Robben y
Van
Persie a la cabeza, entre
otros muchos)
ha sido capaz de sorprendernos y enamorarnos con su juego vistoso y
dinámico, aunque al final nunca consiguieran ganar el título en
juego.
A
finales
de los ochenta, en la Eurocopa de 1988, una
de
esas camadas,
sí
fue capaz
de
ganar el
que hasta la fecha es el único título que tiene en su palmarés
Holanda. A las órdenes de Rinus Michels, el
equipo
formado por
jugadores que militaban
en el PSV Eindhoven (Van
Breukelen, Koeman, Van Aerle, Kieft...), en el Ajax (Rijkaard,
Wouters, Van´t Schip...) y los milanistas Gullit y Van Basten
consiguieron
llegar a la final y derrotar en el Olympiastadion de Múnich a la
URSS por 2-0.
Y eso que el camino no fue fácil ya que perdió en el primer partido
ante el mismo rival por 1-0. Tres días después, la victoria ante
Inglaterra con tres goles del protagonista de este capítulo haría
que la selección holandesa levantará el vuelo y se clasificara para
las semifinales con un triunfo por la mínima ante Irlanda con un gol
de Kieft a ocho minutos del final.
Los
anfitriones serían los rivales en Hamburgo y, otra
vez, un gol postrero del delantero del Milan a falta de dos minutos para el final del
partido, clasificó a su selección para disputar
la gran final. Pero lo mejor estaba aún por llegar. La
primera parte de la final había concluído con 1-0 con el gol de
Gullit en el minuto 32. A los diez minutos de la reanudación un mal
despeje de Zavarov permitió a Adri Van Tiggelen asistir en la
izquierda a Arnold Mühren. Su centro al primer toque fue muy
bombeado al segundo palo y cuando le llegó el esférico a Van Basten
se encontraba muy escorado dentro
del área
con solo la opción de pase a Gullit. Pero en lugar de
eso, enganchó una volea sorprendente con su pierna derecha que pasó
por encima de la cabeza del portero ruso Dasayev y se coló por el
palo largo.
Aquel gol sigue siendo
uno de los mejores goles que se han visto en la historia del fútbol
europeo (y mundial): una obra de arte al alcance de muy pocos
jugadores. Es para los holandeses y todos los amantes del fútbol y
de la belleza, como los cuadros de Van Gogh, patrimonio inmaterial de
la humanidad.
Veranos europeos: La obra de arte de Van... Basten
Alfonso Massó
1:10 p.m.
Alfonso Massó
1:10 p.m.
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Recuerdo que el reloj marcaría las once y veinte de la noche (minutos más, minutos menos) cuando Fábregas batía a Buffon en el noveno lanzamiento de la tanda de penaltis del partido ante Italia de cuartos de final celebrado en el Ernst-Happel-Stadion de Viena la noche del 22 de junio y clasificaba a la selección española para jugar las semifinales de aquella Eurocopa del 2008. Pero no sólo eso, en un abrir y cerrar de ojos, se ponía fin a una época de continuas frustraciones y decepciones que acabaron germinando en una especie de complejo que presuponía que España no podía competir de igual a igual con las grandes potencias mundiales y que el camino en los grandes torneos terminaba siempre en la insuperable barrera de los cuartos de final.
Desde la final de la
Eurocopa de Francia de 1984, la historia del fútbol español está
repleta de nombres (tanto de jugadores como de entrenadores) que
simbolizan, con sus errores en jugadas decisivas o con sus decisiones
y filosofía del juego, el fracaso deportivo de un país que teniendo
en su Liga a dos de los gigantes del fútbol mundial (Madrid y
Barcelona) no entendía por qué siempre se tropezaba en la misma
piedra. La lista incluye nombres como Eloy en México 86, Julio
Salinas en Estados Unidos 94, Hierro y Nadal en la Eurocopa del 96,
Javier Clemente en Francia 98, Raúl en la Eurocopa del 2000, Joaquín
en Corea-Japón en el año 2002, e Iñaki Sáez en la Eurocopa de
Portugal 2004.
¿Qué ocurrió,
entonces, para que se diera la vuelta a la situación? Analizando los
hechos con la perspectiva que da el paso del tiempo, no sucedió nada
milagroso, es más, pienso que lo de la maldición y toda la leyenda
que se creó se debió más a las falsas expectativas maximizadas, la
mayoría de las veces, por parte de la prensa, antes de cada torneo.
