| Nuno Espírito Santo llegó a Mestalla tras haber sido revelación con el Rio Ave en Portugal (Fuente: sifutbol.com) |
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Es común entre los jugadores de fútbol
que decidan retirarse de las canchas entre los 35 y 40 años, para tomarse un
descanso y pasar tiempo de calidad con la familia. En muchos casos esos
jugadores retirados deciden volver al fútbol, ya no como intérpretes de una
idea de juego, sino como los ideólogos propios, es decir, deciden volverse
entrenadores, para lo cual necesitan sacar la licencia en su respectiva
federación de origen.
El
sueño de todos esos entrenadores es seguramente llevar a sus equipos a la
gloria, y poder marcar un antes y un después de ellos en la historia del fútbol,
pero la realidad es que ese objetivo se presenta muchísimo más difícil de lo
esperado, y la profesión de ser entrenador ya ha demostrado ser peligrosa, no
porque se pueda correr el riesgo de sufrir algún daño físico o mental grave,
sino porque en un abrir y cerrar de ojos pueden ser destituidos de sus equipos,
especialmente cuando los resultados no favorecen el juego, lo cual se puede dar
porque sus dirigidos ya no entienden la idea, o cuando se ha roto la relación
con el vestuario.
Esta
temporada del fútbol europeo (2015-2016), que ya arrancó su segunda mitad en la
gran mayoría de las ligas, ha demostrado en más de una ocasión que cuando los
resultados no acompañan al entrenador, la posición más lógica de los dirigentes
termina siendo la de destituirlos sin importar su jerarquía, currículo, o lo
bien que hayan actuado con el equipo la pasada campaña. Es por ello que
presento a continuación el análisis de tres entrenadores de equipos importantes
de Europa, que ya no están en los puestos en que comenzaron la campaña.
El
primero de estos personajes que me atreveré a analizar es el entrenador suizo Lucien
Favre, ahora ex-técnico del Borussia
Mönchengladbach, que llegó al club alemán en febrero de 2011 y lo hizo con
la obligación de salvar la categoría aquella temporada. La pasada campaña, logró
meter al equipo en la Liga de Campeones de la UEFA, tras haber quedado tercero
en la Bundesliga, con un saldo de 19 victorias, 9 empates, y seis derrotas en
un total de 34 partidos de liga.
Si
bien el Mönchengladbach no es el equipo más importante de Alemania, hay que
recordar que tiene en su palmarés dos títulos de lo que ahora se llama UEFA
Europa League (1974-1975, 1978-1979), por lo que tiene que considerarse como un
equipo importante de Europa.
Ahora
bien, el entrenador suizo logró una excelsa temporada 2014-2015 con el equipo,
y lo catapultó a la competencia elite del fútbol europeo, con un estilo de
juego muy ordenado y dinámico, no tan ofensivo, pero si con buena solidez
defensiva, haciendo además partidos grandes como la victoria (0-2) que consiguió
frente al líder, Bayern Munich, en su visita al Allianz Arena.
Pero
ese buen juego que Favre logró implantar en el equipo se vino abajo al iniciar
la presente temporada, quizás en parte por la salida de Max Kruse y de
Christoph Kramer del equipo, y ello se reflejó en las primeras cinco jornadas
del torneo, en las que registró cinco derrotas, y en la primera fecha de la
Liga de Campeones frente al Sevilla, contra el que también cayó estrepitosamente.
En esos seis partidos, el juego del equipo fue sumamente vacío, con una falta
de circulación ofensiva increíble, y una pasividad y sobre todo fragilidad
defensiva, que hizo que el equipo se viniera abajo.
En
ello pudo afectar la falta de buenos jugadores para reforzar el equipo, pero el
caso es que esa baja de juego reflejada en los resultados tuvo como
consecuencia la dimisión de Lucien Favre como entrenador del equipo, y en su
lugar llegó el alemán André Schubert, quien hizo que el cambio se notara inmediatamente,
sumando la totalidad de los siguientes 30 puntos posibles, hasta la caída con
el Bayer Leverkusen en la penúltima jornada de la primera mitad de la liga.
Pasando
a otro entrenador que también se vio afectado por la baja de juego de su equipo,
encontramos al norirlandés Brendan Rodgers, ahora ex-técnico del Liverpool FC, cuyo caso es más curioso
que el anterior, y es que estuvo en un club caracterizado por ser de técnicos,
y no de jugadores, prueba de lo cual es el reducido número de 22 entrenadores
en sus 123 años de historia.
Estando en un club en el que se le ha
dado continuidad a los procesos de los entrenadores, aún en los malos momentos,
la desfavorable situación de Brendan Rodgers esta temporada no daba signos
drásticos de terminar en su destitución, sobre todo después de la buena campaña
realizada en la temporada 2013-2014, en la que acabó subcampeón y a dos
victorias de quedarse con el título.
