Veranos europeos: El penalti más largo (y famoso) del mundo
En el año 2005 se estrenó en España una película que cuenta la vida de un trabajador de un supermercado de barrio y que juega al fútbol como portero de un equipo de la tercera división regional. Fernando, así se llama el protagonista, siempre es suplente, pero en el último partido de la temporada el portero titular se lesiona en una jugada en la que el árbitro señala penalti y tiene que ocupar la portería. Si para el penalti, el equipo será campeón y subirá de categoría. Cuando el jugador del equipo contrario está a punto de lanzarlo, unos hinchas invaden el campo y el partido se suspende. El comité de competición decide que se lance el penalti al siguiente domingo. En tono de comedia, la película hace un retrato costumbrista de la clase obrera y de la gente más desfavorecida y los problemas de la España de hace una década con el fútbol como telón de fondo...
En la realidad, en la
historia del fútbol, el penalti más famoso del mundo se lanzó en
Belgrado el 20 de junio de 1976 y sirvió para dar el título de
Campeón de Europa a Checoslovaquia. Su autor no es otro que Antonín
Panenka. Siempre que se habla del penalti de Panenka se hace desde el
lado del triunfador, del que se lleva la gloria. Pero en esta ocasión
quería hablar y valorar a la parte perjudicada, el portero que
defendía la portería: Sepp Maier.
Maier desarrolló toda su
carrera como jugador en el Bayern de Múnich (1966-1979). Durante ese
tiempo consiguió numerosos títulos nacionales así como tres Copas
de Europa consecutivas (74, 75 y 76). Además, era el titular
indiscutible de la selección alemana que venía de conquistar, de
forma consecutiva, la Eurocopa en el año 72 y el Mundial del 74.
Apodado “el gato”, Maier fue reconocido como mejor jugador alemán
del año en 1975.
La final de aquella
Eurocopa terminó, tras jugarse la prórroga, con el resultado de
2-2. Aprobados ya oficialmente por la FIFA, los lanzamientos desde el
punto de penalti iban a decidir, por primera vez, el campeón de un
gran torneo, cuya fase final organizó Yugoslavia. Los siete primeros
lanzamientos fueron convertidos por los jugadores, pero el alemán
Uli Hoeness erró el suyo con un cañonazo que envió por encima de
la portería. En el siguiente lanzamiento, el noveno de la tanda, el
jugador checoslovaco inició la carrera desde fuera del área y, con
un toque sútil, elevó la pelota suavemente a media altura dibujando
una parábola que acabó entrando por el centro de la portería que
Maier había dejado vacía al lanzarse hacia el lado izquierdo. La
imagen que ilustra el artículo refleja claramente los dos lados de
la misma situación: el uno, triunfante, mano en alto , celebrando el
título incluso antes de que el balón rebase la línea de gol; el
otro, por los suelos, casi arrodillado, con una postura como de
desubicado, sin saber muy bien qué diablos había sucedido.
…por cierto, en la
ficción la historia tiene final feliz, así que pueden imaginar lo
que acaba sucediendo.







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