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El penalty maldito de “Topo Gigio”

"Topo Gigio" Riquelme, celebrando un gol con su gesto habitual (Foto: mundod.lavoz.com.ar)
Ahora que hace pocas semanas que anunció su retirada definitiva del fútbol, es el momento de recordar a uno de los más grandes ‘10’ que se ha visto sobre un campo de fútbol. “El último 10 argentino”, “Topo Gigio”, o simplemente: ROMÁN, como le solía llamar el gran Marcelo Araujo, les hablo aquí hoy de Juan Román Riquelme.

Con un carrera casi capicúa (Boca Juniors, Barcelona, Villarreal y Argentinos Juniors), su peculiar carácter le privó de ser (aún) más grande de lo que fue. Dicen que Riquelme necesitaba sentirse a gusto en un sitio para poder rendir adecuadamente; y puede que hubiese algo de ello aunque más bien, que Román necesitaba un equipo que “jugase para él”, un equipo donde recibiese el balón y lo manejase a su antojo. Un equipo en el que todo el juego de ataque pasase por sus botas.

Por ello, fue el amo absoluto en Boca Juniors, en sus dos etapas principales (de 1996 a 2002 y de 2008 a 2014) y en la mágica etapa de Villareal (de 2003 a 2006). Entre medias, un mediático fichaje por el Barcelona, como teórico buque insignia del segundo proyecto de Van Gaal, una cesión a Boca Juniors tras sus desavenencias con Manuel Pellegrini y una vuelta a Villarreal en una segunda etapa bastante menos brillante que la primera.

En toda esta sucesión de idas y venidas, se encuentra muy bien plasmado ese carácter del argentino: con Louis van Gaal, en el Barcelona, al margen de que fue situado fuera de su posición natural, nunca fue el eje del juego de ataque, nunca fue considerado la primera opción en la salida del balón; con Manuel Pellegrini en Villarreal, el “matrimonio” que tan bien funcionase durante varios se rompió, dicen, por el carácter y la forma de ser de Román.

Pellegrini, hombre de ideas fijas y que defiende (con bastante razón, pienso) que el grupo debe estar por encima de cualquier jugador, se llame como se llame, relegó al jugador a la grada. Y, salvo la cesión a Boca en la primera mitad del año 2007, Riquelme estuvo casi un año y medio sin jugar.

Pellegrini, en rueda de prensa, cuando era entrenador del Villareal (Foto: infobae.com)


Pero, antes de llegar a aquello, Villarreal vivió varios años en una nube con su equipo de la mano de Manuel Pellegrini en el banquillo y Riquelme y Diego Forlán, entre otros, sobre el terreno de juego. Para aquellos lectores de fuera de España, pongámonos en situación: Villarreal es una pequeña población de apenas 50.000 habitantes. Tiene un mérito infinito haber competido varios años por las primeras posiciones de la Liga. Pero, como casi siempre, detrás de una historia de este tipo, hay un secreto en forma de dirigir el club: Fernando Roig, su propietario y presidente (también co-propietario de la cadena de supermercados Mercadona) es un excelente gestor y su política deportiva, siempre a la búsqueda de nuevos valores (sobre todo, en Sudamérica) es el espejo donde deberían mirarse muchos grandes.

El punto más álgido de este Villareal lo alcanzó en la Champions 2005/06, donde alcanzó las semifinales. Y pudo ser aún mejor…

En la ronda previa, eliminó al Everton inglés con un global de 4 a 2 (2 a 1 en cada partido). En la fase de grupos, ganó su grupo por delante de Benfica, Lille, ¡¡y Manchester United!! En octavos, dejó fuera a otro equipo británico, el Glasgow Rangers; en cuartos, al todopoderoso Inter de Milan, por el valor doble de los goles en campo contrario (derrota por 2 a 1 en Milan y victoria por 1 a 0 en casa).

Y llegamos a las semifinales, que enfrentaron al Villareal con el Arsenal; un Arsenal que había dejado fuera nada menos que a Real Madrid y Juventus. Derrota por 1 a 0 en Highbury (por aquél entonces, estadio del Arsenal) y todo abierto para el partido de vuelta.

Y aquel partido disputado el 25 de Abril de 2006 es uno de los más épicos que uno ha visto. Y, también, uno de los que han tenido un final más cruel. El Villarreal, muy inferior al Arsenal en muchos aspectos, se lanzó a tumba abierta al ataque, con la inconsciencia de quien no tiene (casi) nada que perder. Se dejó el alma en el campo, fue superior, tuvo oportunidades de sobra para marcar más de un gol: incluso, Forlán, consumado goleador, fallaría a puerta vacía.

Y, en el minuto 89, un penalty de Clichy a José Mari dio al Villareal la oportunidad de empatar. Pero Riquelme, Román, Topo Gigio falló… O Jens Lehmann, portero alemán del Arsenal, acertó. Mientras El Madrigal era un clamor tratando de animar al argentino (Riquelme, Riquelme), éste permaneció ido hasta el final del partido, mirando a Lehmann y, tal vez, preguntándose cómo había podido fallar. Donde el Madrigal y la afición del Villarreal vieron que aquello era, en todo caso, una hazaña, Riquelme vio un fracaso. Un fracaso que le privó de llegar a lo más alto en Europa.