Simplemente, antes no eran los mejores. Eran buenos, algunos,
incluso, muy buenos pero no los mejores.
Por poner algunos
ejemplos, Fábregas tenía 21 años cuando lanzó el penalti que nos
clasificó y ya con 17 ó 18 años era un pieza fundamental del
Arsenal. Julio Salinas, delantero del Barcelona en el “Dream Team”
de Cruyff era suplente de un tal Romario que esa misma temporada del
Mundial 94 anotó 30 goles en 33 partidos de Liga. En esa misma tanda
de penaltis de la que hablamos, Casillas, posiblemente, fuera uno de
los mejores porteros del mundo (detuvo dos lanzamientos). Zubizarreta
con 35 años, en 1996 ante los ingleses, no detuvo ninguno.
Ya sé que el fútbol no
es tan simple como estas líneas que estoy escribiendo e influyen
otros factores como la suerte, el arbitraje y por supuesto el rival.
Estoy pensando, por ejemplo, en el “robo” perpetrado a Italia y a
la propia España, en el mundial asiático del 2002. Pero el éxito
empieza aceptando lo que uno es y creyendo hasta dónde puede llegar
y a eso ayudó, y mucho, Luis Aragonés. También tuvo que soportar
otro fracaso, esta vez la derrota contra Francia en el Mundial del
2006. Pero sentó las bases de los éxitos obtenidos en estos últimos
años, no sin sufrir presiones y ataques (mediáticos) por algunas de
sus decisiones. Apostó por un estilo definido, con el toque por
bandera y Casillas, Puyol, Ramos, Xavi, Iniesta, Fábregas,
Cazorla, Villa, Fernando Torres y demás hicieron no lo que tenían
que hacer, sino lo que sabían hacer.
Con el título ya
conseguido, de repente nos acordamos de que en 1964 ya habíamos
ganado otra Eurocopa. De ser unos malditos, pasamos a igualar a
títulos con Francia y a superar a selecciones como Italia.
Simplemente, ganamos
cuando fuímos los mejores.
Veranos europeos: El final de la maldición (o la convicción de Luis Aragonés)
Alfonso Massó
10:33 a.m.
Alfonso Massó
10:33 a.m.
En el año 2005 se estrenó en España una película que cuenta la vida de un trabajador de un supermercado de barrio y que juega al fútbol como portero de un equipo de la tercera división regional. Fernando, así se llama el protagonista, siempre es suplente, pero en el último partido de la temporada el portero titular se lesiona en una jugada en la que el árbitro señala penalti y tiene que ocupar la portería. Si para el penalti, el equipo será campeón y subirá de categoría. Cuando el jugador del equipo contrario está a punto de lanzarlo, unos hinchas invaden el campo y el partido se suspende. El comité de competición decide que se lance el penalti al siguiente domingo. En tono de comedia, la película hace un retrato costumbrista de la clase obrera y de la gente más desfavorecida y los problemas de la España de hace una década con el fútbol como telón de fondo...
En la realidad, en la
historia del fútbol, el penalti más famoso del mundo se lanzó en
Belgrado el 20 de junio de 1976 y sirvió para dar el título de
Campeón de Europa a Checoslovaquia. Su autor no es otro que Antonín
Panenka. Siempre que se habla del penalti de Panenka se hace desde el
lado del triunfador, del que se lleva la gloria. Pero en esta ocasión
quería hablar y valorar a la parte perjudicada, el portero que
defendía la portería: Sepp Maier.
Maier desarrolló toda su
carrera como jugador en el Bayern de Múnich (1966-1979). Durante ese
tiempo consiguió numerosos títulos nacionales así como tres Copas
de Europa consecutivas (74, 75 y 76). Además, era el titular
indiscutible de la selección alemana que venía de conquistar, de
forma consecutiva, la Eurocopa en el año 72 y el Mundial del 74.
Apodado “el gato”, Maier fue reconocido como mejor jugador alemán
del año en 1975.
