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from United States, California.

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Azules contra rojos (o el poder de la ideología)

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Por Alfonso Massó (@alfonsomasso) 

Terminada la Segunda Guerra Mundial, y establecido un nuevo orden mundial claramente diferenciado en dos bloques enfrentados en lo que vino a denominarse “guerra fría”, el comunismo y su principal impulsor, la Unión Soviética fueron vistos como el enemigo para los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN.

Europa vivía días de estabilidad y prosperidad gracias, en buena parte, al Plan Marshall y se sucedían acontecimientos que invitaban al optimismo como la firma del Tratado de Roma en 1957 para la constitución de la Comunidad Económica Europea (antecesora de lo que hoy conocemos como Unión Europea) por parte de Alemania Federal, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Holanda, y otros en los que se palpaba el clima de “alta tensión” entre ambos bandos como el inicio de la construcción del Muro de Berlín y de la carrera espacial soviética enviando al primer hombre al espacio en 1961.

En lo deportivo, el nacimiento de la UEFA en 1954 ayudó a impulsar en la temporada 1955-56 la creación de una competición entre clubes europeos denominada como Copa de Clubes Campeones de Europa, la Copa de Europa, promovida por el periódico deportivo francés L´Équipe de la mano de su director en esa época Gabriel Hanot junto con su colega Jacques Ferran y el presidente del Real Madrid, Santiago Bernabéu y continuar así con la competición entre clubes de distintos países como ya venía ocurriendo antes con la Copa Mitropa o la Copa Latina.

También fue un francés el precursor de la Eurocopa o Copa de Naciones de Europa, llamada así en sus dos primeras ediciones. La historia se remonta a 1927, cuando Henri Delaunay, entonces secretario de la Federación Francesa de Fútbol, formuló la idea de un campeonato de naciones europeas al ver que en Sudamérica ya se jugaba el Campeonato Sudamericano (Copa América) desde 1916. Muchas federaciones no estaban de acuerdo con la idea, y por la dificultad en la época para cuadrar los encuentros el torneo no se concretó hasta 1957, año en que se realizó el Congreso de la UEFA. Delaunay había fallecido dos años antes de dicho congreso, pero su gran idea de la competición hizo que el trofeo fuera nombrado en su honor como “Copa Henri Delaunay”.

La primera edición, pues, se disputó en 1960 participando 16 equipos aunque con ausencias notables como las de las selecciones de Alemania Federal, Italia e Inglaterra. El sistema de competición se fijó en eliminatorias a doble partido, excepto las semifinales y final que se disputarían en Francia como sede fijada previamente.

El episodio extradeportivo más destacable de aquella primera edición que acabó ganando la URSS al derrotar en la final a Yugoslavia por 2-1, fue precisamente la prohibición por parte del dictador fascista Franco de que la selección comunista jugara en territorio español. España había eliminado a Polonia en octavos de final y la URSS a Hungría. El cruce de cuartos de final emparejó a ambos países que no tenían relaciones diplomáticas en ese momento y aunque los dirigentes deportivos veían con interés el duelo con los soviéticos, el gobierno de Franco no tenía intención alguna de que el deporte sirviera para entrar en contacto con el “diablo rojo”. El presidente de la Federación Española viajó con urgencia a París para intentar buscar una solución y ofreció a la UEFA, tres alternativas: jugar los dos partidos en Moscú renunciando a derecho económico alguno de las taquillas y asumiendo todos los gastos de la selección en la semana que tendría que estar en la capital soviética; jugar el segundo partido en campo neutral o, por último, los dos en una ciudad europea que no fuera española ni soviética.

La URSS rechazó estas propuestas y por medio de su propaganda aseguraba que "el gobierno fascista español tiene miedo al equipo del proletariado soviético”. Presentaron una protesta formal ante la UEFA para que alplicaran el reglamento de la FIFA lo que condujo a la expulsión de España de la Eurocopa, sancionándola con una multa de 2.000 francos suizos. Por supuesto, de esa decisión no hubo rastro en la prensa española.

Política y deporte se volvían a dar la mano. De hecho seis años antes, la Unión Soviética se retiró, por cuestiones políticas, del grupo de clasificación para el Mundial de 1954 que compartía también con España y Turquía. Es díficil tratar de entender la decisión tomada desde el punto de vista deportivo pues España dominaba el fútbol continental a nivel de clubes (Real Madrid y Barcelona habían ganado la Copa de Europa y la Copa de Ferias esa misma temporada). Y en la selección jugaban Di Stéfano (Balón de Oro en 1957 y 1959), Luis Suárez (Balón de Oro al final de ese año), el nacionalizado Kubala, Gento, Del Sol, Peiró...

Cuatro años después, la historia volvió a repetirse. Pero esta vez sí hubo enfrentamiento deportivo. Desde la Delegación Nacional de Deportes se trabajó intensamente ante la FIFA para lograr que la fase final de la Eurocopa se celebrara en España. La publicidad de cara al exterior iba a ser enorme, para un régimen que se encontraba en plena época de “aperturismo”. En lo futbolístico, la competición se desarrolló con más países participantes 29 (aunque sin la presencia, de nuevo, de Alemania Occidental). Los equipos que llegaron a la fase final fueron: España, Hungría, URSS y Dinamarca. España venció en semifinales a los magiares (ya no tan mágicos) por 2-1, mientras que los rusos derrotaron por 3-0 a los daneses en el Camp Nou. 

