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viernes, 8 de julio de 2016

Entrenadores, escepticismo y utopía: Laurent Blanc
Anderson Ayala Giusti (@Anderson2_0)

La elegancia es una de las características intrínsecas de París. Edificios nivelados con arquitectura de principios del siglo XX, calles ordenadas que facilitan la comunicación, y árboles que adornan las distintas vías terrestres son aspectos que le dan una visión majestuosa a la capital francesa, al punto de que parece una de esas ciudades planificadas, diseñadas por arquitectos vanguardistas. Así es París, y así también pasó a ser el Paris Saint-Germain desde mediados de 2013 (si trasladamos esos conceptos a los futbolístico, claro), cuando se anunció la contratación de Laurent Blanc como nuevo entrenador del club, tras la marcha de Carlo Ancelotti al Real Madrid C.F.

Blanc representa todo lo que se ha estereotipado del ciudadano francés común: elegancia en la vestimenta, acento fino y delicado, y convicción en sus propias creencias. Esto último lo mantuvo sus tres años en el club parisino, y le dio buenos resultados, pero sólo en el ámbito local. La elegancia la trasladó al equipo desde su primera temporada (2013-2014). Juego fino, de pases cortos y precisos, movilidad por las bandas y definición precisa fue lo que comenzó a instaurar en sus primeros meses sentado en el banquillo del Parque de los Príncipes. Le dio resultados en Francia, pero no en Europa, donde cayó eliminado a manos del Chelsea de José Mourinho.

En su primera temporada contó con el legado del juego compacto que dejó Ancelotti, y ello le resultó muy útil para llenar los ojos de la directiva. Para la segunda, sin embargo, ello empezó a cambiar. Se comenzó a descuidar más la firmeza colectiva para dar paso al juego exclusivo por las bandas. Aún así, los éxitos volvieron a llegar dentro de Francia, a pesar de que esa campaña (2014-2015) dejó muchas más dudas en la liga, incluso llegando a estar por detrás del Olympique Marsella de Bielsa; en Europa, por el contrario, el fracaso se presentó nuevamente en los cuartos de final de la Liga de Campeones, pero esta vez ante un arrollador Barcelona. Con esa derrota surgieron los primeros índices de la ruptura entre directiva-aficionados y Blanc, y a partir de ahí el escepticismo empezó a presentarse en la psiquis de algunos aficionados.

Y en su tercer y último año en París, cuando ya las exigencias de la directiva estaban puestas sí o sí en la obtención de la Liga de Campeones, Blanc terminó de afectar más aún al PSG por mantenerse, como buen francés, firme en su filosofía y en sus creencias futbolísticas. A pesar de haber traído a un extraordinario refuerzo como Ángel Di María, no halló la manera de maximizar a sus futbolistas para dar el salto de calidad en Europa y llegar lejos en la Champions. Los éxitos, como antes, volvieron a llegar pero sólo dentro de Francia, pues en Europa cayó a manos del Manchester City, evidenciando además un juego muy pasivo en la serie.

Con esa eliminación, ya era claro que la obtención del trofeo continental por parte del PSG de Blanc no era más que una utopía mientras el francés siguiera en el banquillo. En ello se me hace necesario acotar un análisis de la plantilla, porque si bien contaba con elementos de clase mundial en defensa y en ataque, en el mediocampo la realidad era otra; más allá de Verrati, los nombres que lo acompañaban no son, con todo respeto, de primera clase. Ni Matuidi, que a pesar de su tremendo ida y vuelta en la cancha no es el más técnico ni hábil de los jugadores, y menos en Thiago Motta, que ya cuenta con una edad a resaltar (33) para ser un mediocampista. La columna vertebral de todo equipo, que debe ser el mediocampo, en París era el sector, paradójicamente, más débil del equipo, y ello terminó pesando y dejándose ver en el terreno de juego.

El escepticismo ya era notable en la directiva del PSG cuando se pensaba en la obtención de la Liga de Campeones bajo la dirección de Blanc, y ante ello decidieron darle un nuevo giro al club haciendo a un lado al francés, y trayendo al exitoso Unai Emery. Blanc se fue de París con un saldo total de 125 victorias, 31 empates y sólo 16 derrotas en 172 partidos disputados por todas las competiciones: Ligue 1, Copa de la Liga, Copa de Francia, Supercopa de Francia y Liga de Campeones. Las derrotas, sin embargo, terminaron siendo en partidos clave, mayormente en Europa.

Consiguió reiteradamente títulos como la Ligue 1, la Copa de la Liga y la Copa de Francia, pero en Europa nunca pudo dar el golpe por encontrarse a rivales de un nivel mayor al que usualmente enfrenta en Francia, y con los que el club vive un espejismo al vencerlos por goleada. Así, tras un paso resaltable de Blanc por la institución parisina, lleno de éxitos locales, el club decidió hacerle a un lado al darse cuenta que ya le había dejado al equipo todo lo que podía darle. Laurent probó así que es un entrenador de Ligas, pero no de Champions, pues para ésta hace falta un grado considerable de garra y de intensidad que no le es intrínseco al entrenador francés, y que por ende nunca imprimió en sus jugadores. Como sea, seguramente se irá a otro club importante de Francia o de Italia, y tendrá éxito, sino desde los títulos, al menos desde el juego que desarrolle con el equipo.

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