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| Fuente: Dailymail.co.uk |
Primer día de clase: algunos
intentan figurar, otros intentan pasar por desapercibidos, otros simplemente
figuran. Cosas pasan en los contextos nuevos, en un ambiente puro como un
lienzo en blanco, ¿por qué? porque se da la oportunidad de presentar una obra
de arte en dicho lienzo…o, también puedes plasmar en él la obra más equívoca
del mundo. Claro está que el arte, al igual que el fútbol, tiene subtópicos que
van a targets específicos, y por ende
es complicado tachar algo de equivoco desde un ángulo perspectivista, sin
embargo, el esfuerzo siempre es cuantificable, es decir: en tu primer día, en
tu primer lienzo, éste puede ir como te plazca ya que sería muy subjetivo
calificar de bueno o malo, mas, el esfuerzo siempre será medido. El arte de un
futbolista, u otra profesión, es abstracto, pero, lo que nunca roza esos
limites es el esfuerzo: un matiz cuantificable. Uno que marca la diferencia al
primer día.
Ahora, siendo un poco menos
meditabundo, se puede afirmar –para impulsar la reflexión anterior- que en el
mundo del fútbol de élite existe un importante contraste de esfuerzos bajo
contextos similares: James Rodríguez vs. Gareth Bale. Como dijo
alguna vez Jack ‘el destripador’: <<vamos por partes>>.
Por un lado, está el galés Gareth
Bale. En su primer día de clase, Bale llegó con presión, era el estudiante
extranjero perfecto, el llamado a ser ‘’nuevo mejor’’ en todo lo que se le
pusiera por delante. Sus calificaciones eran antecedes exquisitos para
comprobar su capacidad, sin embargo, se sometía a factores externos muy
dominantes, por ejemplo: lo que costó monetariamente traerlo a su nueva
escuela, lo élite y exigente que era dicha nueva escuela, el hecho de ser
culturalmente muy distinto al patrón denominador, y, el hecho además de estar ocupando
el cupo de un ex alumno mágico –Mesut Özil- el cual todos extrañaban muchísimo.
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| Fuente: Sportsnewscr.com |
Poniéndolo un poco bajo la metáfora
del lienzo, se puede decir que Bale llegó con sensaciones raras en su
repertorio artístico. No dominaba el sentimiento de libertad de ser tu mismo, sino las variantes que ese ‘tu’ manejaba: debías sumar calidad –y
diferenciación- a un cuadro magnífico, donde había un espacio esperándote,
pero, uno no lo suficientemente cómodo para ti, uno que buscaba más de ti de lo
que tu creías posible dar.
Bale, un jugador que ha mostrado
toda la vida ser suave e introvertido, ahora, tenía que llegar al Real Madrid a
brillar teniendo en cuenta qué: El fútbol inglés es otro en comparación al
español, que además eres conocido por llegar a una plantilla
que relativamente no necesitaba de ti, que antes había un crack y que por A o B
tu llegas a llenar ese vacío, de paso, a un país que es muy distante a tu
cultura, con un técnico italiano (con esto se enfatiza el hecho de la abrumadora variedad de culturas). Sumémosle una prensa difícil, un antecedente monetario
que te haría quedar como el segundo jugador más caro de la historia a tu espalda. Sonaba
divertido ir a la nueva y lujosa escuela, pero, quizás no ha sido tan así.
Gareth con su mesurado carácter, y
con la presión como extra, logró en su primera temporada 22 goles y 13
asistencias en 44 partidos: dio pases de gol ante el Bayern, anotó en Lisboa, y
además, metió el tanto definidor en la final de Copa ante el Barça, pero, no,
no sería suficiente. No por los números, no por los resultados: para ser una
temporada de adaptación a una posición nueva, y a un todo nuevo en general,
Bale dio muchos destellos de altísima calidad, justificando todo antecedente, sin
embargo, le seguía faltando algo.
Quizás, sólo quizás, la cabeza del
galés era –y capaz es- lo suficientemente concreta y lógica como para pensar: <<ok, he producido 35 goles en mi primera –difícil- temporada en 44 partidos;
son grandes números>>. Ojo, que con eso no se dice que Bale sea mediocre, pero,
sólo quizás su cabeza y su mente se enfoquen únicamente en saber si el trabajo
se ha hecho o no a través de parámetros como –por renovar la metáfora- la
vistosidad del lienzo, mas lo que la gente sigue pidiendo es un claro patrón
positivo en el matiz más tangible después de los números: el esfuerzo.
El punta ex Tottenham ha pecado de
introvertido. No es que no trabaje, lo contrario, es que no refleja lo que
trabaja. No se le ha visto que una corrida brutal por defender un balón –por
ejemplo- sea algo constante; pero, ¿hasta eso hemos llegado? ¿qué se mide todo
por carreras defensivas? Pues no, sin embargo, en un fútbol tan constantemente
talentoso como el Madrid, el chico nuevo tiene que probar que además de calidad
–que es algo natural en la casa blanca- tiene ganas que aportar, garra, ímpetu.
Y eso le ha faltado a Bale.
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| Fuente: oglobo.globo.com |
Por el otro lado, y sin enfocar tanto
porque el mero contraste aclara todo, está James: el colombiano llega, igual de
criticado, con mucha presión, denominado un jugador de sólo 5-6 partidos llamativos haciendo
referencia a su participación en la copa del mundo. Con un millón de cosas por las cuales acomplejarse, e inclusive así, de una u otra forma, no le
quedaría grande la cosa a James. Sonará fácil, pero no lo es: al igual que Bale, además de la
presión mediática, James ha tenido que lidiar con un cambio de posición (de
‘10’ a interior). Con todo eso, y sin el físico ni los números de Gareth, James
ha llegado a dar ganas, a sufrir con todo, a pedirla, a buscarla, ir, moverse:
bajo todo concepto el colombiano ha sido impetuoso, ha sido denominador en el
Madrid, y más allá de que futbolísticamente quizás no la haya tenido tan
difícil como Bale en relación al cambio de posición, si es verdad que James,
desde el día uno, ha estado a la altura psicológicamente.
Probablemente James no haya
dado un lienzo igual de precioso al de Bale, pero en éste James ha implantado
claras marcas de esfuerzo, y a diferencia de Bale, el esfuerzo que ambos han
dado James sí lo ha sacado en cara de todo el mundo, casi con un toque de
arrogancia, pero uno necesario para ponerlo donde está ahora.
Dos jugadorazos, ambos se han roto
la espalda por la camiseta que usan, pero, a veces esto no vale por si mismo, a
veces hay que sacarlo en cara, sobreponerte ante los problemas, no mostrarte
cabizbajo, no pecar de introvertido, a veces hay que gritar, ser pasional. Efectivamente, por motivos
culturales, esto se le facilita un poco más al colombiano, sin embargo, más allá de eso, por el bien del fútbol esperemos que algún día Bale asuma su lugar en el lienzo de la manera más
impetuosa posible, para sólo así, en conjunto con James, seguir dándonos alegrías
a los amantes del fútbol incluso cuando Cristiano no esté.