John Doe

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I'm John Doe,
Web Designer & Web Developer
from United States, California.

I have rich experience in web site design & building and customization. Also I am good at html, css, javascript, wordpress, php, jquery, bootstrap. I love to talk with you about our unique approach. Feel free to contact me writing an email with your project idea.

What I Do
UI/UX Design

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Brand Identity

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Web Design

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Mobile Apps

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Photography

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Punto y final

Empezar una nota de despedida, luce bastante complicado. A lo largo de los últimos cinco años, GRUPO SPORTS se consolidó como un medio independientes que poco a poco, iba encontrando su rumbo. Desde las noticias, a los reportajes, podcast, columnas, entre otras formas de comunicar. Cinco temporadas de bastante trabajo, de noches en vela, de horas invertidas en diseños innovadores, de largas reuniones editoriales para ofrecer un producto atractivo. 

Por supuesto que, los tiempos donde el amarillismo y sensacionalismo triunfa en las masas, no lucen como los mejores.  Por suerte, no todo es malo. Atravesamos un auge bastante interesante dentro del periodismo deportivo: el querer analizar las formas, por encima de los resultados. Es un movimiento bastante atractivo.

Para GRUPO SPORTS, el camino ha terminado. Más de 100 colaboradores de 14 países, más de 3.000 notas escritas y más de 1.000.000 de visitas desde su creación. Se cierra un ciclo de cinco años para un proyecto que trajo grandes momentos para cada uno que lo hizo posible.

Toca decir adiós. Pero detrás de la melancolía que puede generar una despedida como esta, se esconden nuevos horizontes. Es el final para un proyecto que cautivó y trascendió a lo largo de 5 años. Es el final de un camino, y el inicio de otro completamente distinto.

¡Gracias totales! 

Skyhook: Coetzee tú, anarquista yo

Daniel Hinojosa (@rovesciatta)

Simbolismo, más allá de enrevesadas definiciones típicas de diccionario filosófico, es un estilo literario que Moréas, su precursor, definió como “enemigo de la enseñanza”. Más allá del enunciado, este esconde intenciones de mostrar el mundo como un sudoku de periódico de domingo esperando a ser resuelto, y en aras de dicha labor el escritor debe encontrar los vínculos entre los objetos sensibles para, entonces, desempolvar el puente de piedra vetusto y transitar sobre su historia en busca del todo.

El simbolismo en sus letras ha caracterizado, por ejemplo, a J.M. Coetzee, premio nobel de literatura sudafricano, a lo largo de su carrera. Lo que John Maxwell nunca supo, mientras apañaba en su estudio a poca luz los primeros trazos de obras como “desgracia” y “diario de un mal año”, era que un compatriota gemelo de apellido iba a tomar de él, maestro de la disección precisa de su sociedad, la técnica para arremeter en contra de lo establecido. El sábado pasado en Newlands, el coloso de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, Allister Coetzee, entrenador de los Springboks, fue un simbolista más; fue, desde el primer minuto, en contra de aquella enseñanza que dice que contra los All Blacks no hay fórmula ni menjurje, y que no queda más remedio que aguantarles con kilos de masa muscular y centenares de rosarios rezados en la semana previa al cotejo. Porque son ellos los que tienen tan solo cinco derrotas desde 2011.

Los Springboks eran el último escollo de la tribu maorí por excelencia para alzarse con el Rugby Championship de este curso. Coetzee planteó un partido reactivo de principio a fin, sin regalar medio centímetro e incomodando, dentro sus posibilidades, la gestación de juego de los neozelandeses. El sudoku se fue desentrañando a medida que, por los pequeños vínculos de la aportación individual, Sudáfrica fue tejiendo los caminos para buscar el todo. Desde la aplicación sistemática y acertada del balón a tierra hasta la resistencia mastodóntica de su hooker, Malcolm Marx y el ímpetu del espíritu anarquista de su capitán, Eben Etzebeth, recordando, independiente de sus marcadas diferencias en estilo y aplicación táctica, a François Pienaar -el hombre que detuvo a Jonah Lomu-. Etzebeth fue la representación artística de un cuadro en bucle en el que el protagonista, anarquista luchando contra el régimen, no se cansa de colisionar contra un muro de concreto infranqueable que, a cambio de sus marcadas cicatrices, apenas va cediendo de a ínfimas fracturas. Sudáfrica acabó con catorce hombres y una derrota, pero el orgullo intacto.