La final de aquella
Eurocopa terminó, tras jugarse la prórroga, con el resultado de
2-2. Aprobados ya oficialmente por la FIFA, los lanzamientos desde el
punto de penalti iban a decidir, por primera vez, el campeón de un
gran torneo, cuya fase final organizó Yugoslavia. Los siete primeros
lanzamientos fueron convertidos por los jugadores, pero el alemán
Uli Hoeness erró el suyo con un cañonazo que envió por encima de
la portería. En el siguiente lanzamiento, el noveno de la tanda, el
jugador checoslovaco inició la carrera desde fuera del área y, con
un toque sútil, elevó la pelota suavemente a media altura dibujando
una parábola que acabó entrando por el centro de la portería que
Maier había dejado vacía al lanzarse hacia el lado izquierdo. La
imagen que ilustra el artículo refleja claramente los dos lados de
la misma situación: el uno, triunfante, mano en alto , celebrando el
título incluso antes de que el balón rebase la línea de gol; el
otro, por los suelos, casi arrodillado, con una postura como de
desubicado, sin saber muy bien qué diablos había sucedido.
…por cierto, en la
ficción la historia tiene final feliz, así que pueden imaginar lo
que acaba sucediendo.
Veranos europeos: El penalti más largo (y famoso) del mundo
Alfonso Massó
11:48 a.m.
Alfonso Massó
11:48 a.m.
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La Eurocopa de Suecia es,
posiblemente, la edición más interesante de todas las que se han
celebrado hasta la fecha desde el punto de vista histórico debido a
la situación social y política que se estaba viviendo en la Europa
de finales de los ochenta y principios de los noventa. Situación que
influyó de manera tan directa en el desarrollo de la propia
competición que incluso algunos de los países clasificados ya no
tenían el mismo nombre o representaban una realidad muy distinta a
la de cuatro años atrás, o no pudieron participar, finalmente. La
caída del muro de Berlín, y por tanto del bloque comunista del este
de Europa en noviembre de 1989, produjo, de un lado, la reunificación
de Alemania y de otro, la desaparición de la Unión Soviética lo
que provocó que a la fase final acudieran un combinado de jugadores
con el nombre de Comunidad de Estados Independientes (C.E.I) debido a
la independencia a lo largo de 1990 y 1991 de las distintas
repúblicas que integraban la URSS: Rusia, Ucrania, Lituania,
Letonia, Estonia, Bielorrusia, Georgia, Kazajistán, Armenia...
Por si esto fuera poco,
Europa se encontraba en guerra. Suena raro hasta escribirlo, pero es
así. A menos de 3000 kilómetros en línea recta de Madrid o apenas
a 3 ó 4 cuatro de horas de vuelo desde una España que se
modernizaba con la construcción de la alta velocidad ferroviaria, la
Exposición Universal de Sevilla y los JJ.OO de Barcelona y de una
Unión Europea que ya había iniciado su consolidación con las
firmas de los Tratados de Schengen y de Maastricht y el
establecimiento del mercado y la futura moneda única, el corazón de
Europa se desangraba en un conflicto que dejó 140.000 muertos y
4.000.000 de desplazados.
La guerra de los Balcanes
puso fin, también, a otro estado artificial, Yugoslavia. Y la
consecuencia deportiva fue ratificada el 30 de mayo por el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas decidiendo sancionarlo sin la
participación en la Eurocopa y en los Juegos Olímpicos. Durante las
semanas previas a la decisión definitiva, el reguero de ausencias y
renuncias de futbolistas había sido constante. Jugadores croatas
como Prosinecki, Suker, Boban, Boksic o Jarni fueron los primeros en
no volver a ponerse la camiseta yugoslava, el esloveno Katanec hizo
lo mismo, al igual que los bosnio-musulmanes Kodro, Hadzibegic,
Bazdarevic y el seleccionador Ivica Osim. Los últimos en dejar la
selección fueron los macedonios Pancev y Najdoski. En su lugar se
invitó a la selección de Dinamarca que había quedado segunda en el
grupo de clasificación.
-Fue mi esposa la que
respondió al teléfono. Me dijo que en dos días debía presentarme
en un hotel de mi país- dijo Brian Laudrup; -Ni siquiera tuvimos
tiempo de pensar en los partidos que debíamos jugar- reconoció
Schmeichel; -No quiero ir a Suecia. Mi cabeza está en la playa-
pensó Jensen. Estas son sólo algunas de las reacciones que tuvieron
algunos de los integrantes de aquella selección tras la llamada de
su federación. Es más, la estrella de aquel conjunto, el
barcelonista Michael Laudrup (ganador de la Copa de Europa aquella
temporada) se negó a acudir por problemas con el propio
seleccionador.
