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Balaídos: Una historia por contar

El mítico Celta de los 90's

Quizá al final de la historia, uno se tope con que los mejores equipos fueron aplanadores en su época (o épocas, si bien amerita) y se contabilizará el cúmulo de logros conseguidos por cada cual, entre otras cosas. Pero, ¿qué pasa con aquellos quienes complementan esa historia y ayudan a los grandes, de algún modo, a tocar ese lugar privilegiado?

Estos, como todo en este mar de crestas, tienen su momento de dulzura, porque para todos es bien merecido. Y precisamente ese fue el caso del Celta de Vigo, equipo que a hoy día desempeña un papel muy bueno dentro del reparto de la Liga BBVA española, sabiendo conjuntar un equipo que, aunque veterano en teoría, tiene dinamismo y gusto por el juego coherente. Sin embargo, las remembranzas del Celta no se pueden pasar por alto, y precisamente eso es lo que deberíamos recordar, o en su defecto, conocer.

Fue la década de los 1990’s cuando el Celta obtuvo un lugar álgido en la historia. Los gallegos han sido un equipo muy inconstante, pues “viven al día”, dicho por la manera en que sobreviven a la primera división, y navegan entre descensos y promociones. Así ha sido la historia del Celta, por lo que su afición esté un tanto acostumbrada a ello, y por lo que los 90’s sean un gran y lindo recuerdo.

De hecho, la década inició mal para los de Vigo. En 1990 estuvieron a punto de sufrir la tercera categoría (Segunda División B), pero para su fortuna lograron responder al fuego de forma puntual, cosa que incluso les daría el ascenso a Primera. Era todo felicidad; los años consiguientes fueron inciertos a nivel mediático, pero lograron caminar en la media tabla.

No fue sino hasta los años 1994 y 1995 donde el Celta encontró situaciones clave para la causa. A mediados del año 94, logran llegar a una final de Copa del Rey, la cual pierden en tanda de penaltis con el Real Zaragoza. Pero el subcampeonato ahí estaba, y el mérito consigo también. El punto positivo de una temporada en la que acaban 13° por liga.
Para el año 1995 ocurre un suceso un tanto bizarro; Celta de Vigo se alistaba para la 1994/1995, con nombres como Santiago Cañizares en la portería o el yugoslavo Vladimir Gudelj, figura balcánica. Pero no sería posible entrar a ésta sin drama, debido a que la RFEF les desacreditaba de poder disputar la campaña por motivos de arreglos económicos, y los descendería de categoría junto al Sevilla. Millones de Pesetas de por medio, en tanto que el Real Valladolid y el Albacete ocuparían momentáneamente sus plazas perdidas. No sería por mucho tiempo, ya que después de algunas pláticas y negociaciones, serían aceptados de nueva vez en La Liga ambos equipos, pero conservando Valladolid y Albacete, por lo que se jugaría la conocida “Liga de los 22”.

CONSTRUCCIÓN PERFECTA
Así pues, desde 1995, Celta aprende del tropiezo administrativo y afronta su gestión de forma correcta en los cinco años siguientes. A pesar de no verse reflejado en liga sino hasta la 1997/98, logran mantener la categoría en tal tiempo, y de esta forma apilar una base de jugadores promisoria. Luego, en ésta campaña, alcanzan un sexto lugar el cual les daba el pase a un lugar en la Copa UEFA, y que se alzaría como un momento clave en toda esta etapa. Otro más, sí; Jugadores como los rusos Alexander Mostovoi, Valery Karpin; el brasileño (y padre de Thiago y Rafinha Alcántara) Mazinho; el canterano y próximo referente madridista Michel Salgado, el mismísimo “Vlado” Gudelj o el argento Fernando Cáceres estaban en el plantel gallego. Potencia futbolística que devengaría en una generación dorada.

Vendría pues la 1998/99, en la que el Celta era partícipe de la hoy extinta Copa UEFA (ahora UEFA Europa League), aunque los recuerdos de tal temporada no serían precisamente a nivel continental; el Celta ya era una referencia nacional, y singularmente la afición vigués no olvidará nunca “la época de las goleadas”. Ah, y el fichaje de un tal Claude Makelélé.