La expresión impávida de Kieran Read, capitán de los All Blacks, al cierre del partido que acabó 24-25 y significó el título invicto para los neozelandeses, fue una muestra más de que el enemigo no logró cruzar el puente vetusto para llegar al todo, pero hizo temblar los adoquines del reino. Y eso, ante una caballería milenaria y colosal, es la muestra de que el simbolismo es el camino: Nueva Zelanda tiene puntos débiles mínimos -objetos sensibles-, y para llegar al todo, la victoria, hay que encontrar los vínculos entre unos y otros. Después del despliegue sudafricano y de la excelsa labor de los Lions en sus cuatro encuentros recientes, parecen vislumbrase luces en el camino más allá de sus cinco derrotas aisladas en estos años. La clave pasa porque los cuerpos técnicos consuman, a partes iguales, partidos de la tribu maorí, café para el pestañeo de madrugada y libros de Coetzee. Leer a un nobel y vencer a los All Blacks como recompensa del trasnocho no estaría nada mal.

Skyhook: Carlo, tu sei Hugh Hefner

Daniel Hinojosa (@rovesciatta)

Cuando en los años 70 el imperio Playboy se vino abajo, los vientos en la redacción no se arremolinaron ni se produjo una hecatombe que desembocara, como casi todas las caídas en el sector editorial, en una serie de despidos en masa -por ende, la cancelación de muchas suscripciones a revistas del hogar y la reducción de las filas en los estrenos de las películas de Jane Fonda-. Hefner, quien dio vida al magazín y labró un concepto que trascendió las barreras del mercado editorial, supo que la única necesidad de una monstruosa maquinaria que se había quedado sin aceite ante la velocidad de la competencia era encontrar quién diera un cambio de enfoque para resurgir y seguir a flote más fuerte que antes.

Hefner, cual rey sobrado de pericia y sagacidad, cedió las llaves del reino a su hija, Christie, y esta levantó a la revista del bache, la volvió a situar en el pico del mercado y expandió el espectro comercial de la marca logrando que Playboy llegara al cine, el video -innovador para entonces- y la cibernética. La pequeña Hefner reacondicionó un Koenigsegg con el chasis maltrecho para que volviera a lucir acorde a su poderoso motor. Más tarde, con el auto reluciente y el motor desempolvado, Hugh tomó las llaves y volvió a ser el rey.

Carlo Ancelotti, recientemente relegado en el Bayern de Múnich, es Hugh Hefner. Ha caído, a pesar de que su despido se pueda considerar apresurado e incorrecto, pero volverá. Porque, como dijo Sófocles alguna vez, los decretos no tienen la fuerza suficiente para permitir al hombre ignorar las leyes inmutables de los dioses, pues su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre. Ancelotti hace parte de ese olimpo de dioses de la Copa de Europa cuyos decretos son inmutables y cuya palabra no tiene reversa; pocos entrenadores llevan cubos de hielo en la sangre como para, tras las críticas por dejar fuera de un cotejo mediático a los pesos pesados del vestuario, afirmar con la serenidad de un personaje de Tolstoi: “Je ne regrette rien” -no me arrepiento de nada-. Las copas en el bar junto a Paisley, Ferguson, Michels, Herrera y Sacchi se las ha ganado a pulso.

El Bayern, ese equipo que de la mano de Jupp Heynckes parecía tener madera para tiranizar europa, es Playboy. La velocidad centrífuga a la que corre el medio, el reinado indiscutible de un monarca -Real Madrid- y la amenaza de aquellos reinos que cuentan con príncipes de sangre azul esperando por el cetro -Kylian Mbappé, Paulo Dybala y compañía- han acabado por, aparentemente, relegarlo de la discusión por la corona continental, esa que parece, cada vez más, cortar de raíz los aires subversivos para privilegiar a una élite que se retroalimenta y, en un acuerdo tácito, actúa para simplemente cederse la silla.

Dentro de sus filas tiene materia prima suficiente para cambiar el aceite y volver a sembrar el pánico en sus giras por el viejo continente; la clave está en encontrar a su Christie Hefner que le de nuevas dimensiones al gigante bávaro. A fin de cuentas, Playboy siguió siendo Playboy, y el Bayern volverá a ser el Bayern. Así Beckenbauer y Rummenigge deban volver a vestirse de cortos y enfundarse las botas para lograrlo. Es lo que tienen los imperios milenarios; jamás caen, solo se transforman.

