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| (Foto: uefa.com) |
Por Alfonso Massó (@alfonsomasso)
El 13 agosto de 2004
Atenas se convirtió en el centro del mundo, deportivamente hablando,
con la inauguración de los Juegos Olímpicos. Fueron dieciséis días
en los que las grandes potencias mundiales exhibieron músculo y
países como Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Alemania coparon
los primeros puestos del medallero. Destacaron deportistas como el
nadador Michael Phelps, la atleta china Liu Xang, el fondista
marroquí Hicham El Gerrouj, la seleccción Argentina de baloncesto
que derrotó a Estados Unidos...
Apenas mes y medio antes,
la tarde-noche del 1 de julio, la selección griega de fútbol
saltaba al césped del Estadio Do Dragao de Oporto para medirse en la
semifinal de la Eurocopa de Portugal ante la República Checa. La
cenicienta del torneo, junto a Letonia, se había convertido en la
revelación. España y Rusia en la primera fase y Francia en cuartos
de final habían quedado eliminados por el equipo del técnico alemán
Otto-Heinz Rehhagel.
Con un juego basado en el
orden defensivo y, en ataque, aprovechar las contras y los balones
parados, Seitaridis, Charisteas, Karagounis, Papadopoulos, Vasilis
Tsiartas y compañía lograron sorprender a la europa futbolera con
un triunfo en la final sobre Portugal con el gol de Charisteas (a la
que ya había vencido en el partido inaugural por 1-2).
Para llegar a
semifinales, el partido que nos ocupa en este capítulo, los checos
habían ganado en la fase de grupos a letones, alemanes y holandeses
y se habían deshecho, sin muchas complicaciones, de Dinamarca en el
enfrentamiento de cuartos. Baros, Jan Koller, Petr Cech, Ujfalusi,
Rosický junto a unos veteranos Nedved, Poborský y Smicer partían
como favoritos.
Fiel a su estilo, la
jugada del equipo griego que decidió el pase a la final no podía
ser de otra manera que a balón parado. En el minuto 15 de la primera
parte de la prórroga, Tsiartas botó un saque de esquina y Dellas,
en el primer palo, remachaba a la red el gol que ponía a Grecia en
la final. Aquel gol, que se llamó de plata durante un tiempo (era el
que se conseguía durante la primera mitad de la prórroga y si el
equipo rival no era capaz de empatar en el tiempo restante, no se
jugaba la segunda mitad), tuvo para el país heleno un valor muy
superior al de todo el oro del mundo.