Singularmente, un 14 de abril de 1999. El equipo sorpresa, y tercera mejor ofensiva del campeonato recibía al Real Madrid. Ya se habían visto las caras en noviembre de un año previo pero correspondiente a la misma temporada, con saldo favorable a los azules, por lo que Madrid sabía a lo que se atenía… o al menos en teoría. Un tal Lyubislav “Lubo” Penev, máximo goleador del Celta en esa campaña, se graduaría con un hat-trick al mismísimo equipo de Seedorf, Redondo, Morientes, Karembeu, Raúl y compañía. Mostovoi y Mazinho completarían un marcador abultado de 5-1, con único descuento de Fernando Morientes.

¿Había alguna duda de que esto era algo completamente atónito? ¿Estábamos en presencia del surgimiento de un nuevo grande? A saber, hubo muchas preguntas, quizá otras respuestas, pero lo cierto es que era un momento increíble para cualquier aficionado al fútbol: El resurgir del Celta de Vigo.

Esa temporada, también, Balaídos se deleitaría con una fase de grupos satisfactoria de Copa UEFA; en Dieciseisavos de final vencen a doble juego al Aston Villa inglés, derrotándoles en Villa Park por 1-3 accediendo a Octavos, y por consiguiente, en la visita del Liverpool, al cual vencieron por 3-1 para así vencer en el global por 3-2, y avanzar a unos Cuartos de final donde se verían con el otrora finalista y subcampeón Marsella. Penosamente sucumbirían casi sin meter las manos, pero ahí estaba la daga. El equipo acabaría quinto en liga, superando así su año anterior y asegurando de nueva cuenta una plaza directa en Copa UEFA, junto al Deportivo La Coruña, otra revelación venidera, por cierto. Mérito enorme de estos dos al quedar tan sólo a cuatro y cinco puntos respectivamente detrás del segundo clasificado (Real Madrid). Penosamente, sería la primera y única campaña de Penev en Vigo, de historial satisfactorio en otras escuadras ibéricas, entre ellas el Atlético de Madrid, que a los 32 años regresaría a CSKA Sofía, en su natal Bulgaria.

LA CONFIRMACIÓN DEL GRANDE
Llegaría la 1999/2000, y poco que agregar a un equipo que no bajaba del tenor de equipo rebelde, con dos rusos en la batuta de las decisiones ofensivas, y un músculo en el centro del campo de tamaños como lo eran Makeléle y/o Mazinho, además del fichaje del brasileño Everton Giovanella. Esta campaña se concedería un margen mayor en liga, al caer el promedio en posición al séptimo peldaño, quedar fuera de un puesto por Copa UEFA y calificar a Copa Intertoto, con quince derrotas en el haber, pero que se maquillarían sin problemas con dos partidos imborrables y quizá de los más enmarcados de la historia: Un 7-0 al Benfica de Jupp Heynckes en Balaídos y un 4-0 a la gran Juventus de Carlo Ancelotti, ya en el año 2000. Sendos resultados dentro de la fase final de la Copa UEFA, en la que caería eliminado el equipo gallego en Cuartos de final por el sorpresivo equipo francés, el Lens. De nuevo los Cuartos que le impedían a Vigo tener un partido de mayor envergadura. El partido que les daría la excitación completa, eterna, aunque pedirle más a este conjunto de genios sonaba a exigencia. El Celta daba todo de sí, en la generación dorada de su historia.