El domingo 21 de junio en el estadio Santiago Bernabéu, España y la URSS jugaron la final con la presencia en el palco de Franco. La actual campeona de la competición, tenía una poderosa defensa, un ataque de lujo y, sobre todo, contaban con “la araña negra”, Lev Yashin el portero que la temporada anterior se había hecho con el Balón de Oro. Enfrente, una selección española en la que destacaban jugadores como Iríbar, Luis Suárez, ganador de la Copa de Europa con el Inter de Milán tras derrotar por 3-1 al Real Madrid de Zoco y Amancio Amaro, entre otros, y Marcelino y Lapetra, los delanteros del Real Zaragoza que esa temporada conquistaron la Copa de Ferias y la Copa del Generalísimo (actual Copa del Rey).

Precisamente el gol que dio a España su primera Eurocopa lo marcó Marcelino en el minuto 84 a pase de Pereda que había anotado el primer gol de la final. Curiosamente, durante mucho tiempo la mayoría de la gente tuvo la convicción de que Amancio realizó el pase del gol, debido a que la imagen del centro no fue grabada por la televisión, y se montaron las imágenes sobre un centro de Amancio. Así se puede leer la narración del gol en la crónica del diario ABC: “ese gol de Marcelino, ya histórico, prodigio de remate en posición “antigol”, sin posibilidad de anuncio, razón por la que el guardameta más famoso del mundo se encontró batido sin hacer movimiento alguno para detener lo que llegaba a su portería de forma diabólica”.

La selección española tardaría 20 años en volver a jugar una final. En 1984, Arconada, Víctor, Maceda, Camacho, Señor, Santillana, Carrasco y compañía perdieron contra Francia por 2-0. Y tuvieron que pasar otros 24 (44 años en total) para que volviera a ganar otra Eurocopa que puso fín a la maldición de los cuartos de final.

Veranos europeos: La obra de arte de Van... Basten

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Por Alfonso Massó (@alfonsomasso)

Holanda no estará presente en la próxima Eurocopa. Será la ausencia más destacada. La selección que terminó en el cuadro de honor del último Mundial, ocupando el 3º puesto, no fue capaz de clasificarse en un grupo en el que la República Checa, la sorprendente Islandia, y Turquía sacaron más puntos que el conjunto entrenado por Danny Blind. Ya empezó mal la clasificación perdiendo el primer partido ante los checos por 2-1. La inesperada derrota en Islandia por 2-0 empezó a preocupar a los aficionados oranje que vieron como su equipo no fue capaz de enderezar el rumbo en casa sin poder ganar a Turquía (1-1) e Islandia (0-1). En el partido decisivo, Holanda sucumbió en Turquía por 3-0 y dijo adiós a la fase final del torneo por primera vez desde 1984.

La selección del pequeño país europeo siempre ha sido una de las candidatas al título tanto en Mundiales como en Eurocopas desde los años 70 del siglo pasado. Pero le ha sucedido lo mismo que a la selección española: muchas expectativas y pocos resultados. La década de los setenta representó sus años dorados en la que pasaron de no disputar el Mundial del 70 y la Euro 72 a jugar dos finales consecutivas del Campeonato del Mundo: Alemania 74 y Argentina 78 y quedar en tercer lugar en la Euro de 1976.

La época de la “naranja mecánica” con Rep, Neeskens, Krol, Rensenbrik, Jansen, y, por supuesto, el tristemente fallecido Cruyff como algunos de los jugadores más detacados de lo que se llamó el fútbol total, coincidió en el tiempo con el reinado en la Copa de Europa del Feyenoord primero (1970) y del Ajax después (1971-72-73). A partir de ahí, cada cierto tiempo, una nueva generación de futbolistas holandeses (con Bergkamp, Kluivert, Van Nistelrooy, Robben y Van Persie a la cabeza, entre otros muchos) ha sido capaz de sorprendernos y enamorarnos con su juego vistoso y dinámico, aunque al final nunca consiguieran ganar el título en juego.

A finales de los ochenta, en la Eurocopa de 1988, una de esas camadas, sí fue capaz de ganar el que hasta la fecha es el único título que tiene en su palmarés Holanda. A las órdenes de Rinus Michels, el equipo formado por jugadores que militaban en el PSV Eindhoven (Van Breukelen, Koeman, Van Aerle, Kieft...), en el Ajax (Rijkaard, Wouters, Van´t Schip...) y los milanistas Gullit y Van Basten consiguieron llegar a la final y derrotar en el Olympiastadion de Múnich a la URSS por 2-0.

