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sábado, 1 de octubre de 2016

Entrenadores, escepticismo y utopía: Roberto Mancini
Anderson Ayala Giusti (@anderson2_0)

La frase “las segundas partes nunca fueron buenas” es propia del cine y la televisión, pero si se trasladase al mundo del fútbol para calificar el ciclo de un entrenador, se aplicaría perfectamente a Roberto Mancini y su segunda etapa al frente del Inter de Milán. Dicho ciclo tuvo una duración de casi dos años, y no resultó parecido en absoluto al primer proceso del italiano en el club entre 2004 y 2008, en el que cosechó éxitos a nivel local con un equipo que incluso llegó a imponer una hegemonía en el campeonato liguero; un dominio que paradójicamente contrastaba con las seguidas decepciones a nivel europeo.

Ese precedente en el club ‘nerazzurro’ le sirvió a Mancini para ser considerado por la directiva a finales de 2014 como el principal candidato al banquillo en reemplazo del destituido Walter Mazzarri, y así, tras aceptar el cargo, quien ya había encumbrado al Inter una vez, retornaba al norte de Italia para iniciar su segundo período en el Giuseppe Meazza.

Lo adverso para él fue que recibió un equipo tácticamente muy desordenado, estático y sin saber a qué jugaba. Sin embargo, el que ahora llegaba como ex-entrenador del Manchester City tampoco consiguió darle la vuelta a esa deplorable situación, con el único salvamento de que no escogió a sus jugadores desde el principio, sino que tuvo que trabajar con lo que había seleccionado Mazzarri. Su trabajo lo exhibió en la UEFA Europa League, competición a la que se había clasificado el Inter, y con una eliminación aplastante ante el Wolfsburgo por la serie de octavos de final, demostró que no había hecho progresar en nada al equipo.

Para su segunda temporada (2015-2016), que terminó siendo su única campaña completa en Milán, Mancini logró algo más destacado: luego de las primeras 17 fechas, cuando el campeonato entraba en el receso invernal, el equipo estaba situado en la primera posición. Esto, claro, le ganó el apoyo de los aficionados ‘nerazzurros’, a pesar de que había alcanzado el liderato sin nada de brillo, con algunos “golpes de suerte”, y sin haber construido un juego colectivo. En síntesis, posicionó en la punta a un equipo al que no le faltaba nada, pero al que tampoco le sobraba nada.

Cuando inició el descenso de posiciones, los hinchas, más afectados, se vieron invadidos por la sensación de que otro año más se quedarían sin trofeo alguno. Y así fue: el escepticismo se materializó a través de un cada vez más vacío estadio Giuseppe Meazza, y el resto de la temporada terminó siendo fatal para todos.

Aún así, el entrenador no se desvinculó del club tras finalizar la campaña, sino que se fue destituido tras acabar la reciente pretemporada con el club. Ahora, abandonado el cargo, sus números reflejan lo que fue su paso por el Inter: 77 partidos en total, con 36 victorias, 18 empates y 23 derrotas por todas las competencias, lo que incluye Serie A TIM, Coppa Italia, UEFA Europa League, y amistosos de pretemporada. Como se observa, el número total de victorias resulta menor que el número sumado entre empates y derrotas, lo que habla de un paso bastante mediocre por el club.

Mediocre parecerá una palabra fuerte, pero es acertada para describir la segunda temporada de Mancini en el Inter. Las imprecisiones, errores y desconcentraciones en todos los sectores de la cancha predominaron en un equipo bajo las órdenes de un entrenador que pareció nunca dejar claro el mensaje que quería transmitir. Jamás alcanzó una solidez defensiva digna del fútbol italiano, o siquiera medianamente aceptable. A pesar de haber contado con una importante inversión, no supo nunca confeccionar una base compacta con los refuerzos que le trajeron. Y más importante aún, no implantó nunca en sus jugadores un estilo de juego que se pudiera visualizar en el terreno.

Si fue que no pudo transmitirlo correctamente a los jugadores, entonces su falla es netamente de comunicación, pero con toda una primera temporada para trabajar esto, resulta poco creíble que la culpa haya sido mayoritariamente de los jugadores. Como sea, mi parecer es que, tal como le ocurrió en su etapa anterior en el  Manchester City, nunca pudo dejar clara una idea de juego porque ni siquiera él mismo tiene una confeccionada.

Por ello Roberto salió de la “capital de la moda” con más pena que gloria, y ahora deberá replantearse algunas cosas sobre la dirección técnica en el fútbol, si es que pretende volver a clubes importantes. Como sea, lo más probable es que acoja algún equipo sin tanto brillo en Italia cuando en este inicio de temporada se den los infalibles despidos a los entrenadores, pero creer que logrará grandes cosas con dicho club resultará una utopía. 

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