De esta manera, Richard
Möller-Nielsen, fue formando un grupo de 20 jugadores e improvisando
una serie de entrenamientos para acelerar la preparación de varios
de ellos como Povlsen, Larsen, Schmeichel o el menor de los Laudrup
que, al jugar fuera de Dinamarca, llevaban ya nada menos que tres
semanas de vacaciones. Con todo, el entrenador lo tenía muy claro y
les espetó a sus púpilos en el primer entrenamiento que iban a
Suecia “a ganar”.
En el mismo grupo que los
anfitriones, Francia e Inglaterra, la cosa no pintaba muy bien, pero
un empate sin goles ante los ingleses les subió un poco la moral. La
derrota en el segundo partido por 1-0 ante Suecia les obligaba a
realizar una proeza ante los franceses en el último partido de la
primera fase. Dinamarca conseguía vencer a Francia en el descuento
con un gol de Elstrup (1-2) y se clasificaba para las semifinales
ante Holanda. Cinco días despues en Goteborg, los daneses
resistirían ante los actuales campeones y firmarían un 2-2 que se
decidió desde el punto de penalti. Van Basten falló el segundo
lanzamiento y propició la clasificación de la revelación del
torneo para la final.
Alemania, se presentaba
ante su segunda oportunidad de conseguir Mundial y Eurocopa de manera
consecutiva con jugadores como Brehme, Hässler, Effenberg, Sammer y
Klinsmann como fíguras mientras que los daneses, con nada que perder
y mucho que ganar, según cuentan las crónicas de la época, se
pasaron las horas previas del partido entre manguerazos de agua fría
en la piscina del hotel con sus esposas y novias. De hecho, la
actuación del conjunto de Möller-Nielsen cuestionó y desmitificó
las concentraciones casi militares que, por entonces, realizaban
algunas selecciones, como Holanda e Inglaterra.
Dinamarca acabó ganando
aquella Eurocopa, que fue el primer torneo futbolístico
internacional en el que las camisetas incluyeron los nombres de los
jugadores, por 2-0, con goles de Jensen y Vilfort. De esta forma, la selección apodada la "dinamita roja" conseguía su único título hasta la fecha.
Veranos europeos: Vacaciones en el mar...del Norte
Alfonso Massó
5:14 p.m.
Alfonso Massó
5:14 p.m.
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| (Foto: uefa.com) |
Por Alfonso Massó (@alfonsomasso)
El 13 agosto de 2004 Atenas se convirtió en el centro del mundo, deportivamente hablando, con la inauguración de los Juegos Olímpicos. Fueron dieciséis días en los que las grandes potencias mundiales exhibieron músculo y países como Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Alemania coparon los primeros puestos del medallero. Destacaron deportistas como el nadador Michael Phelps, la atleta china Liu Xang, el fondista marroquí Hicham El Gerrouj, la seleccción Argentina de baloncesto que derrotó a Estados Unidos...
El 13 agosto de 2004 Atenas se convirtió en el centro del mundo, deportivamente hablando, con la inauguración de los Juegos Olímpicos. Fueron dieciséis días en los que las grandes potencias mundiales exhibieron músculo y países como Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Alemania coparon los primeros puestos del medallero. Destacaron deportistas como el nadador Michael Phelps, la atleta china Liu Xang, el fondista marroquí Hicham El Gerrouj, la seleccción Argentina de baloncesto que derrotó a Estados Unidos...
Apenas mes y medio antes,
la tarde-noche del 1 de julio, la selección griega de fútbol
saltaba al césped del Estadio Do Dragao de Oporto para medirse en la
semifinal de la Eurocopa de Portugal ante la República Checa. La
cenicienta del torneo, junto a Letonia, se había convertido en la
revelación. España y Rusia en la primera fase y Francia en cuartos
de final habían quedado eliminados por el equipo del técnico alemán
Otto-Heinz Rehhagel.
Con un juego basado en el
orden defensivo y, en ataque, aprovechar las contras y los balones
parados, Seitaridis, Charisteas, Karagounis, Papadopoulos, Vasilis
Tsiartas y compañía lograron sorprender a la europa futbolera con
un triunfo en la final sobre Portugal con el gol de Charisteas (a la
que ya había vencido en el partido inaugural por 1-2).
