Veranos europeos: El final de la maldición (o la convicción de Luis Aragonés)
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Recuerdo que el reloj marcaría las once y veinte de la noche (minutos más, minutos menos) cuando Fábregas batía a Buffon en el noveno lanzamiento de la tanda de penaltis del partido ante Italia de cuartos de final celebrado en el Ernst-Happel-Stadion de Viena la noche del 22 de junio y clasificaba a la selección española para jugar las semifinales de aquella Eurocopa del 2008. Pero no sólo eso, en un abrir y cerrar de ojos, se ponía fin a una época de continuas frustraciones y decepciones que acabaron germinando en una especie de complejo que presuponía que España no podía competir de igual a igual con las grandes potencias mundiales y que el camino en los grandes torneos terminaba siempre en la insuperable barrera de los cuartos de final.
Desde la final de la
Eurocopa de Francia de 1984, la historia del fútbol español está
repleta de nombres (tanto de jugadores como de entrenadores) que
simbolizan, con sus errores en jugadas decisivas o con sus decisiones
y filosofía del juego, el fracaso deportivo de un país que teniendo
en su Liga a dos de los gigantes del fútbol mundial (Madrid y
Barcelona) no entendía por qué siempre se tropezaba en la misma
piedra. La lista incluye nombres como Eloy en México 86, Julio
Salinas en Estados Unidos 94, Hierro y Nadal en la Eurocopa del 96,
Javier Clemente en Francia 98, Raúl en la Eurocopa del 2000, Joaquín
en Corea-Japón en el año 2002, e Iñaki Sáez en la Eurocopa de
Portugal 2004.
¿Qué ocurrió,
entonces, para que se diera la vuelta a la situación? Analizando los
hechos con la perspectiva que da el paso del tiempo, no sucedió nada
milagroso, es más, pienso que lo de la maldición y toda la leyenda
que se creó se debió más a las falsas expectativas maximizadas, la
mayoría de las veces, por parte de la prensa, antes de cada torneo.
Simplemente, antes no eran los mejores. Eran buenos, algunos,
incluso, muy buenos pero no los mejores.
Por poner algunos
ejemplos, Fábregas tenía 21 años cuando lanzó el penalti que nos
clasificó y ya con 17 ó 18 años era un pieza fundamental del
Arsenal. Julio Salinas, delantero del Barcelona en el “Dream Team”
de Cruyff era suplente de un tal Romario que esa misma temporada del
Mundial 94 anotó 30 goles en 33 partidos de Liga. En esa misma tanda
de penaltis de la que hablamos, Casillas, posiblemente, fuera uno de
los mejores porteros del mundo (detuvo dos lanzamientos). Zubizarreta
con 35 años, en 1996 ante los ingleses, no detuvo ninguno.
Ya sé que el fútbol no
es tan simple como estas líneas que estoy escribiendo e influyen
otros factores como la suerte, el arbitraje y por supuesto el rival.
Estoy pensando, por ejemplo, en el “robo” perpetrado a Italia y a
la propia España, en el mundial asiático del 2002. Pero el éxito
empieza aceptando lo que uno es y creyendo hasta dónde puede llegar
y a eso ayudó, y mucho, Luis Aragonés. También tuvo que soportar
otro fracaso, esta vez la derrota contra Francia en el Mundial del
2006. Pero sentó las bases de los éxitos obtenidos en estos últimos
años, no sin sufrir presiones y ataques (mediáticos) por algunas de
sus decisiones. Apostó por un estilo definido, con el toque por
bandera y Casillas, Puyol, Ramos, Xavi, Iniesta, Fábregas,
Cazorla, Villa, Fernando Torres y demás hicieron no lo que tenían
que hacer, sino lo que sabían hacer.
Con el título ya
conseguido, de repente nos acordamos de que en 1964 ya habíamos
ganado otra Eurocopa. De ser unos malditos, pasamos a igualar a
títulos con Francia y a superar a selecciones como Italia.
Simplemente, ganamos
cuando fuímos los mejores.







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