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| Ramo de flores en el córner del Calderón (Foto: colchonero.com) |
El
Atlético de Madrid de 1995 era un equipo ramplón, hundido en su propia
mediocridad, muy lejos de la historia del Club y del rendimiento que debía dar
con los jugadores que tenía; de hecho, las temporadas 1993/94 y 1994/95, estuvo
más cerca de los puestos de descenso que del título y plazas europeas.
Aquel
verano de 1995, el club decidió la contratación de Radomir Antic, entrenador
serbio que tan grandes campañas había hecho en el Oviedo; dado que la situación
económica era delicada, la mayoría de fichajes llegaron a coste 0: José
Francisco Molina y Santi Denia, portero y central, respectivamente, del
Albacete, Lubo Penev, veterano delantero búlgaro procedente del Valencia y una
par de promesas sudamericanas como Leo Biagini y Fernando “Petete” Correa”.
Con estos
mimbres y lo que ya había en la plantilla, incluidos nombres de la talla de José
Luis Pérez Caminero y un tal Diego Pablo Simeone, el Atlético tenía que
afrontar la temporada. Sin embargo, en el puzzle de Antic seguía faltando una
pieza. Y la pieza se llamaba Milinko Pantic.
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| Milinko Pantic, durante su etapa en el Atlético de Madrid (Foto: rtve.es) |
Milinko
Pantic era un yugoslavo (serbio, por más señas), absolutamente desconocido para
el gran público. Jugaba en el Panionios griego y, pese a las reticencias que
despertaba entre afición y directiva un jugador del que jamás se había oído
hablar, Antic insistió e insistió para conseguir su fichaje.
De
hecho, se cuenta que ofreció a la directiva pagar de su bolsillo los 80
millones de pesetas (de aquél entonces) que costaba su fichaje, tal era la
confianza que tenía en su compatriota. Finalmente, la directiva accedió a pagar
el fichaje y Milinko se reveló como uno de los mejores jugadores que ha pasado
en los últimos 20 años por el Calderón.
Desde
su posición de enganche con la delantera, en ese mediocampo que completaban
Vizcaíno como pivote defensivo y Caminero y Simeone de interiores, el serbio
fue pieza clave en el histórico doblete conseguido por el Atlético en la
temporada 1995/96: Liga y Copa del Rey.
Su
visión de juego y capacidad combinativa fueron importantes pero el gran
descubrimiento fue su habilidad en el balón parado. Excelente lanzador de
faltas directas y, a la vez, fantástico lanzador de córneres o faltas laterales,
sus compañeros le deben estar eternamente agradecidos: era para hacerle un
monumento.
Y el
monumento, se lo hizo la directiva: un busto en el Calderón para conmemorar su
gol de cabeza que dio al Atlético la Copa del Rey 1995/96. Casualidades del
destino: el hombre que tantos centros había puesto para que sus compañeros
rematasen de cabeza, decidió, de cabeza, la final de la Copa del Rey.
La
devoción por el serbio llegó (y llega) a tal punto que cada día que juega el
Atlético en el Calderón, sea domingo o entre semana, llueva, nieve o haga
calor, una señora deposita un ramo de flores (en concreto, 24 claveles, 12 rojos y 12 blancos) en uno de los córner del Fondo
Sur del Calderón como homenaje al mito y a su don para sacar balones parados. Hace 17 años que el serbio abandonó el
Calderón pero ni un solo día ha faltado el ramo de flores (si el estado físico de esta buena mujer la ha impedido ir al Calderón, siempre ha encargado a alguien que lo pusiese) .
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| 24 claveles para Pantic (Foto: abc.es) |
La tradición comenzó mientras el serbio todavía jugaba en el Calderón y lo curioso del asunto es que las primeras veces que el ramo fue colocado, al primero que molestó, a la hora de sacar los corner, fue al propio Milinko, quien las tiró más allá de la la valla de cristal. La señora, herida en su orgullo, consiguió, a través de un empleado del club, hacer llegar al serbio una nota manuscrita que decía: "No las tires. Son para tí".
Milinko Pantic, educado y caballeroso donde los haya, se puso en contacto con la señora, le pidió mil perdones, le regaló su camiseta y nunca volvió a tocar el ramo.
A día de hoy, pocas afrentas mayores pueden hacerse a la afición del Calderón que no tratar el ramo con máximo respeto. Quien de una patada al ramo (y ha habido casos) será odiado para siempre en el Calderón.
Larga
vida al ramo.