Para llegar a
semifinales, el partido que nos ocupa en este capítulo, los checos
habían ganado en la fase de grupos a letones, alemanes y holandeses
y se habían deshecho, sin muchas complicaciones, de Dinamarca en el
enfrentamiento de cuartos. Baros, Jan Koller, Petr Cech, Ujfalusi,
Rosický junto a unos veteranos Nedved, Poborský y Smicer partían
como favoritos.
Fiel a su estilo, la
jugada del equipo griego que decidió el pase a la final no podía
ser de otra manera que a balón parado. En el minuto 15 de la primera
parte de la prórroga, Tsiartas botó un saque de esquina y Dellas,
en el primer palo, remachaba a la red el gol que ponía a Grecia en
la final. Aquel gol, que se llamó de plata durante un tiempo (era el
que se conseguía durante la primera mitad de la prórroga y si el
equipo rival no era capaz de empatar en el tiempo restante, no se
jugaba la segunda mitad), tuvo para el país heleno un valor muy
superior al de todo el oro del mundo.
Veranos europeos: La noche que la plata cotizó como oro
Alfonso Massó
6:24 a.m.
Alfonso Massó
6:24 a.m.
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| El capitán italiano con la Copa de Europa (Foto: uefa.com) |
En este capítulo contaremos un hecho ocurrido durante la Eurocopa de 1968 celebrada en
Italia. Nuestras protagonistas las selecciones de la Unión
Soviética, Italia y una moneda. Una moneda que cambió el destino de
la selección italiana.
Europa miraba a Francia
como consecuencia de las revueltas estudiantiles de París a las que
acabarían sumándose los sindicatos, los obreros y el Partido
Comunista. Las revueltas calaron en otras partes del viejo continente
y en Checoslovaquia se produjo el movimiento de liberalización
política llamado Primavera de Praga que terminó con la invasión
del país por parte de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia.
En ese contexto político y social se disputó la 3ª edición del
torneo en la que solamente cuatro países podían disputar la fase
final.
Desde septiembre de 1966
y acabado el Mundial de Inglaterra se celebró la fase de
clasificación en la que las selecciones se emparejaron en 8 grupos
de los que saldrían los cuartofinalistas. Llama la atención el
grupo formado por los cuatro territorios que componen el Reino Unido en
una especie del “cuatro naciones” de fútbol y del que Inglaterra
(vigente Campeona del Mundo) se clasificó en primer lugar, por
delante de Gales, Escocia e Irlanda del Norte.
Las ocho selecciones
clasificadas se enfrentaron a doble partido. Las que ganaron sus
respectivas eliminatorias y por tanto se clasificaron para las
semifinales fueron: Unión Soviética, Italia, Inglaterra y
Yugoslavia. La UEFA, una vez conocidos a los clasificados, estableció
que la sede fuera Italia.
El 5 de junio en el
Estadio San Paolo de Nápoles, Italia y la URSS jugaron la primera
semifinal con el resultado final de 0-0. Por aquel entonces todavía
no eran oficiales las tandas de penaltis (seis años antes el Trofeo
Ramón de Carranza de Cádiz se decidió de esta manera, siendo la
primera vez que se utilizaba para dirimir el ganador de un partido
que había terminado en empate, sin necesidad de jugar el “replay”).
Así que sin posibilidad de jugar el partido de desempate ya que la
final estaba programada para el 8 de junio, el árbitro del
encuentro, el alemán Kurt Tschenscher citó en los vestuarios del
estadio napolitano a los capitanes de los dos equipos (Facchetti y Shesternev) y se produjo el
hecho que cambió la suerte de ambas selecciones: el colegiado lanzó
una moneda al aire y la suerte sonrió a Italia.
Lo que pasó en aquel
vestuario sólo lo saben los protagonistas e incluso, con el paso del
tiempo, los hechos tienden a distorsionarse y distintas versiones son
tomadas por verdaderas: que si el árbitro lanzó la moneda y ésta
se quedó en un grieta del suelo por lo que repitió el lanzamiento,
que si la presencia de la camorra napolitana “ayudó” a
que la moneda saliera cruz, que fue la intervención divina de San
Genaro la que obró el milagro... incluso según las crónicas del
partido que leas, unas veces cuentan que el capitán italiano
Giacinto Facchetti eligió cara y otras veces que eligió cruz.
Lo cierto es que Italia
jugó la final y derrotó a los yugoslavos por 2-0 en el partido de
desempate tras haber igualado a 1 en el primer partido. La selección
azzurra compuesta por jugadores de la talla de Zoff, Facchetti,
Mazzola, Riva y Rivera conseguía su primera y única Eurocopa y
rejuvenecía un palmarés que se había estancado con las dos Copas
del Mundo de los años treinta.
