John Doe

Engineer

Developer

Freelancer

Coder

I'm John Doe,
Web Designer & Web Developer
from United States, California.

I have rich experience in web site design & building and customization. Also I am good at html, css, javascript, wordpress, php, jquery, bootstrap. I love to talk with you about our unique approach. Feel free to contact me writing an email with your project idea.

What I Do
UI/UX Design

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error sit voluptatem accusantium doloremque laudantium, totam rem aperiam.

Brand Identity

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error sit voluptatem accusantium doloremque laudantium, totam rem aperiam.

Web Design

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error sit voluptatem accusantium doloremque laudantium, totam rem aperiam.

Mobile Apps

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error sit voluptatem accusantium doloremque laudantium, totam rem aperiam.

Analytics

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error sit voluptatem accusantium doloremque laudantium, totam rem aperiam.

Photography

Sed ut perspiciatis unde omnis iste natus error sit voluptatem accusantium doloremque laudantium, totam rem aperiam.

Recent Works
Mostrando las entradas con la etiqueta Heynckes. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Heynckes. Mostrar todas las entradas

Skyhook: De imperialistas y colonos

Pep Guardiola y Carlo Ancelotti (Foto: Talksport)
Los grandes (y pequeños) imperios de la historia se han caracterizado, entre sus monumentales gestas militares, por una cierta homogeneidad interiorizada desde el triunfo de sus predecesores, aplicando ideas muy cercanas a su particularidad dentro de los manuales de guerra seguidos a rajatabla. Con la aportación singular de cada personaje como aspecto distintivo, claro está. Marcados, además, por ápices diferenciales entre uno y otro. Un fenómeno evidenciado, por ejemplo, desde la legión de conquistas e ideologías gestadas a partir de los principios maquiavélicos. En pocas palabras, cómo el éxito de una idea se propaga al ritmo de una pandemia cuando los agentes del sistema la ven válida y fructífera. 


Sucede en la vida y, por consiguiente, en su vertiente más cercana, el fútbol. A partir de la llegada de Guardiola al Camp Nou se empezó a germinar un fenómeno de heterogeneidad táctica exquisito, sobre todo para el espectador, quién deleita el paladar con el amplio bufé. El legado estilístico mesmerizador de Pep dio pie a una nueva interpretación, a un nuevo aire de revolución en las entrañas del balompié del viejo continente. Desde los modestos verdes de tercera división hasta los impetuosos teatros se compartían ideas en una reciprocidad provechosa para el crecimiento contingencial.

Para el ojo del “tifosi” de tribuna fue maná en un desierto de presiones en bloque bajo y tibieza. Su obra consistió en un entramado de pequeños procesos e ideas, parte de un credo global innegociable, que desencadenaban coyunturalmente en la mayor expresión futbolística de la década y, cómo poco, una de las mejores de la historia del marrón.

Al mencionar las clarísimas raíces provenientes de aquel fabuloso “Dream Team” muchos acusaban a Guardiola de repetir una fórmula pre cocida por Cruyff y Michels (ignorando bestialmente a Peucelle), sin tener en cuenta la crisis de identidad que padecía el Barça en el último tramo de Rijkaard, síntoma común desde la era post-van Gaal hasta la llegada de Pep al banquillo. Además de las notorias evoluciones en materia defensiva y de presión post-perdida. Cómo dijo alguna vez el multicampeón olímpico Phelps: “No soy un segundo Mark Spitz, sino un primer Michael Phelps”.

Su método fue simple. Rescató esencia, sentido de pertenencia y compromiso, valores de antaño que estaban algo refundidos, acompañados de un estilo construido con pico y pala. No por casualidad las grandes eclosiones naturales son efectos de la conjunción de elementos peligrosos. Desde Lillo en Sinaloa, Bielsa en charlas veraniegas, cafés larguísimos en el piso de Menotti, encontrones pedagógicos con Capello hasta asiduas visitas a casa del maestro Cruyff, fuera de su experiencia palpable de haberle tenido cómo director de ceremonias, formaron parte vital de la construcción del estilo autóctono. Tomó lo mejor de cada uno. Idealizó, creyó, maduró, ejecutó y campeonó.

Erigió, ladrillo a ladrillo, una pirámide de juego posicional exquisito que repartió decálogos por doquier, dejando a su salida un irremediable vacío en el cetro continental. Las hegemonías son agua en el Sahara desde aquel punto de quiebre contra Di Matteo en 2012. Nadie es capaz de controlar grandes citas a punta de posesión absoluta. Y ante tal dominio la solución de salida por la tangente pasaba por ejecutar un plan que rozara la perfección basado en marcajes, coberturas y ayudas incansables, ahogamiento y desgaste, además de perpetuar, con poquísimo margen de error, contraataques feroces de manual en las cortas rencillas de equivocación rival. Pocos hidalgos cómo Mourinho, Sabella, Lucescu o Hiddink se aventuraron a ello, asumiendo todas sus consecuencias, plantando cara y dejando cotejos de antología. Los necios con complejo de técnico frustrado aseguraban, sin vergüenza alguna, que la clave estaba en quitarles el balón.