Y eso que el camino no fue fácil ya que perdió en el primer partido ante el mismo rival por 1-0. Tres días después, la victoria ante Inglaterra con tres goles del protagonista de este capítulo haría que la selección holandesa levantará el vuelo y se clasificara para las semifinales con un triunfo por la mínima ante Irlanda con un gol de Kieft a ocho minutos del final.

Los anfitriones serían los rivales en Hamburgo y, otra vez, un gol postrero del delantero del Milan a falta de dos minutos para el final del partido, clasificó a su selección para disputar la gran final. Pero lo mejor estaba aún por llegar. La primera parte de la final había concluído con 1-0 con el gol de Gullit en el minuto 32. A los diez minutos de la reanudación un mal despeje de Zavarov permitió a Adri Van Tiggelen asistir en la izquierda a Arnold Mühren. Su centro al primer toque fue muy bombeado al segundo palo y cuando le llegó el esférico a Van Basten se encontraba muy escorado dentro del área con solo la opción de pase a Gullit. Pero en lugar de eso, enganchó una volea sorprendente con su pierna derecha que pasó por encima de la cabeza del portero ruso Dasayev y se coló por el palo largo.

Aquel gol sigue siendo uno de los mejores goles que se han visto en la historia del fútbol europeo (y mundial): una obra de arte al alcance de muy pocos jugadores. Es para los holandeses y todos los amantes del fútbol y de la belleza, como los cuadros de Van Gogh, patrimonio inmaterial de la humanidad.

Veranos europeos: La moneda que le salió cara a la URSS

El capitán italiano con la Copa de Europa (Foto: uefa.com)
En este capítulo contaremos un hecho ocurrido durante la Eurocopa de 1968 celebrada en Italia. Nuestras protagonistas las selecciones de la Unión Soviética, Italia y una moneda. Una moneda que cambió el destino de la selección italiana.

Europa miraba a Francia como consecuencia de las revueltas estudiantiles de París a las que acabarían sumándose los sindicatos, los obreros y el Partido Comunista. Las revueltas calaron en otras partes del viejo continente y en Checoslovaquia se produjo el movimiento de liberalización política llamado Primavera de Praga que terminó con la invasión del país por parte de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia. En ese contexto político y social se disputó la 3ª edición del torneo en la que solamente cuatro países podían disputar la fase final.

Desde septiembre de 1966 y acabado el Mundial de Inglaterra se celebró la fase de clasificación en la que las selecciones se emparejaron en 8 grupos de los que saldrían los cuartofinalistas. Llama la atención el grupo formado por los cuatro territorios que componen el Reino Unido en una especie del “cuatro naciones” de fútbol y del que Inglaterra (vigente Campeona del Mundo) se clasificó en primer lugar, por delante de Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

Las ocho selecciones clasificadas se enfrentaron a doble partido. Las que ganaron sus respectivas eliminatorias y por tanto se clasificaron para las semifinales fueron: Unión Soviética, Italia, Inglaterra y Yugoslavia. La UEFA, una vez conocidos a los clasificados, estableció que la sede fuera Italia.

El 5 de junio en el Estadio San Paolo de Nápoles, Italia y la URSS jugaron la primera semifinal con el resultado final de 0-0. Por aquel entonces todavía no eran oficiales las tandas de penaltis (seis años antes el Trofeo Ramón de Carranza de Cádiz se decidió de esta manera, siendo la primera vez que se utilizaba para dirimir el ganador de un partido que había terminado en empate, sin necesidad de jugar el “replay”). Así que sin posibilidad de jugar el partido de desempate ya que la final estaba programada para el 8 de junio, el árbitro del encuentro, el alemán Kurt Tschenscher citó en los vestuarios del estadio napolitano a los capitanes de los dos equipos (Facchetti y Shesternev) y se produjo el hecho que cambió la suerte de ambas selecciones: el colegiado lanzó una moneda al aire y la suerte sonrió a Italia.

Lo que pasó en aquel vestuario sólo lo saben los protagonistas e incluso, con el paso del tiempo, los hechos tienden a distorsionarse y distintas versiones son tomadas por verdaderas: que si el árbitro lanzó la moneda y ésta se quedó en un grieta del suelo por lo que repitió el lanzamiento, que si la presencia de la camorra napolitana “ayudó” a que la moneda saliera cruz, que fue la intervención divina de San Genaro la que obró el milagro... incluso según las crónicas del partido que leas, unas veces cuentan que el capitán italiano Giacinto Facchetti eligió cara y otras veces que eligió cruz.

Lo cierto es que Italia jugó la final y derrotó a los yugoslavos por 2-0 en el partido de desempate tras haber igualado a 1 en el primer partido. La selección azzurra compuesta por jugadores de la talla de Zoff, Facchetti, Mazzola, Riva y Rivera conseguía su primera y única Eurocopa y rejuvenecía un palmarés que se había estancado con las dos Copas del Mundo de los años treinta.

La URSS, por su parte, clara favorita para, al menos, haber llegado a la final (ya tenía un título y un subcampeonato de las dos ediciones anteriores) vio cómo la suerte le dió la espalda y comprobó que, a veces, el fútbol no es suficiente.

Alfonso Massó (@alfonsomasso)
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