Albores
del 2011, el momento en el que se gestaba la primera de varias
traiciones, señas de antipatriotismo, obscenidades y demás
blasfemias por parte de Carlos Vela hacia la Selección Mexicana,
pero sobre todo, a su país. Claro, esto acorde a la prensa nacional,
que no se cansó nunca de despedazar la imagen de un tipo que
simplemente ejerció su derecho a elección, pero que de forma casi
religiosa apelaron a la falta de compromiso y nacionalismo como
excusa ante tal actitud.
Muchas
fueron las versiones en el aire acerca de las negativas de Vela. La
primera, y a mi gusto más lógica, fue su teórica pésima relación
con los directivos de la Federación Mexicana de Fútbol,
fundamentada en los sucesos ocurridos en consecuencia de aquella
fiesta post-mundial de Sudáfrica celebrada en la ciudad de
Monterrey, Nuevo León. Si bien el suceso no fue correcto, Vela
junto al entonces lateral derecho Efraín Juárez fueron exhibidos
sin pudor alguno siendo suspendidos seis meses de la convocatoria
nacional, añadiendo una considerable multa económica. Esto con
miras a limpiar la imagen de una Federación que no pensó en la
discreción ni la cordura de sus personas y jugadores, sino solamente
en quedar pulcra ante unos medios tendenciosos.
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| Carlos es un valuarte de la Real Sociedad. |
Después
vendrían las (muy rebuscadas y/o elaboradas) premisas de falta de
ganas, compromiso y hasta gusto por el fútbol. Vela tenía encima a
la prensa, y varios detractores que comieron de la mano de todas esas
portadas con fines de lucro. Para colmo, en una entrevista a una
radio española, Carlos dijo que jugar el mundial no era algo que le
gustase y que ni en la Play lo jugaría. Dato curioso, por no decir
falso, ya que Vela fue mundialista en el año 2010. En las épocas
del Vela de cristal, o del Arsenal, como se le quiera llamar.
Sin
preámbulos mayores de todas las negativas y polémicas, hoy Vela ha
regresado a la Selección, y debo decir que por la puerta más ancha.
La de Brandenburgo se queda angosta, hay que admitir. Carlos Alberto
Vela ha demostrado mucho en su regreso ante Holanda, pero eso no es
lo más destacado a mi parecer. Lo triunfal del hecho ha sido
demostrar que un jugador SÍ es necesario para una Selección,
si el talento y la determinación caben en su juego, y sobre todo,
que la dignidad y la capacidad de elección de un tipo van por sobre
toda clase de dictadura, presión y opresión que las circunstancias
generen. Aquí, Vela ha tumbado la premisa de que un jugador, aunque sea el mejor en su situación, no es necesario ni requerido; ¿Imagináis a Liberia diciendo eso acerca de George Weah? Yo tampoco. Sea cual sea la razón de no haber venido en un
pasado, alegrémonos pues de que Vela está hoy nosotros.
Desde
hace tiempo, Vela es el mejor jugador mexicano, y sin que un sólo
dedo me tiemble, diría que es ya uno de los mejores cinco jugadores
que ha dado esta patria. Sus reconocimientos, constancia y plusvalía
han demostrado que es un jugador de categoría y capaz de tomar
decisiones correctas en pro de su carrera. ¿Cuántos jugadores en el
mundo pueden presumir de haber eliminado un historial médico
alarmante? Pocos diría yo, sobre todo al máximo nivel, como pocos
también son los jugadores dispuestos a sacrificar las comodidades
por ser un referente en sus aspiraciones. No cualquier día un
jugador pisa Europa sin haber jugado previamente en su país natal, y
menos en esta cultura llena de estereotipos, pactos y detractores,
que hoy te aman y ayer te mataban.
Carlos
Vela, un “traidor a la patria” del que estar orgulloso es un
orgullo muy grande.
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| Vela, figura ante Holanda. |