Hugh Hefner (QEPD)

Érase una vez: Teófilo “El Nene” Cubillas

Theoscar Mogollón (@Theo_Mogo)

¿A cuántos “10” han visto que sean capaces de quedarse en la memoria con el pasar de los años? Ya sea con un gesto técnico, un gran olfato goleador o un talento para hacer fútbol sin mucho esfuerzo, podemos encontrar una gran cantidad de jugadores por todo el mundo que sean capaces de eso. No obstante, en una época donde el balompié reinaba con Pelé y compañía surgió un joven prodigio en un país que nunca antes había ido a un mundial. Érase una vez un nene que llevó a Perú a la gloria futbolística gracias a su desempeño en la cancha y su amor por la camiseta.

La historia de Teófilo Cubillas comenzaría en su natal Lima, ciudad donde es leyenda. Y ¿cómo no serlo luego de todo lo hecho no solo con Alianza Lima sino por el país?. Corría el año de 1966 y con solo 17 años debutaría en la Primera División, siendo además el goleador en su primera temporada con 19 tantos. “El Nene” ya comenzaba a deslumbrar en las canchas y no tardaría en hacerse un nombre en el ámbito futbolístico.

Con la Selección Nacional, Cubillas tendría sus mejores actuaciones. Debutaría de la mano de Waldir Pereira Didí en 1968, participando en las eliminatorias rumbo al Mundial de 1970. En aquel entonces, Perú dejaría a la todopoderosa Argentina sin mundial luego de ganarles 1-0 en Lima y empatar a 2 goles en “La Bombonera”. Teófilo y compañía hacían historia y además harían maletas para ir a México a su primer mundial de fútbol.

El gran salto a Europa
El país azteca sería la vitrina donde Cubillas se daría a conocer al mundo entero. En un grupo junto a Bulgaria, Marruecos y Alemania, la selección peruana de la mano de “El Nene” dejaría una excelente imagen. A pesar de que el partido debut había comenzado de manera negativa, pues tenían un marcador adverso de 0-2 sin mencionar que les habían notificado sobre un terremoto ocurrido en Perú, el combinado sudamericano pudo sobreponerse y terminar ganando 3-2  para darle una alegría a los suyos.

Teófilo lograría anotar dos goles a Marruecos, uno a Alemania a pesar de la derrota y otro a Brasil en los Cuartos de Final donde caerían 4-2 en un choque que sería calificado como uno de los mejores en la historia de los mundiales. Con cinco goles en total además de su habilidad con el balón pegado a los pies, su buena visión de juego y excelente pegada “a tres dedos”; Cubillas daría el gran salto al viejo continente. Suiza y Portugal serían los nuevos hogares de un “10” que demostraba elegancia en el campo.

Su estadía fue breve en el FC Basel de Suiza, seis meses no fueron suficientes para demostrar todo su potencial pero eso no lo detendría en su intento de conquistar Europa, por lo que su fichaje por el FC Porto traería sus frutos. “El Nene” se convertiría con el pasar del tiempo en máximo goleador, capitán e ídolo en tierras lusitanas. 65 goles en 108 partidos oficiales durante tres temporadas hablarían por sí solo. No obstante, el amor por su país y sus raíces harían regresar a Cubillas a su ciudad natal.

Campeones de la Copa América 1975
El mundial de 1974 no tuvo la dicha de ver al “sucesor de Pelé” (palabras del mismo brasileño), ya que en el juego decisivo contra Chile no jugaría. Sin embargo, la algarabía de toda una nación se haría realidad un año más tarde, cuando la selección peruana se coronaba campeona de la Copa América de 1975. Allí, Cubillas daría un claro ejemplo de lo que verdaderamente es el amor por un país.

Luego de eliminar en primera fase a Chile y Bolivia, la semifinal contra Brasil en Belo Horizonte supondrían una especie de revancha por lo ocurrido en el mundial del 70. Cubillas aportaría un gol en la histórica victoria por 1-3 para que Perú se enfrentara en la final contra Colombia. Desde Portugal informarían que “El Nene” no tendría permiso para jugar ese encuentro, pues coincidía con un juego del Porto. Tanto sería la insistencia de Teófilo y las ganas por disputar la final que le darían el permiso advirtiéndolo de las consecuencias. El 28 de octubre toda Perú celebró la obtención de su segunda Copa América, esta vez de la mano de una de sus leyendas vivientes.

