Entrenadores, escepticismo y utopía: Sinisa Mihajlović
Tras cuatro años sin conseguir un solo título, cosa que resulta trágica para un equipo grande como lo es el AC Milan, en junio de 2015 la directiva ‘rossonera’ decidió hacer una importante inversión de más de 70 millones de euros para traer una camada de buenos jugadores y así darle material de trabajo al que llegaba como el nuevo entrenador: el serbio Sinisa Mihajlović.
A decir verdad, no sé decir en qué criterio se basó la directiva milanista para su escogencia, pues en ninguno de sus anteriores trabajos destacó como un entrenador de categoría; ni en el Bologna o en la Fiorentina y muchísimo menos en la selección de Serbia. Quizás fue su aceptable desempeño en la Sampdoria el que terminó por atraer a los ‘rossoneri’, teniendo en cuenta que ese fue su último club antes de arribar a San Siro. Aceptable, pero sólo desde un modo superficial, porque su idea futbolística nunca se vio totalmente arraigada en el campo de juego. Aún así, desde Milán optaron por ofrecerle el cargo de entrenador del primer equipo.
El comienzo de temporada fue muy poco regular, manteniendo la línea de las últimas cuatro campañas. Mihajlović logró hacer despertar al equipo en la jornada diez, y a partir de ahí hizo creer utópicamente a los aficionados que podía lograr grandes cosas. Sin embargo, justo antes del parón invernal, removió todas esas sensaciones positivas y consiguió instalar el escepticismo en el San Siro cuando cerró el año con una sola victoria y dos empates en tres partidos, en los que consecutivamente enfrentó a los últimos tres equipos de la tabla general.
Al retornar luego de las vacaciones invernales, el Milan de Mihajlović no pudo sino mostrar más de lo mismo, y así el entrenador serbio permitió que el escepticismo se hiciese permanente en los aficionados, ya no sólo de la ciudad, sino los tantos que tiene alrededor del mundo. Como se esperaba, el club decidió hacerle a un lado el 12 de abril de este año tras haber perdido en casa frente a la Juventus por la trigésimo segunda jornada. Abandonó la institución con un saldo de 18 victorias, 10 empates y 9 derrotas en 37 partidos oficiales, repartidas en dos competiciones: 13 victorias, 10 empates y 9 derrotas en 32 partidos de la Serie A; y 5 victorias en 5 partidos por la Coppa Italia (dejando al equipo clasificado a la final del torneo).
Sus números hablan de su trabajo por sí solos. Sólo 18 victorias en 37 partidos, en un club como el Milan, es una marca muy poco aceptable, y verdaderamente sus estadísticas reflejan lo que mostró el equipo en la cancha bajo. Muy bajo nivel de juego, poca intensidad, falta de creatividad en el mediocampo, fragilidad defensiva y desajustes en la marcación, exceso de balonazos para evitar el juego rastrero, e inexistencia de juego colectivo en las transiciones defensa-ataque fueron los tópicos que caracterizaron a este Milan de Mihajlović durante los casi nueve meses que dirigió al club en la Serie A.
A pesar de la llegada de muy buenos jugadores como Carlos Bacca, Juraj Kucka, Alessio Romagnoli, Andrea Bertolacci y Luiz Adriano, el entrenador serbio no supo nunca cómo hacerlos encajar en su sistema de juego. La falta de acercamiento hacia los jugadores, aunado a su poco manejo de vestuario, terminaron por alejarlo de la plantilla. No pudo aceitar los pocos engranajes del equipo que llegaron a funcionar correctamente algunos partidos, y más importante aún, no consiguió formar un verdadero equipo con toda la plantilla a su disposición para dar vida a las esperanzas del club de regresar a Europa.
El escepticismo pareció trascender las barreras de la afición y se coló a los camerinos del San Siro cuando los resultados no terminaron por llegar. La idea de Mihajlović nunca terminó por quedar clara en sus dirigidos, si es que en algún momento tuvo alguna idea que transmitir, pues, basado en lo que observé del Milan esta temporada, me atrevería a decir que el propio entrenador serbio nunca desarrolló una idea de juego clara en su formación como director técnico.
Se fue de Milán pero no tuvo que recorrer demasiados kilómetros para encontrar nuevo club. Turín será su nueva casa desde el próximo mes de agosto para entrenar al club más tradicional de la ciudad: el Torino F.C., que lo ha contratado en busca de dar un salto de calidad en el campeonato italiano de la Serie A. Tras su mala experiencia en el cuadro ‘rossoneri’, Mihajlović buscará probarse a sí mismo que puede asumir retos de importancia, pero la verdad es que, con un presupuesto aún más limitado que en Milán y con una plantilla de menor calidad, el reto parece más desafiante que cuando arribó a San Siro. Por estos obstáculos y por sus limitaciones mismas como estratega, me arriesgaré a decir que la ascensión del ‘toro’ con el serbio no es más que una utopía porque él como entrenador, ya ha probado en sus anteriores clubes que no tiene establecida una idea de juego clara que pueda plasmar en sus jugadores.







0 blogger-facebook:
Publicar un comentario