El histórico Walt Disney alguna vez mencionó que lo difícil no era llegar la cima, si no mantenerse. Mismo fenómeno. El fútbol, al ser una ciencia tan detallada, con estudios en constante evolución y tecnologías al servicio del deporte hace cada vez más difícil sostener una idea revolucionaria que perdure más de tres ciclos, tiempo suficiente para generar el mismo efecto de atracción y adaptación; logrando toparse, tarde que temprano, con la tuerca que apaga el reloj. El verdadero y trascendente mérito está en reinventarse cuantas veces lo exija el entorno, en aras prolongarse en la cima. Caso Ancelotti, Heynckes o Halilhodzic que han dotado a su filosofía de cierta (y necesaria) flexibilidad táctica que les permite pregonar cimientos firmes y a la vez unirse a la ola estilística de turno. Y claro, campeonar.
Jupp Heynckes y Arjen Robben (Foto: BBC)
A diferencia de la tozudez que exige el no estar dispuesto a negociar el credo. Con la llegada de Guardiola a Múnich se planteaba uno de los más osados planes de trabajo. Decirle a una máquina colosal–única manera de definir la brillantez sinérgica creada por Heynckes- que a pesar de ganarlo todo debe cambiar e implementar un nuevo estilo significa un agravante mayúsculo para iniciar un proyecto. Algo legado para genios, siendo los únicos en capacidad de no negociar sus ideas y mantenerse en constante creación. Sistemas, variables, rotaciones, lo que haga falta para mantenerse imprevisible ante un entorno que ya le conoce y cree poseer la clave para detenerle. Eso sí, dándole continuidad a una metodología de trabajo y entrenamiento, además de contar con verdaderos prodigios capacitados para bajar las ideas del papel, entenderlas, razonarlas y explayarlas en sobre el verde. Que la flexibilidad táctica exista en los micro-ciclos, en pequeños ápices. Bien lo aseveraba el campeón ajedrecista Kaspárov: “La regularidad puede influir al cambio positivo. Siempre hay que buscar retos. Hallar nuevas preguntas. Tener el valor de pensar en grande y cuestionarse sobre todo cuando las cosas marchan bien”

La fórmula exacta del éxito no existe. Sobre todo por la constante evolución del rival y el entorno, quién a causa de la misma heterogeneidad mencionada, cada vez tiene más argumentos para complicar al histórico de turno, convirtiendo campos como Anoeta o El Madrigal en los puntos asiduos para pérdida de títulos.

Divagar y profundizar en estudios ilógicos no es más que jugar al alquimista con una venda en los ojos, intentando solucionar el misterio de la vida por arte de magia. Allí está la verdadera esencia de esto. Tan imprevisible y exacto a la vez. Tan simple y tan complejo. Tan lioso y tan fascinante. El juego tiene la particularidad de generar sensaciones y sentimientos diferentes en cada individuo, por tanto, la cuantía de  acercamientos a este marca la pauta para poder disfrutar de un duelo de estilos, donde cada rey cree que la causa de su imperio es la más justa y la única válida. Y el gran ganador es el espectador.

En una pugna de imperialistas contra colonos siempre ganarán los colonos, porque poseen un valor agregado por sobre la carrera armamentista y militar que ambos comparten: El engaño. Así, aquellos que se diferencian por pequeños detalles que resultan siendo cuantiosos son los genios cuyas gestas contaremos en las cenas familiares de la próxima década. Cómo bien lo enunció Simeone: “La diferencia entre Low, Ancelotti, Ferguson y cualquier muchacho de segunda división es experiencia y un plus intangible, porque de fútbol sabemos todos parecido”.

Aquel que niegue que la revolución táctica que vivimos es una bendición para la retina debe pertenecer a la horda que sostiene en el rating a los viles inquilinos de los micrófonos que no diferencian el libre directo del indirecto (Sí, mientras hablan en directo).

Porque cada vez son menos imperialistas y más colonos, y entre colonos la lucha es mejor. Claro, para el disfrute popular. Que al fin y al cabo es el objeto de todo esto.

“Eso era la historia. Una rama de fabulación y magia que pretendía ser ciencia”.

Mario Vargas Llosa

Contact Me

Columnas

Reportajes

Post Top Ad

Post Top Ad

Post Top Ad

test banner

CONTACTO


FLASH

Los Tejos
Los Tejos

Análisis General

Los Tejos

Opinion

Featured

Adress/Street

12 Street West Victoria 1234 Australia

Phone number

+(12) 3456 789

Website

www.johnsmith.com