Con Cubillas y la selección peruana en su apogeo llegaría el mundial de Argentina 1978, otra gran oportunidad para dejar en claro que lo de ellos no era simple coincidencia. El mediocampo conformado por Velásquez, Cueto y Teófilo sería considerado como uno de los mejores del mundial. Nuevamente tendrían un arranque complicado, esta vez Escocia era el rival y partía como uno de los favoritos. Tras estar por debajo en el marcador, Perú comenzaría a jugar con elegancia, con toques y creyendo en ellos mismos. La remontada la cerraría con broche de oro “El Nene” tras una excelsa ejecución de tiro libre que aún sigue dando de qué hablar. En los archivos de la FIFA todavía usan ese cobro de “tres dedos” como modelo a seguir.

El nivel que mostraba el combinado peruano era muy alto y hacía ilusionar a muchos. Tras la victoria 3-1 ante Escocia, el empate a 0 contra Países Bajos y la goleada a Irán por 4-1 (con doblete de Cubillas) la segunda fase mostraba a rivales fuertes. Se esperó mucho más de Perú que al final perdería sus siguientes tres compromisos contra Brasil (3-0), Polonia (1-0)  y Argentina (6-0). Teófilo finalizaba otro mundial con cinco dianas, donde obtendría un Botín de Plata como segundo mejor goleador.
Su fútbol, desde Perú hasta Estados Unidos
Con su etapa en Europa finalizada, Cubillas retornaría a su amado Perú. Conseguiría un bicampeonato con Alianza Lima luego de formar equipo junto a grandes figuras como Cueto, Sotil y Velásquez. El fútbol peruano sería ahora quien disfrutara de cerca del mejor “10” del continente. Sería en marzo de 1979 cuando se marchara a Norteamérica para jugar con los Fort Lauderdale Strikers junto a grandes figuras como George Best o Gerd Müller.

Con cinco temporadas en su haber convirtiéndose en máximo goleador del equipo, además de alcanzar un récord de anotaciones luego de marcar tres goles en siete minutos, Cubillas le daría fin a su paso por Fort Lauderdale Strikers con 35 años de edad. El mundial de 1982 terminó pasando desapercibido tanto él como la selección peruana, quienes quedarían eliminados en la primera fase.

Su retiro oficial de las canchas se haría en la segunda división estadounidenses con el South Florida Sun en 1986, donde lograría un campeonato el año anterior. Sin embargo, en 1987 ocurriría una tragedia que acabaría con la vida de todo el plantel de Alianza Lima. Ante esto, enamorado del fútbol, de su país y del club de su vida, Teófilo regresaría de su retiro para jugar las 13 fechas restantes del campeonato en honor a las víctimas. Alianza Lima obtendría el subcampeonato.

“El Nene” al final concretaría 268 goles en 469 partidos oficiales, ubicándolo como uno de los mediocampistas más goleadores de la historia superando a Maradona (259), Rivaldo (229), Platini (207), Baggio (205) y Gullit (175). Actualmente es instructor de la FIFA además de estar impartiendo clases de fútbol en Estados Unidos. Teófilo Cubillas hizo historia para su país y, lo que está claro, es que tanto el fútbol como todo Perú nunca olvidarán a este humilde “10”.

"Si volviera a nacer, escogería de nuevo el fútbol como mi profesión, a Perú como mi nación, a Puente Piedra como mi distrito y al Alianza como mi equipo" – Teófilo Cubillas.

Érase una vez: Jorge “Mágico” González

Theoscar Mogollon (@Theo_Mogo)

¿Y qué es la magia? Es un espectáculo donde, por medio de trucos, se intenta engañar al espectador con situaciones increíbles y fuera de la lógica. La gente sabe que lo que está viendo no es real, pero no logra descubrir el secreto detrás de la ilusión. En el fútbol, estos actos son solo practicados por un selecto grupo de jugadores que, sin importar donde nacieron, le regalan al público pinceladas de arte. Érase una vez un genio vago que pudo ser mejor que el propio Maradona, pero simplemente no quiso.