La URSS, por su parte,
clara favorita para, al menos, haber llegado a la final (ya tenía un
título y un subcampeonato de las dos ediciones anteriores) vio cómo
la suerte le dió la espalda y comprobó que, a veces, el fútbol no
es suficiente.
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Veranos europeos: La moneda que le salió cara a la URSS
Alfonso Massó
12:48 p.m.
Alfonso Massó
12:48 p.m.
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| Nedved y Smicer en el césped del estadio de Wembley (Foto: uefa.com) |
Contraer matrimonio sigue
siendo uno de los ritos, sacramentos o actos (según las creencias de
cada cual) más extendidos en el mundo .Y hacerlo en primavera, con
la llegada del buen tiempo es una costumbre bastante asentada en
España y buena parte de Europa. Ese era el plan que tenía el checo
Vladimir Smicer para mediados del mes de junio de 1996 sin saber que
el fútbol se cruzaría en su camino hasta en dos ocasiones.
La República Checa, ya
dividida Checoslovaquia, se clasificó por primera vez para jugar la
fase final de un gran torneo. Se trató de la Eurocopa organizada por
Inglaterra en la que se introdujeron algunas novedades con respecto a
tiempos anteriores: era la primera edición con 16 selecciones
participantes y la primera vez que la victoria en un partido de grupo
valia 3 puntos. Junto a la República Checa, se clasificó también
para la fase final Croacia (disuelta también la antigua Yugoslavia),
“the times they are a changin`” que diría Bob Dylan.
Teniendo como rivales a
Alemania, Italia y Rusia, el bueno de Smicer concretó la fecha de su
enlace para el final de la primera fase, suponiendo, con buena lógica
que quedarian eliminados a las primeras de cambio. Sin embargo, la
noche del miércoles 19 de junio y después de empatar a 3 goles con
Rusia y del empate sin goles también entre alemanes e italianos, los
checos se clasificaban como segundos de grupo y dejaban fuera del
torneo al equipo de Arrigo Sacchi. Para colmo, el gol del empate a 3
y de la clasificación, por tanto, para los cuartos de final lo marcó
nuestro protagonista en el minuto 88 de partido. Así que el enlace
previsto para ese fin de semana tuvo que postponerse para otra fecha
ya que el domingo 23, Portugal esperaba en Anfield.
Portugal, con Rui Costa,
Couto, Vitor Baía, y sobre todo Luis Figo partía como clara
favorita pero un gol de Poborský en el minuto 53 desató la locura
en todo el país centro europeo. Su selección iba a jugar las
semifinales de una Eurocopa. No sabemos las conversaciones que se sucederían entre las familias de los novios después de que por
segunda vez la boda tuviera que aplazarse: Francia con Blanc,
Djorkaeff, Desailly y Zidane entre otros era el rival a batir en
semifinales.
El partido en Manchester
terminó en empate a cero goles. Se jugó una prórroga en la que no
se movió el marcador y en la tanda de penaltis, el portero Kouba se
convirtió en héroe nacional al atajar el lanzamiento de Reynald
Pedros. La República Checa disputaría la gran final en el mítico
estadio de Wembley el domingo 30 de junio.
Smicer se casó en Praga
el sábado 29 de junio después de obtener permiso de la Federación
Checa para abandonar la concentración y con la condición de
regresar a la misma a tiempo para jugar la final. Desconozco si fue
como castigo o pensando en el bien del equipo, pero lo cierto es que
el entrenador checo Dusan Urhin dejó en el banquillo a Smicer, que
salió al campo sustituyendo a Poborský en el minuto 87. Los
noventa minutos terminaron 1-1 por lo que el tiempo extra fue como un regalo (de boda) para el recién
desposado. Sin embargo, Oliver Bierhoff frustró las ilusiones de
Smicer y de todo un pais, anotando un gol de oro histórico que puso fin al partido y que proclamaba a Alemania campeona por tercera vez.
Años más tarde (casi
una década después) Smicer fue campeón de Europa con el Liverpool
de Rafa Benítez, marcando un gol en aquella final de Estambul ante
el Milan. De aquella generación de jugadores también destacaron el
citado Poborský fichado por el Manchester United; Berger que también
fichó por el Liverpool; Radek
Bejbl que
jugó en el Atlético de Madrid; y cómo no, Pavel Nedved, jugador del
Lazio y de la Juventus donde conquistó el Balón de Oro en 2003.