Lehmann, deteniendo el penalty de Riquelme (Foto: eurosport.com)


Tal vez, ese penalty, esa situación sea una paradoja perfecta de la carrera de “Topo Gigio”. Un grande, indiscutible pero un grande al que le faltó una décima de segundo, un milímetro, un penalti… para ser todavía más grande e inmortal.

AD10S Román

Riquelme anunció su retiro del fútbol, ya todos lo saben. Las noticias hoy en día corren con la misma rapidez que Usain Bolt. Pero es probable que algunos desconozcan la importancia de Juan Román Riquelme en el fútbol.
A los 36 años, el mejor amigo de la pelota, se despide de ella
Román comenzó su carrera futbolística en Argentinos Juniors, ya desde ese entonces su talento y su trato único con la pelota comenzaban a lucirse. En ese entonces los enganches en el fútbol argentino eran –casi- moneda corriente. Él, un enganche más, se proclamó desde el primer momento fanático de Boca Juniors y tal es así que rechazó un contrato de River Plate previo a su fichaje al club de sus amores en el ’96.

Boca con su arribo y el de Carlos Bianchi, vivió su época más exitosa. 6 títulos consiguió con el club xeneize hasta que su traspaso al Barcelona se concretó. Su paso por el club español no fue bueno y tras una temporada, se marchó al Villarreal.

Debutó el 11 de noviembre de 1996 ante Unión 
Juntos, Bianchi y Riquelme, lograron 6 títulos en Boca
Y allí sí que se volvió a ver el Román que deleitó a toda la platea en Boca Juniors, porque se convirtió en el abanderado de una de las mejores épocas del submarino amarillo. En el 2006, condujo al equipo hasta las semifinales de la Champions League; pero quiso el destino que sea él mismo quién errara el penal ante Lehmann que le terminó dando la clasificación al Arsenal y dejándolo en la puerta de la gloria " Al último diez”.

Con el Villareal, Riquelme ganó dos títulos
Román falló el penal que le daba la clasificación a la final de la Champions en 2006

La relación entre Riquelme y el entonces entrenador del Villareal, Pellegrini, no era buena y el argentino volvió a su primer amor, Boca, en el 2007. El fútbol como han estado hartos de escuchar y leer: siempre da revancha. Porque fue en ese mismo año que el enganche no sólo consiguió ganar nuevamente la Copa Libertadores, sino que brilló en un torneo dónde sus goles de tiro libre fueron epicentro de análisis y elogios.


Riquelme continúo en Boca hasta mitad del 2014, logró dos títulos más y dando un portazo (debido a las tensas relaciones que mantuvo y mantiene con la actual dirigencia del club) se marchó al equipo que lo vio nacer: Argentinos Juniors, equipo que buscaba regresar a Primera División. A fines del 2014, logró el ascenso con su equipo y en los albores del 2015; anunció su retiro del fútbol.

Román, como se lo conoce, se despide del fútbol. Para muchos uno de los mejores diez de la historia, para otros el mejor en la historia de Boca Juniors; lo cierto es que el mundo del fútbol despide a uno de los mejores jugadores que ha dado ese deporte. Cómo pocos supo ver y entender ese juego, como dijo Thierry Henry: “A veces parece fácil jugar al fútbol cuando está Riquelme” o Pirès “Román me enseñó que el fútbol es fácil".

Romñan regresó a Boca en el 2007 y consiguió la Libertadores
Incluso Ronaldo lo elogió tras la noche en que Boca logró su tercera Libertadores, ganándole al Palmeiras en la tanda de penalties: “Todo Brasil se quedó alucinado cuando se enfrentó al Palmeiras por la Copa Libertadores. Sólo un fenómeno hace lo que él hizo esa noche".

Riquelme, el técnico en el campo de juego, el distinto, el que transformaba lo difícil en fácil, el también polémico pero siempre elogiado por todos - incluyendo rivales-, se despide de su mejor amiga, de su primer y eterno amor: la pelota.

Ya lo ha dicho el propio futbolista: “Mi hermano me pregunta porque le doy un beso a la pelota antes de rematar y le digo que es porque cada vez se la trata peor". Y es quizás quién más llore su despedida. Sabe que no habrá otro que la trate con la mima clase, con el mismo cariño y con el mismo respeto que Juan Román Riquelme la trataba.

En Boca disputó 427 partidos y convirtió 99 goles
El mundo del deporte llora su retiro, no sólo aficionados de Boca, Villareal, Argentinos Juniors o Barcelona. Riquelme fue un antes y un después del fútbol; embelleció el deporte, los transformó, supo hacer de técnico-jugador en un mismo momento, supo adelantarse en cada jugada antes que cualquier rival, entendió que el fútbol es un deporte dónde gana quién mejor sabe tratar al balón y sobre todo supo disfrutarlo hasta el último día que disputó un partido oficial.


Qué el fútbol lo llore es un síntoma que ha hecho las cosas de excelente forma. Pero mejor síntoma será que lo que le ha dado al deporte logre llegar a generaciones futuras. Porque si existen nuevos futbolistas que quieran ser como él, el fútbol -el fútbol bonito- seguirá en pie.
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