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González, portero valencianista con el balón en las manos
tras parar el penalty (Foto: jotdown.es) |
Johan
Cruyff marcó una época como entrenador en el Barcelona: fueron cuatro títulos
de Liga consecutivos (de 1991 a 1994), la primera Copa de Europa de la historia
del club pero, sobre todo, una forma de jugar. Una forma de jugar que con sus
matices y sus aportaciones por parte de todos los técnicos que han venido
después (Van Gaal, Rikjaard y, sobre todo, Guardiola), sigue vigente 25 años
después.
Ganó
cuatro Ligas consecutivas, si, pero, salvo en la primera, ninguna la ganó de
forma clara: se da la curiosa circunstancia de que las tres últimas (1992, 1993
y 1994) las ganó en el último partido y sin depender de sí mismo, es decir,
teniendo que esperar el fallo del rival. Hablaremos en otro capítulo de esta
serie de las llamadas “Ligas de Tenerife” pero hoy quisiera detenerme en la de
1994, la que dejó escapar el Deportivo de la Coruña.
El Deportivo
de la Coruña había sido siempre un equipo modesto, alternaba la Primera con la
Segunda División españolas con bastante frecuencia. Hasta que, en 1998, llegó a
la presidencia Augusto César Lendoiro. Fundador y presidente legendario del
Liceo La Coruña de hockey, Lendoiro se empeñó en hacer que “su” Deportivo compitiese
de igual a igual con el Madrid y Barcelona.
El
punto de inflexión llegó en el verano de 1992, cuando el Deportivo, se hizo con
el fichaje de dos brasileños, desconocidos en España, pero que marcarían una
época en La Coruña: Mauro Silva, mediocentro de excepcional fuerza y calidad,
que parecía lo tenía hecho con la Roma y Bebeto, delantero de aspecto frágil
pero un goleador implacable que, este sí, tenía “pie y medio” en Dortmund para
jugar en el Borussia.
Basado
en ellos, en una delicia de jugador salida de la cantera como era Fran y con algunos otros retales, Arsenio Iglesias
(un técnico de la tierra, de la casa y con una filosofía del fútbol y de la
vida muy particulares) armó un equipo que peleó la Liga 1993/94 hasta la última
jornada.
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| Arsenio Iglesias, el mago (Foto: vavel.com) |
De
hecho, a esa última jornada de la Liga 1993/94 se llegó con el Deportivo de la
Coruña por encima del Barcelona. El 14 de mayo de 1994, los azulgranas jugaban
en el Nou Camp, frente al Sevilla mientras que el Deportivo jugaba en La Coruña
frente al Valencia. El Deportivo dependía de sí mismo: una victoria le daba el
título de Liga pero, en caso de empate o derrota y victoria blaugrana, la Liga se
iría a Barcelona.
El
Barcelona comenzó perdiendo pero acabó remontando y goleando al Sevilla
mientras que, en La Coruña, los nervios atenazaban al Deportivo y el 0 a 0 se
prolongaba, amenazando el sueño de toda una ciudad.
Hasta
que llegó el minuto 89, a uno sólo de la conclusión. Un penalti cometido sobre
Nando, lateral izquierdo deportivista, suponía la gran oportunidad. Pero, a la
vez, una gran responsabilidad para el lanzador: tener en tus pies la opción de
dar a un equipo modesto la primera Liga de su historia. Y, estando en el minuto
89, sin margen alguno de reacción.
El
habitual lanzador de penaltis del Deportivo, el brasileño Donato, estaba ya en
el vestuario: Arsenio lo había retirado del campo en busca de más mordiente
ofensiva en el centro del campo. El siguiente en la lista de lanzadores debía
ser Bebeto pero cuentan que, ya sea porque había fallado un penalti unos días
antes, fuese porque le pudo la responsabilidad, se negó a tirarlo.
Y fue
el serbio Miroslav Djukic, líbero del equipo y un jugador bastante fiable
también en estas lides, quien asumió la responsabilidad. Y, para desesperación de
toda la ciudad de La Coruña y de todos aquellos que deseábamos que ganase la
Liga un modesto, demostrando que, con trabajo se podía vencer a los grandes,
falló. Seguramente, le pudo también la presión y el portero valencianista,
González, detuvo la pena máxima.
La
Coruña y más de media España fueron un mar de lágrimas aquella noche. Cierto es
que, afortunadamente, en fútbol no siempre gana quien lo merece, pero era de
justicia que aquella Liga debía haber sido para el Deportivo.
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| Djukic, lamentándose tras fallar el penalty (Foto: futbol.as.com) |
De
hecho, se decía en los mentideros futbolísticos que “el fútbol debía una Liga
al Deportivo”. Y a fe que la logró. Fue la del 2000, ya sin el mago Arsenio Iglesias en el
banquillo. Pero eso es ya otro capítulo.