Entrenadores, escepticismo y utopía: Ramón Díaz
Dicen que una vida
sin riesgos no vale nada. Pero los riesgos no son más que decisiones que toman
las personas, y las decisiones, en sí, requieren un mínimo de capacidad deliberativa. Puede ser que resulten, como puede ser que no, y
por ello nace ese riesgo que debió ser evaluado antes. Con una decisión en particular me gustaría iniciar esta narración, y es que en este caso tuvo resultados adversos para todos
los involucrados en ella. Así, me es preciso decir entonces que, luego de toda una vida
dirigiendo en Argentina, el ‘pelado’ Ramón Ángel Díaz, entrenador exitoso de incontables equipos en su país natal, optó por salir de su zona
de confort para aventurarse al frente de la selección paraguaya de fútbol en
diciembre de 2014.
Toda una vida como
entrenador no incluía en su currículum ningún trabajo al frente de selecciones
nacionales, por lo que consideré apropiado mencionar que Ramón decidió
“aventurarse”. El aliciente para la Asociación Paraguaya de Fútbol no fue más
que su pasado inmediato en River Plate, y los éxitos conseguidos con el club
‘millonario’, pero más allá de eso también entró en consideración el amplio
palmarés del que puede presumir el ‘pelado’ tras todos sus años en Argentina.
Así, luego de unas
pésimas eliminatorias para el Mundial de Brasil 2014, la APF atendió de manera directa
la crítica situación del seleccionado nacional con la inclusión de Ramón Díaz
en el fútbol paraguayo, para que se hiciese cargo de una tarea fundamental en
el fútbol: armar un equipo con base en jugadores jóvenes con los que pudiera
dar inicio al necesario recambio generacional.
Su primer reto fuerte
fue la Copa América celebrada en Chile en 2015, y desde ese momento comenzó a
instaurar el escepticismo en la
conciencia colectiva de los paraguayos aficionados al fútbol. A pesar de haber
llegado a las semifinales del torneo, incluso eliminando a Brasil en cuartos,
el fútbol de la selección comenzó a mostrarse tal como sería el resto de la
etapa que el ‘pelado’ dirigiese al equipo.
Bajo nivel colectivo, fragilidades defensivas, pasividad en el ataque y la
ausencia notable de la tradicional garra guaraní en los jugadores predominaron
en esa copa en la que finalizaron cuartos, y también en las seis fechas
jugadas de las eliminatorias rumbo al Mundial de Rusia 2018.
En estas últimas, sin
embargo, dos resultados destacaron: una victoria como visitante en Venezuela y
un empate en casa contra Argentina, pero claro, exhibiendo el mismo bajo nivel
de juego que ya traía la selección. A pesar de haber dejado a los guaraníes en
la séptima posición con un total de nueve unidades (a una del repechaje) tras
las primeras seis jornadas, el tiempo de trabajo que tuvo con los respectivos
intervalos de varios meses, pareció no haber contado para la selección. En
ningún partido logró verse plasmada la idea futbolística de Ramón, por lo que
no consiguió generar altas expectativas en los aficionados, y tampoco en la
Asociación.
Con ese bagaje de
resultados buenos y malos, conseguidos todos mediante un nefasto juego
colectivo, la selección guaraní se embarcó rumbo a los Estados Unidos para
disputar la edición especial de la Copa América por su centésimo aniversario.
En ella, sin embargo, terminó de defraudar a los aficionados en dos aspectos:
primero, desde los resultados, pues tras haber llegado a la final y a la
semifinal, respectivamente, en las dos últimas ediciones, en la presente no se
logró siquiera avanzar a los cuartos de final; y segundo, que a su vez da
sustento para que ocurriese lo primero, desde el juego, pues en este torneo en
específico el equipo nacional de Paraguay de la mano de Ramón Díaz mostró lo
peor de sí. El juego espeso, lento y sin potencial ofensivo alguno se hizo
presente en los tres encuentros disputados. En ningún momento
aparecieron los circuitos de juego que el ‘pelado’ debió haber construido, y
para peor, no dio signos positivos el recambio generacional que se puso en
marcha.
Abandonó así el cargo
tras finalizar el torneo, dejando un saldo de tan sólo 3 victorias, 9 empates y
8 derrotas en 20 partidos disputados, incluyendo amistosos internacionales, la
Copa América 2015, las Eliminatorias rumbo a Rusia 2018, y la Copa América
Centenario 2016. Destacan también los 18 goles a favor en 20 partidos, en
contraparte con los 28 encajados.
Números que hablan
por sí solos, y que reflejan lo que fue el pasar de Ramón Díaz por el fútbol
paraguayo. No se puede habla de destrucción o de decadencia alguna, porque la
selección guaraní ya venía mal desde el Mundial de Sudáfrica en 2010. De lo que
sí es pertinente hacer mención es que el ‘pelado’ nunca consiguió confeccionar
una base colectiva que entendiera su idea futbolística y la interpretara en el
terreno de juego. Lo que sí se le puede eximir es que no tuvo una excelsa base de
jugadores jóvenes para conseguir los objetivos, porque ya esto es la realidad
del fútbol paraguayo y a su vez competencia directa del presidente de la
Asociación.
Ahora, quedando en
libertad, con 56 años, luce difícil que Ramón abandone el fútbol de manera
definitiva, pero también se ve cuesta arriba, al menos desde la distancia, que
pueda llegar a algún club grande del continente en lo inmediato. Tal vez sí a
uno importante en Argentina, y creo que es ahí donde definitivamente aterrizará,
pero ya será más por su historial que por su trabajo en la selección guaraní.
Tendrá que reinventarse para revitalizar la idea que implantará en sus
dirigidos para que no le ocurra lo mismo que en Paraguay, pero de todas formas
esto último no le resta valor ni jerarquía a su reputación o bien podría
decirse, al currículum que con tanto trabajo ha construido en su tierra natal
como jugador, y ahora como entrenador.







0 blogger-facebook:
Publicar un comentario