Veranos europeos: La moneda que le salió cara a la URSS
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| El capitán italiano con la Copa de Europa (Foto: uefa.com) |
En este capítulo contaremos un hecho ocurrido durante la Eurocopa de 1968 celebrada en
Italia. Nuestras protagonistas las selecciones de la Unión
Soviética, Italia y una moneda. Una moneda que cambió el destino de
la selección italiana.
Europa miraba a Francia
como consecuencia de las revueltas estudiantiles de París a las que
acabarían sumándose los sindicatos, los obreros y el Partido
Comunista. Las revueltas calaron en otras partes del viejo continente
y en Checoslovaquia se produjo el movimiento de liberalización
política llamado Primavera de Praga que terminó con la invasión
del país por parte de la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia.
En ese contexto político y social se disputó la 3ª edición del
torneo en la que solamente cuatro países podían disputar la fase
final.
Desde septiembre de 1966
y acabado el Mundial de Inglaterra se celebró la fase de
clasificación en la que las selecciones se emparejaron en 8 grupos
de los que saldrían los cuartofinalistas. Llama la atención el
grupo formado por los cuatro territorios que componen el Reino Unido en
una especie del “cuatro naciones” de fútbol y del que Inglaterra
(vigente Campeona del Mundo) se clasificó en primer lugar, por
delante de Gales, Escocia e Irlanda del Norte.
Las ocho selecciones
clasificadas se enfrentaron a doble partido. Las que ganaron sus
respectivas eliminatorias y por tanto se clasificaron para las
semifinales fueron: Unión Soviética, Italia, Inglaterra y
Yugoslavia. La UEFA, una vez conocidos a los clasificados, estableció
que la sede fuera Italia.
El 5 de junio en el
Estadio San Paolo de Nápoles, Italia y la URSS jugaron la primera
semifinal con el resultado final de 0-0. Por aquel entonces todavía
no eran oficiales las tandas de penaltis (seis años antes el Trofeo
Ramón de Carranza de Cádiz se decidió de esta manera, siendo la
primera vez que se utilizaba para dirimir el ganador de un partido
que había terminado en empate, sin necesidad de jugar el “replay”).
Así que sin posibilidad de jugar el partido de desempate ya que la
final estaba programada para el 8 de junio, el árbitro del
encuentro, el alemán Kurt Tschenscher citó en los vestuarios del
estadio napolitano a los capitanes de los dos equipos (Facchetti y Shesternev) y se produjo el
hecho que cambió la suerte de ambas selecciones: el colegiado lanzó
una moneda al aire y la suerte sonrió a Italia.
Lo que pasó en aquel
vestuario sólo lo saben los protagonistas e incluso, con el paso del
tiempo, los hechos tienden a distorsionarse y distintas versiones son
tomadas por verdaderas: que si el árbitro lanzó la moneda y ésta
se quedó en un grieta del suelo por lo que repitió el lanzamiento,
que si la presencia de la camorra napolitana “ayudó” a
que la moneda saliera cruz, que fue la intervención divina de San
Genaro la que obró el milagro... incluso según las crónicas del
partido que leas, unas veces cuentan que el capitán italiano
Giacinto Facchetti eligió cara y otras veces que eligió cruz.
Lo cierto es que Italia
jugó la final y derrotó a los yugoslavos por 2-0 en el partido de
desempate tras haber igualado a 1 en el primer partido. La selección
azzurra compuesta por jugadores de la talla de Zoff, Facchetti,
Mazzola, Riva y Rivera conseguía su primera y única Eurocopa y
rejuvenecía un palmarés que se había estancado con las dos Copas
del Mundo de los años treinta.
La URSS, por su parte,
clara favorita para, al menos, haber llegado a la final (ya tenía un
título y un subcampeonato de las dos ediciones anteriores) vio cómo
la suerte le dió la espalda y comprobó que, a veces, el fútbol no
es suficiente.
Alfonso Massó (@alfonsomasso)
Alfonso Massó (@alfonsomasso)







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