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| Marcelo Bielsa, DT del Olympique de Marseille |
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José Mourinho respondía, sobre
apoyar a la vieja o nueva escuela de técnicos de fútbol, a un periodista en una
rueda de prensa de su etapa en Porto:
“Yo no soy un defensor de los entrenadores de
fútbol viejos o jóvenes. Yo creo en los buenos y en los malos, aquellos que
logran el éxito y los que no lo hacen”
Existen pocas palabras en el castellano más
subjetivas que éxito. Y aplicadas al contexto futbolístico muchísimas menos. La
comunidad futbolística y el mismo periodismo han llegado a equiparar como
sinónimos, conceptos tan ambivalentes y distantes cómo “éxito” y “ganar”.
Y es que ganar se ha convertido en el único
termómetro existente para medir, en función de variables inexactas, el éxito o
el fracaso de un proceso. Con esta corriente, hemos venido equivocándonos, restándole méritos a aquellos que, a pesar de no ganar, sentaron bases
previamente inexistentes para, por ejemplo, éxitos subsiguientes.
Lastimosamente, algunos cosechan y otros recogen.
En esta caracterización del éxito, se debe tocar
su punto de inflexión más inverosímil: El estilo. No existe una verdad
universal sobre éste, y su intrínseca relación con el “jugar bien” o “jugar
mal” (“feo” o “bonito”) lo hacen difícil de definir. Pero, ¿en qué se basan
realmente los arrogantes que pretenden imponer como verdad suprema determinado
estilo? ¿Habrá algo más allá de un juicio moral incomprensible o una estirpe
anti-democrática? Vamos desde el inicio.
Que un equipo tenga forma, sentido, y responda a
una manera de jugar determinada por su entrenador a raíz de diferentes
situaciones o conceptos, se antoja necesario para el funcionamiento armónico de
un onceno. Ahora, el estilo siendo entendido como la manera o la forma de
resolver las situaciones que se presentan en un partido de fútbol.
El estilo, por tanto, está emparentado con la
particularidad, con la forma de ser del que transmite o comunica. El que
transmite cree en la particularidad y la asertividad del mensaje que intenta
comunicar. Esto se antoja primordial, porque si no está completamente
convencido de su mensaje, su inseguridad será inmediatamente descubierta por el
receptor, en este caso el futbolista. Para el futbolista poder aceptar a un
entrenador tiene que creer que lo está convenciendo respecto de un camino en el
cual el entrenador cree. Pues es muy difícil darle varios estilos al equipo y
asignarle el que conviene en determinado momento. Allí cabe lo que mencionaba
Marcelo Bielsa como técnico de Chile sobre los estilos:
“Hay
varios estilos distintos, lo que no hay es entrenadores exitosos que triunfen
aplicando ideas en las que no crean firmemente”
Por tanto, denotamos que “jugar bien” no tiene
relación alguna con el estilo, pues observando el juego como un sistema
democrático y una dinámica autotélica, el único criterio realmente válido para
sentar juicio sobre un determinado proceso o partido en singular, es el nivel
de ejecución de la idea grupal, no la consecución de resultados. El espectador
puede disfrutar de igual manera la perfecta ejecución de transiciones de
Mourinho, los repliegues compactos de Simeone, la presión alta y contraataque
letal de Klopp o el juego posicional de Pep. Jugar bien no debe ser un camino enjuiciable,
debe ser el fin.
Entonces tu porción de éxito radica en ejecutar
tu idea de la mejor manera posible (no existe la perfección), sin importar los
resultados momentáneos. A mediano plazo el que juega bien, ejecuta y cree en su
idea termina cosechando frutos. El juego debe tener el fin de primar las
virtudes propias y no triunfar a causa de los errores del rival.
Los que planifican y estructuran ganan, y los que
dan cabida a la improvisación, la especulación y las distintas variables (como
el despliegue de talento individual) también. Ambos siempre sujetos al error
humano, y a las pequeñas cosas que embellecen este deporte. Por tanto una
escuela no es mejor que la otra. Tener más títulos en su haber no hace más
exitoso al “catenaccio” que al “fútbol total”.
Convencer a un grupo es el paso primario de
cualquier intento de éxito en cualquier ámbito de la vida. Diego Pablo Simeone
en una entrevista con Maldini mencionaba:
“Yo creo
que los equipos tienen una vida. La vida del equipo es el cómo juegan. Y si
sumas gente que piensa de la misma manera y está convencida de la misma idea, más
allá de que jueguen mejor o peor, es un éxito. No pasa por jugar bien para
ganar, pasa por cómo lo transmites, cómo te compenetras y cómo compites para
poder demostrarlo después. Puedes ver al Atlético de Madrid y son todos tipos
con el mismo corte. Pueden jugar mal, pero nunca te van a fallar.”
El éxito en sí (o una parte de él) entonces
vendría siendo, necesariamente, una compaginación homogénea de convencimiento y
voluntad divina. Independientemente de que desee jugar como Hitler o como
Lenin.
Hitler:
“Logré comprender igualmente la importancia del
terror físico para con el individuo y las masas”
Lenin: “Todo
se trata de dar un paso hacia atrás para dar tres hacia adelante”
Si entendemos e interiorizamos estos principios,
quizá algún día podamos juzgar sin automatismos efímeros y/o resultadismos, el verdadero
sentido del éxito en un grupo o un proceso. Sobre todo nosotros, el periodismo
deportivo. A ver si así le abonamos la merecida cuota a grandes infravalorados
como Lillo, Bielsa o Menotti, a los que la justicia divina y el tiempo ya se
encargaran de darles la razón, como siempre la han tenido.
“El periodismo no le
ha enseñado al espectador más que geometría innecesaria que no merece ser explicada
más allá de los números telefónicos”
Marcelo Bielsa
Es una tradición ya en el Marsella visitar el pabellón de niños del Hospital de la Timone, y el Loco Marcelo Bielsa no iba a ser la excepción en visitar a los niños en la época previa a las fiestas de navidad.
El Loco no tuvo problema en asistir a esta festividad del club francés, a la cual asistió con su particular sudadera del conjunto de Marsella. Además no tuvo problema en posar para las fotos tomadas por la página oficial del club y las que los propios niños se atrevían a pedirle.
A lo largo de la visita el argentino expreso su gran admiración a los directivos y cuerpo médico del hospital, al destacar de gran manera la labor que llevan realizando desde hace ya varios años dentro del centro de salud.
Un Loco con corazón
Juan Pablo Perdomo Ayala
6:24 p.m.
Juan Pablo Perdomo Ayala
6:24 p.m.








