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Por Iván Pardo (@IvanPardoVE)
Daniel André Sturridge es actualmente el
referente y jugador insignia del frente ataque de Liverpool. Con gran potencia,
capacidad de drible y una zurda bien educada se ha encargado de llevar
constantemente los tres puntos correspondientes o de resolver los encuentros a
la escuadra roja de Merseyside. Pero no todo ha sido una constante línea de
rendimiento ascendente en la carrera del joven inglés, ya que ha tenido que
luchar por acoplarse en un rectángulo de juego donde otros 10 jugadores
comprendan su manera de ver el fútbol, además de contar con la confianza vital
para cualquier jugador de parte de los de traje y corbata.
Nacido el 1 de Septiembre de 1989 en la ciudad
que fue conocida como el motor de la Revolución Industrial, “El taller del
mundo”, ubicada en el centro de la región West Midlans o Midlans Occidentales…
Birmingham. Allí comenzaron sus andaduras con la caprichosa, en un pequeño
equipo llamado Cadbury Athletic a sus 6 años de edad. Un año más tarde fue
visto y posteriormente fichado por la academia del Aston Villa donde permaneció
4 años, hasta que el Coventry City apareció en el radar del niño inglés de
raíces jamaiquinas para firmarlo y así convertirlo en un “Sky Blue”. Tan buenas
fueron sus presentaciones que bastó sólo una temporada para que a sus 13 años
de edad recalara en la filial de un equipo de Premier League, una institución
que si bien es cierto para el 2003 no contaba con tanto poder económico y
futbolístico como ahora, pero que sin dudas sería el trampolín adecuado para
que Daniel Sturridge en un futuro se diera a conocer, hablo del Manchester
City.
Tras pertenecer de manera oficial a los
Citizens, Daniel mostró un crecimiento futbolístico portentoso. Ganando múltiples
galardones individuales y colectivos en diferentes categorías con el cuadro de
la ciudad de Manchester. Fue ascendiendo de categorías y ganando la atención de
sus diferentes entrenadores, los cuales dentro de sus informes mensuales
resaltaban con mucho ánimo su calidad individual. Esto nos lleva a la temporada
2006/07, tras anotar un hat-trick en un partido de las reservas fue
recompensado con su primer llamado al primer equipo en un partido frente al
Reading el 3 de febrero del 2007 (como suplente), posteriormente entraría
faltando 15’ minutos para el final por el ariete griego que aquel entonces militaba
en el Manchester City, Georgios Samaras. Daniel gustó con su energía y su
facilidad de desmarque demostrada en apenas un cuarto de hora, esto en conjunto
con buenas actuaciones en la reserva hizo que un mes después volviese a ser
llamado para el primer equipo frente al Wigan de Paul Jewell, en este partido
comenzó lo que sería la cruz en la carrera de Daniel Sturridge, las lesiones.
Sufrió la primera lesión de su carrera en aquel partido, una lesión de cadera
que lo dejaría sin pisar los terrenos de juego por todo lo que quedaba de
temporada.
Al recuperarse de su lesión contó con muy pocas
oportunidades en las siguientes dos temporadas con el cuadro Citizen, anotando
goles y asistiendo en alguna que otra oportunidad, pero no dando los números
necesarios como para ser considerado un jugador potencialmente viable para el
Manchester City, de esta forma no fue renovado y su contrato expiró. Entre todo
esto apareció como una pequeña pizca de luz que se cuela a través de un mínimo
espacio de cielo encapotado de la costa de Plymouth al Sudoeste de Inglaterra,
un club londinense, Chelsea FC.
Firmó con los “Blues” un contrato por 4
temporadas y desde el día uno con 19 años de edad dio todo de sí para demostrar
que el Manchester City había cometido un error al no renovarlo. Con más
participación ya daba pizcas de lo que parecía un delantero más formado, con un
estilo de juego definido y con una que otra cosa a mejorar. Su zurda empezaba a
hacer estragos en las defensas cortando
de derecha a izquierda, bailando sobre la pelota sin tocarla y haciendo que el
rival no pudiese llevar el ritmo de tan frenética pieza con leve compás
jamaiquino. Además, mostraba esa hambre y sazón cuando anotaba al celebrar sus
goles con peculiares bailes, los cuales iban cambiando con cada gol.
Daniel cayó lesionado en noviembre 2012, es
decir, a mitad de lo que sería su 4ta temporada con el Chelsea (en ese momento
al mando de Rafael Benítez), lo que Daniel no sabría es que no jugaría más
vestido de azul, ya que mientras este estaba lesionado fue vendido al Liverpool
FC por una generosa cantidad de dinero. Tras tres temporadas y medias con el
cuadro londinense (más media temporada esporádica con el Bolton en calidad de
préstamo) donde anotó 32 goles en más de 100 partidos, decía adiós. Otra puerta
se le cerraba al joven que por aquel entonces contaba con sólo 22 años de edad,
habiendo hecho todo lo que debía hacer; entrenar duro, anotar goles, participar
en el juego colectivo y aún así las lesiones pudieron más que su calidad y
potencial… no había confianza por parte de los directivos en él.
Pero debía emular el himno del equipo a donde
llegaba: “Sigue caminando, sigue caminando con esperanza en tu corazón y tú
nunca caminarás solo” y así fue, Daniel André Sturridge llegó a Anfield para
acompañar en la delantera a un uruguayo que luego se convertiría en su cómplice
de artillería, Luis Suárez. Desde su llegada se acopló al sistema de juego propuesto
por el Norirlandés Brendan Rodgers, el equipo jugaba para él cuando estaba sano,
inclusive el charrúa y este pagaba con goles además de un curioso baile como
celebración que ahora causa sensación y es su sello de fábrica conocido como el
“Stu Dance”, el cual realiza cada vez que anota. En Merseyside volvió a
florecer ese irreverente centro delantero que bajaba hasta la mitad de la
cancha para pedir la pelota por su cuenta, llevarla amarrada al pie, de tal
manera que si tuviese pintura en el botín izquierdo la pintaba toda. Volvió ese
jugador que era capaz de echar un tiro al aire al ver el balón descender del
cielo nublado que colmaba Anfield para matar la pelota y dejarla a ras de césped.
Él había vuelto.
Con el número “15” a su espalda no tardó en
ganarse el cariño de “The Kop”. Formó parte de la temida dupla llamada “SAS”
(Suárez and Sturridge) en aquella temporada 2013/14 milagrosa donde el
Liverpool se quedó a un resbalón de ser campeones de la Premier League donde
Daniel anotó 25 goles y asistió en 9 oportunidades. Desde su llegada tuvo
temporadas maravillosas con alguna que otra lesión, a su excepción la temporada
2014/15 donde apenas pudo jugar 18 juegos.
Hasta el día de hoy y bajo las órdenes del
pintoresco alemán Jürgen Klopp, Daniel Sturridge sigue siendo un “Red” de
Liverpool, donde le entienden a la perfección, es ídolo para los hinchas y es
el jugador referencia como centro delantero único en el once inicial. Al
parecer ha encontrado la perfecta pista de baile rectangular donde puede
sonreír, encarar, regatear, marcar y sobretodo… bailar. Daniel Sturridge no ha
sido más el renegado, pero lo más importante de todo es que, el bailarín ha
encontrado un hogar.