La
pasada temporada el equipo comenzó a demostrar signos de decaimiento, tras
haber registrado 18 victorias, 8 empates y 12 derrotas en 38 partidos (8
victorias menos, 2 empates más y 6 derrotas más que en la 2013-2014), y tras
haber quedado eliminado en la fase de grupos de la Liga de Campeones de la
UEFA, y luego en las primeras instancias de eliminación directa de la Europa
League, además de haber exhibido una deplorable baja en el nivel de juego,
mayormente en la producción ofensiva (en parte por la salida de Suárez y las
lesiones de Sturridge), con circulación poco creativa y con muchas pasividades
defensivas.
Ese
decaimiento terminó por hundir al Liverpool de Rodgers en la presente campaña,
tras haber iniciado con mal pie tanto la liga inglesa como la Europa League. En
la primera competencia, en 8 jornadas no logró sino obtener 3 victorias, 3
empates y 2 derrotas, y en el segundo torneo, sólo consiguió 2 empates frente a
rivales claramente inferiores. La falta de dinamismo y de verticalidad que
nunca pudo recobrar el norirlandés, fueron las que terminaron por firmar su
sentencia, y abandonó el club el día 4 de octubre.
Lo
reemplazó el alemán Jürgen Klopp, que se encontraba sin equipo luego de haber
abandonado el Borussia Dortmund en mayo de 2015, y el cambio fue notable, no
inmediatamente en cuanto a los resultados, pero si en el estilo de juego, pues
logró darle mayor eficacia al ataque, y consiguió que se generase mucha más
circulación ofensiva del balón, exitosa frente a importantes rivales como el
Chelsea, al que le ganó 3-1 como visitante, y el Manchester City, al que venció
4-1, también en condición de visitante.
Continuando
con otro caso llamativo, y este será el último que presente en este artículo,
se halla el del portugués Nuno Espírito Santo, ex-entrenador del Valencia
CF, quien terminó saliendo por la puerta de atrás, luego de haberse peleado
con el público y con el vestuario.
Nuno
llegó en julio de 2014 para reemplazar a Juan Antonio Pizzi, y en su primera
temporada logró regresar al Valencia a la Liga de Campeones de la UEFA, tras
completar una gran temporada en liga, en la que registró 22 victorias, 11
empates y sólo 5 derrotas (1 más que el campeón Barcelona). El estilo de juego
que Nuno implantó en el equipo valenciano fue claramente positivo para la liga
BBVA, pues el orden táctico tan bien mantenido, la muy buena producción
ofensiva (70 goles), y la mejor producción defensiva (32 goles), contribuyeron
en hacer de la temporada 2014-2015 un retorno a la élite para el equipo ‘Che’.
Esa
pasada campaña concretó grandes triunfos como el 3-1 frente al Atlético de
Madrid en Mestalla y el 2-1 al Real Madrid en el mismo estadio, lo que ofreció
una imagen más competitiva del Valencia, para demostrar que podía hacer frente
a los grandes equipos de España.
Pero
el buen juego del equipo, gracias al orden ofensivo y el dinamismo ofensivo,
comenzó a decaer al inicio de la presente temporada, luego de haber superado
los Play-Offs de la Liga de Campeones al vencer al Mónaco con un global de 4-3,
que pintaba para hacer de esta temporada otra de éxito para los valencianos.
La
pérdida de juego, reflejada claramente en los resultados (en 13 partidos
consiguió un saldo de 5 victorias, 4 empates y 4 derrotas por liga, y 2
victorias y 3 derrotas en 5 partidos disputados de Liga de Campeones), vino
dada, quizás en gran parte, por los conflictos del entrenador portugués con
algunos de sus jugadores (entre los que destaca Álvaro Negredo), lo que le ganó
la desaprobación del vestuario y más notablemente la de los hinchas de
Mestalla.
Tras
haber exhibido falta de verticalidad, de solidez defensiva y sobretodo de carácter
en la gran parte de sus partidos disputados esta presente temporada, Nuno optó
por dimitir el 29 de noviembre, y en su lugar llegó el inglés Gary Neville,
cuya idea de juego no se ha plasmado aún en el equipo, y no se ha mostrado
ninguna mejoría en absoluto, por lo que la decisión de haber traído al
inexperimentado ex-jugador inglés puede parecer para muchos arriesgada.
Por
ahora me gustaría ir dando una conclusión preliminar sobre lo expuesto aquí, y
es que el fútbol europeo sigue demostrando ser resultadista, porque cuando los
resultados no acompañan a un entrenador, siempre el que terminará perjudicado a
los ojos de todos será él, así su equipo juegue muy bien pero no gane, o aunque
juegue mal y aún así gane.
En todo caso, jugando bien hay más
posibilidades de ganar, y parece que a los dirigentes de ese enorme monstruo
que es el fútbol europeo, experto en dejar a entrenadores sin trabajo, lo que
les importa es ganar, por lo que los proyectos, que en muchos casos se pensaba
que podrían ser a largo plazo, se ven acabados con una mala racha, y ante ella
se hace necesario un cambio en la dirección técnica, que puede terminar siendo
acertado o no, pero que resulta esencial para el futuro inmediato del equipo.
Este artículo continuará…