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Veranos europeos: La boda de Smicer
Alfonso Massó
10:46 a.m.
Alfonso Massó
10:46 a.m.
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| Platini logra el primer gol tras lanzamiento de falta |
Estamos en año de Eurocopa. Desde esta columna haremos un repaso por los momentos más señalados de este torneo que comenzó en la década de los 60 del siglo pasado y que celebrará su XV edición este verano en Francia con 24 selecciones participantes. Estos artículos nos ayudarán a conocer un poco mejor la competición y la evolución del fútbol durante este periodo y a entender la propia historia del viejo continente.
Comenzamos. Y lo hacemos deteniendonos precisamente en Francia. La edición de 1984 se disputó del 12 al 27 de junio con ocho selecciones. La final se jugó en el Parque de los Príncipes y a ella accedieron los anfitriones (liderados por Michel Platini) y España que, tras el fracaso del Mundial 82, supo reponerse y escribir una las páginas más brillantes de su historia fútbolística hasta esa fecha. Ya para estar presente en la fase final, España tuvo que golear a Malta 12-1 en el partido que marcó a una generación de españoles aquel 21 de diciembre de 1983 en Sevilla. Pero centrándonos ya en la propia Eurocopa, la selección dirigida por Miguel Muñoz se clasificó para las semifinales encabezando su grupo por delante de Portugal, Alemania Federal (a la que derrotó con gol de Maceda en el minuto 90) y Rumanía.
Francia por su parte, venció a sus tres rivales de grupo: Dinamarca, Bélgica y Yugoslavia y se clasificó en primera posición. En semifinales, el equipo dirigido por Michel Hidalgo derrotó 3-2 a Portugal; mientras que España, después de empatar a 1 ante Dinamarca, se clasificaba tras transformar los cinco lanzamientos desde el punto de penalti.
Y así llegamos al partido final y al momento en el que nuestros dos protagonistas (tres si contamos al balón) coinciden y se enfrentan cara a cara en una jugada que marcará el devenir de la final y de la propia carrera de ambos. De un lado, Platini, líder de la Juventus, Balón de Oro y capitán de una Francia que todavía no había conseguido levantar título alguno a nivel de selección. Del otro, Arconada, portero de la Real Sociedad que había conquistado las Ligas de 1981 y 1982 y un fijo de la selección española desde 1980.
Minuto 57 y el árbitro checoslovaco, Vojtech Christov, señala una falta muy cercana al semicírculo del borde del área. Arconada coloca la barrera en el lado derecho de su portería cubriendo él el palo izquierdo de la misma. Platini realiza un lanzamiento a media altura salvando la barrera y el balón se dirige al cuerpo del meta vasco que lo detiene lanzándose al suelo. Cuando el peligro parece que ha pasado, se ve como Arconada se retuerce en el suelo estirando la mano para intentar atrapar una pelota que parece ha cobrado vida ella sola. Inexplicablemente, el esférico rebasa la línea de gol y Francia se adelanta en el marcador 1-0. El partido terminó con otro gol de Bellone en el minuto 90. Francia conquistaba su primera Eurocopa. España dejaba escapar una buena oportunidad de conseguir un título y comenzaba una época en la que la barrera de los cuartos de final se convirtió en infranqueable.
Ese gol en España es conocido como "el gol de Arconada". Años después, cuando la selección española ganó la
Eurocopa en su edición de 2008, el guardameta Andrés Palop
subió a recoger la medalla de oro que le iba a entregar, precisamente, Platini como
presidente de la UEFA con la camiseta que aquel día vistió Arconada.
Palop declaró: "se merecía un homenaje importante, tuve la oportunidad de conseguir
su camiseta, me la traje y tenía claro que si levantábamos la copa, iba a
tener este detalle, porque históricamente se le recuerda por un fallo
garrafal, pero es justo recordar que también fue un enorme
portero y que hizo grandes paradas, tanto con la Real como con esta
camiseta que llevo puesta".
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Veranos europeos: El fallo de Arconada (o el balón que cobró vida)
Alfonso Massó
5:56 a.m.
Alfonso Massó
5:56 a.m.
