De la mano de Víctor Fernández, Balaídos estaba viviendo una fiesta sin precedentes, y aún habría cosas por venir, ya que la Copa Intertoto sería conquistada. Sería ganar a los rusos del Zenit de San Petersburgo en la final de la campaña 2000/01, precediendo una victoria global en semifinales ante Aston Villa, equipo que ya habían enfrentado previamente por Copa UEFA. La Intertoto (torneo hoy extinto) conformaría su único título a nivel continental aun hasta hoy, y un sexto lugar en liga les otorgaría entrada de nueva cuenta a la Copa UEFA, en la que al año siguiente por la 2001/02 encararían a equipos como el Shakhtar Donetsk o Stuttgart, escuadras que el Celta dejaría sin problemas en el camino gracias a un juego vastamente convincente, pero que truncarían en su idilio de Cuartos de Final, con su homólogo Barcelona; eliminatoria un tanto llena de sentimiento, en la que Barcelona ha ganado por 2-1 en Camp Nou, y el juego de vuelta ha sido un 3-2 en favor de los vigueses, pero que le daba el pase a los catalanes por goles de visita. Una vez más se negaban las semifinales y así el nudo en la garganta que se hacía cada vez más amargo.

En este año también, y ya sin hombres como Michel Salgado, Makeléle o Karpin, volvían a una final de Copa del Rey, en la que increíblemente enfrentarían al Real Zaragoza como en la última final conseguida, y que como en aquella ocasión, perderían, aunque esta vez de manera clara y sin añadiduras. El equipo acaba quinto, accediendo por segunda vez consecutiva a la Copa UEFA después de la consecución de la Intertoto.

LA TRAGEDIA VENIDERA
La 2002/03 sería el último gran suspiro de la historia actual del Celta, ya con Miguel Ángel Lotina al cargo ante la previa salida de Víctor Fernández.
Salieron de la escena internacional por la puerta grande antes del accidente que avecinaba. En esta temporada el Celta acabaría cuarto clasificado, infiltrándose en la repesca por la UEFA Champions League. Mientras, en la Copa UEFA lo verían todo muy de casa, ya que, por enésima ocasión, caerían eliminados en una fase final de Cuartos. Esta vez sería el Celtic de Glasgow quien les dejaría sin nada en las manos. Y llegaba la 2003/04.

Ya eran los últimos aires de pulmones como Mostovoi, y el equipo, aunque tenía aun a gente muy confiable, no se veía con la misma solidez que le había caracterizado tan sólo poco menos de un lustro atrás. Y lo pagarían caro. El Celta de Vigo la pasaría de perros, al finalizar penúltimo clasificado de la liga. Matices muy distintos a lo que los de Galicia habían acostumbrado a su hinchada, y con esto opacar contrastadamente la previa clasificación a una Champions League.

En esta misma, el Celta, de hecho, accedería de fase de grupos en un cuadrangular que por nada pintaba sencillo, al tener al AC Milán, Ajax Amsterdam y el Brujas belga. Clasificarían contra pronóstico adverso, pero caerían inmediatamente eliminados ante el poderoso Arsenal de Wenger, que poco a poco gestaba el equipo Invencible.
El Celta estaba descendido, y con ello la salida de los jugadores franquicia. Los que quedaban. Un desastre deportivo que a día de hoy no ha podido recuperar los niveles de aquella gran escuadra que ganaba, gustaba y goleaba, en los cánones que rigen la comitiva del deporte rey, pero que como vorágine misma se esfumó.

VIGO, HOY
Hoy, después de casi una década de administraciones turbulentas (a excepción de la 2005/06, donde acabarían sextos, sólo para descender al año siguiente) parece que los de Pontevedra retoman la estafeta de equipo vistoso. Quizá no tienen a un Mazinho que rija su centro del campo, ni un jugador por banda que desequilibre como el ruso Karpin. Mucho menos podrán presumir de la elegancia, descaro y calidad de un 10 como lo era Alexander Mostovoi y sus millones de gambetas en la misma área chica, pero el Celta juega y gusta. Manuel Nolito junto a Larrivey, el danés Krohn-Dehli y el capitán Hugo Mallo, tienen la firme estafeta de devolverle la ilusión a una afición a la que le arrebataron el sentido real de lo que significaba ganar excéntricamente. Lejos quedan ya aquellas noches de Europa. Las que todo equipo sueña con erizar una vez al menos en su vida. ¿Qué sería de un equipo como aquél, en la actualidad, con aquellos nombres, entonando un himno de Champions en el mítico Balaídos?

El Real Club Celta de Vigo. El espejismo dilatado de un equipo que quiso ser grande y el tiempo le jugó una mala pasada. 

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