Entrenadores, escepticismo y utopía: Dunga
Anderson Ayala Giusti (@Anderson2_0)
“La historia es
cíclica”. A ese consenso llegan los historiadores para definir el curso de la
historia. Para algunos, sin embargo, no es cíclica, sino lineal. La historia ya
reflejó en sus innumerables fuentes que hubo una época dorada en el fútbol: la
década de los 70’, que no sólo tuvo extraordinarios jugadores y revolucionarios
sistemas tácticos y de juego, sino también la consagración de un estilo en
particular, que hasta el día de hoy no se ha podido emular por nadie: el famoso
‘jogo bonito’, que tuvo en el Rey Pelé a su máximo representante.
El jogo bonito, sin
dudas, fue la época dorada del fútbol brasileño. De ahí en adelante han dicho
presente buenos seleccionados brasileños con inolvidables jugadores, pero
ninguno tan majestuoso como el del Mundial de 1970. Eso hasta la década del
2000, y es que a partir de finales de década, el fútbol brasileño pareció haber
entrado a un bache, en el cual ha venido adentrándose aún más desde el último
mundial celebrado en su tierra. Decadencia es una palabra muy fuerte, pero
podría llegar a describir lo que ha sido la seleçao en los últimos torneos
internacionales, sobre todo de la mano de Carlos Caetano Vledorn Verri, mejor
conocido como Dunga.
Llegó a mediados de
2014 luego de un catastrófico mundial para “poner orden en la selección”. Sus
características en el campo, en su época de jugador, eran la rigidez y
disciplina, y eran esos ideales los que se le pidió que trasladara a la
selección. Lamentablemente, para él, ni siquiera eso pudo plasmar en el equipo.
Los jugadores que Dunga llevó a la selección desde la Copa América 2015 no
fueron nunca compatibles con el estilo de juego del capeón del mundo en 1994.
Por sus mismas cualidades futbolísticas, los jugadores técnicos, dinámicos, de
gran calidad, buen toque, y de sublime juego asociado nunca pudieron adaptarse
al estilo brusco y de corte defensivo y hasta destructivo que quería su
entrenador.
No hay dudas de que
buscó llevar a la selección lo que él practicaba como futbolista, pero la
realidad no se lo permitió, y Dunga nunca supo darle la vuelta a su idea. El
juego ordenado y de solidez defensiva que él proponía en su época de activo no
pudo llevarlo nunca a la ‘seleçao’ por los jugadores de buen pie que convocó,
perdiendo así todo intento por darle un giro positivo a la ‘verdeamarelha’.
Una Copa América mala
en 2015 en que no consiguió pasar de los octavos de final, y en la que empezó a
dar síntomas de su mal en la selección, dio inicio al proceso del entrenador al
frente de su país. A partir de ahí comenzó a instalar en escepticismo en la conciencia colectiva brasileña. De por medio
tuvo las primeras jornadas de las eliminatorias rumbo a Rusia 2018, y en ellas
ya evidenció todas las carencias que estaba acrecentando en el equipo. Y,
finalmente, en la última Copa América Centenario 2016, terminó por destruir al
seleccionado brasileño que ya había comenzado a devastar.
No les permitió a sus
jugadores liberarse y practicar lo que saben; por el contrario, les reprimió
esas características típicas del fútbol brasileño y los sometió a su idea de
juego hasta tal punto que tergiverso totalmente el arte de entender este
deporte. En eso falló el seleccionador brasileño, y los resultados fueron claros:
ni buen juego, ni orden o solidez defensiva. La muestra más representativa de
esto se vio plasmada en la última Copa América, y bueno, a Dunga le cortaron la
cabeza desde la CBF luego de que todo el país aclamara su destitución.
Abandonó la ‘seleçao’
tras casi dos años al frente de ella, dejando un saldo de 17 victorias, 5
empates y 3 derrotas en 25 partidos disputados con la selección, incluyendo
amistosos internacionales, las Eliminatorias rumbo al Mundial de Rusia 2018, y
claro, las Copas América de 2015 y 2016. Las estadísticas podrán no parecer tan
negativas, hasta que se analiza el hecho de que los empates y las derrotas
vinieron en partidos clave.
Hoy más que nunca
queda claro que la obtención de algún título por parte de la selección bajo la
dirección de Dunga no era más que una utopía.
No era posible mientras siguiese sometiendo a jugadores tan hábiles a un
erróneo planteamiento futbolístico si se analiza lo que es la historia de
Brasil. Seguramente conseguirá trabajo en algún club de Brasil en un futuro
cercano, pero seguirá impregnando en sus futbolistas la misma idea alienada del
fútbol brasileño. Como sea, bajo su mando ya demostró haber fracasado el
intento de ordenar con rigidez la selección, y ahora tal vez sea el momento de
soltar a los jugadores para que se liberen mentalmente en el campo, y sólo así,
tratar de emular paso a paso lo que fue ese famoso ‘jogo bonito’. Total, si la
historia es cíclica, ya deberá volver a repetirse.







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