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| Bin Zayed junto a Mancini en su primera temporada en Manchester |
El fútbol, al igual que nuestra sociedad
actual, depende cada vez mas del dinero, esto lo podemos observar, por ejemplo,
en las enormes cantidades que cada día se ofrecen para traspasar a un jugador
de un club a otro, también en los contratos multimillonarios que se acuerdan
con imágenes publicitarias o en los derechos televisivos.
Una mala gestión de cualquiera de estos
puntos puede conllevar a la aparición de deudas con clubes y/o entidades
financieras. En los casos más extremos, una gran deuda puede dar lugar a la
desaparición del equipo. Para que esto no suceda, desde dirección se buscan a
empresarios que adquieran los derechos del club con el fin de subsanar
cualquier error financiero que se cometiera en el pasado. En ese momento es
cuando aparece la figura del 'jeque' o 'magnate' multimillonario, los cuales, a
base de talonario, se hacen con casi la totalidad del equipo y, aparte de
acabar con las deudas, invierten gran cantidad de dinero en nuevos jugadores.
Si todo este proceso sale como es debido, normalmente se ejerce una inmediata
mejora futbolística y económica que hacen que el club aumente su reputación
considerablemente.
Que un magnate esté dispuesto a
desembolsar parte de su fortuna en tu club no es nada fácil, solo unos pocos
equipos pueden conseguirlo. Es tan poco habitual que, cuando llega la noticia,
esta se hace eco en portadas de periódicos durante semanas y la expectación por
parte de prensa y afición es máxima. Quizás son tantas las expectativas que la
mayoria de veces acaban decepcionando, pero en otras ocasiones puede acabar en
un rotundo éxito.
¿Que razones llevan a los jeques o
magnates a salir de sus mansiones y decidirse a comprar un club? Existen diversos factores, aunque siempre
o casi siempre el magnate busca rentabilidad, poder sacarle beneficio económico
a corto y largo plazo; también puede darse el hecho de compra por simple ocio,
estos casos son los que normalmente acaban fracasando por una mala organización
y poca rigurosidad a la hora de gestionar el club; el último ,y no por ello
menos importante, es el de darse a conocer, que tu nombre suene en la mayoría
de medios de prensa mundiales es un buen escaparate para ganar fama individual
o hacer que tus empresas en el exterior sean más conocidas.
España ha sido un claro ejemplo del fracaso que puede tener
un inversor si no realiza una buena gestión. El caso más dramático lo
protagonizó Ahsan Ali Syed,
un millonario indio que adquirió una gran parte del Racing de Santander, equipo
que se encontraba en una gran crisis. Trajo la esperanza de salvarlo pero
finalmente no cumplió con sus promesas y hundió aún más al club cántabro.
Poco después llegó a Málaga Abdullah Al-Thani, jeque catarí que ilusionó durante
su primera temporada, llegando lejos en Champions y realizando fichajes de
renombre como Van Nistelrooy, Joaquín o Baptista. Pero poco duró la alegría ya
que debido a deudas y demás líos financieros dejó los fichajes y actualmente el
equipo tiene que tirar de cantera para seguir adelante. El último en llegar ha
sido Peter Lim, empresario
de Singapur que esta misma temporada ha comprado el Valencia C.F. prometiendo
elevar al conjunto ché junto a los más grandes de Europa.
Inglaterra, al contrario que España, ha visto
como a lo largo de los años multimillonarios compraban e invertían en sus
distintos equipos llevándolos hasta lo más alto y haciendo de la Premier una
liga de mayor calidad. El primero en llegar y el que todavía se mantiene es el
ruso Roman Abramovich magnate que en 2003 compró el
Chelsea y revolucionó el mercado inglés invirtiendo cifras estratosféricas en
sus traspasos. El esfuerzo dió sus frutos y los títulos fueron llegando a la
ciudad londinense. Unos años más tarde desembarcaría en Manchester con 250
millones para invertir el jeque árabe Mansour
Bin Zayed, propietario de un grupo inversor de Abu Dhabi que se ha hecho
dueño y señor del Manchester City. El ruso más rico del mundo, Alishev Usmanov, también llegó
a la Premier en el mismo año que Bin Zayed para hacerse con el 30% de las
acciones del Arsenal, aunque su inversión no ha tenido tanta repercusión como
la de las dos anteriores.
Francia se ha convertido en el país de moda para los grandes
jeques, dos de ellos han interrumpido con gran fuerza en el fútbol galo. Nasser Al-Khelaifi se hizo con el dominio del PSG y
desembolsó gran parte de su fortuna adquiriendo jugadores de talla mundial como
Cavani, Thiago Silva o, la guinda de su proyecto, el sueco Zlatan Ibrahimovic.
Nasser es un jeque ambicioso y lejos de quedarse ahí año tras año sigue
invirtiendo y pujando por los futbolistas más preciados del mercado. En 2011,
otro magnate multimillonario, Dymitry Ryboloviev, esta vez
procedente de Rusia, llegó a Mónaco cuando el equipo se encontraba en 2º
división, armó una de las mejores plantillas de su categoría y consiguió
ascender a Ligue 1, esa temporada consiguió convencer a grandes jugadores, como
Falcao, para que se unieran a su proyecto a pesar de jugar competición europea.
Todo salió bien y este año se clasificaron para Champions League.
Rusia, a pesar de ser una liga menor que las nombradas
anteriormente, cuenta con magnates liderando algunos de sus clubes. Una de las
principales razones de esto es el potencial económico de los empresarios de la
zona, que llevan a que aumente el número de millonarios dispuestos a invertir.
Un ejemplo de esto es Suleyman
Kerimov, magnate que, gracias a los negocios con petroleo y el gas, ha
conseguido aumentar su fortuna y comprar el Anzhi Makhachkala. Se hizo famoso
en el mundo del fútbol por pagar 20 millones anuales a Samuel Eto´o y
convertirlo en el mejor pagado del mundo. A dia de hoy ya apenas quedan
jugadores conocidos en el Anzhi. Valery
Golubev, presidente de la empresa Gazprom, es presidente del Zenit St.
Petesburgo. A golpe de talonario ha conseguido traer a Rusia a Hulk, Witsel,
Danny y más cracks de altísimo nivel. El mítico CSKA de Moscú también está
presidido por un magnate llamado Yevgeny
Giner, aunque no desembolsó tanto capital como Golubev o Kerimov.