Llegaba el verano de 1982 en España, país que albergaría su primer mundial de fútbol. Figuras importantes como Zico, Paolo Rossi o Karl-Heinz Rummenigge serían quienes se llevaran los focos de atención con sus respectivos combinados. Sin embargo, una humilde selección salvadoreña tenía en sus filas a un chico de 24 años que poseía magia pura en sus botines. El Salvador perdería sus tres compromisos y se iría a casa con 15 goles en contra y solo 1 a favor.

Ojeadores españoles y de toda Europa llegarían a mostrar interés en ese delgadísimo joven con el dorsal 11, cuyos regates y gambetas dejaban mal parado a los rivales. Por cuestiones curiosas, Jorge “Mágico” González no ficharía por el PSG, pues ¿qué iba a hacer él en Paris si no sabía el idioma?, según palabras del propio jugador. Cuando solo bastaba la firma para cerrar el contrato, Jorge no se presentó aquel día.

Cádiz, una ciudad que se llenó de magia
En las calles de la ciudad andaluza siempre se comenta que "Mágico no se entiende sin Cádiz, y Cádiz hace mucho que no se explica sin Mágico". Hoy en día, 26 años después de haber jugado su último partido en el estadio Ramón de Carranza, la leyenda de Jorge se mantiene latente. Inclusive, los más jóvenes saben quién fue este personaje sin ni siquiera haberlo visto jugar alguna vez.

Cádiz es una ciudad con un clima agradable, con una forma de vida bastante tranquila y en donde se ven decenas de gaviotas picoteando en la orilla de la playa. Seguramente eso y otras cosas más fueron los motivos suficientes para que Jorge decidiera fichar por un equipo que acababa de descender a la Segunda División de la Liga Española.

Días soleados y noches de juergas interminables con mujeres bellas serían disfrutadas por El Mágico durante su estancia. Si bien su fichaje no hizo mucho ruido, poco a poco Jorge se iría ganando el respeto y admiración de toda una ciudad que al final lo inmortalizaría. No había otro jugador que se divirtiera en el campo tanto como él, y es que no veía el fútbol como una profesión. “Si lo hiciera, no sería yo. Sólo juego por divertirme”, llegó a decir en una entrevista cuando aún estaba en activo.

Miles y miles de anécdotas se siguen contando en las calles gaditanas. Mágico se caracterizaba por ser una persona que dormía más de la cuenta y en centenares de ocasiones llegaba tarde a los entrenamientos, mientras que en otras ni aparecía. Esas actuaciones se convertirían en un dolor de cabeza para los directivos, pero ¿cómo culpar a un jugador que era idolatrado por los fanáticos y siempre dejaba la vida en la cancha?.

Lo que realizaba Mágico en el campo todavía permanece en la memoria de toda una ciudad. Jorge era espectáculo puro, tenía algo que no lo tenían los demás. Podía arrancar de 0 a 100 pero a la vez frenaba de 100 a 0. De todo su repertorio destacaba una muy especial, era una jugada fuera de lo normal, te mostraba el balón de un lado para luego irse por el otro. Así como paraba la esférica se paraban los corazones y todo el estadio.

“¿El mejor futbolista del planeta? No, hay uno mejor que yo. Se llama Jorge González”
Mágico pudo convertirse en un dios del fútbol, ganar todos los millones del mundo y jugar en los mejores equipos del planeta, pero prefirió ser un simple mortal. Una vez le llegaron a preguntar a Diego Armando Maradona si se consideraba el mejor futbolista de todos los tiempos, su respuesta fue un elogio hacia Jorge. Ambos pudieron coincidir en el FC Barcelona, pero nuevamente una nota bastante curiosa lo dejaría sin la posibilidad de vestir los colores azulgranas.

La relación entre El Mágico y su entrenador en Cádiz se complicaba con el pasar del tiempo, había una guerra contra él por su manera de vivir e indisciplina. La directiva amarilla colocó a Jorge en la lista de transferibles luego de que no se presentara a entrenar durante casi 20 días, nadie sabía dónde estaba el crack. Tuvo su oportunidad con el equipo catalán en una gira por los Estados Unidos. Sin embargo, tras un incidente en la ciudad de California, donde se quedó en su habitación con una mujer luego de que desalojaran el hotel por una alarma de incendio, el entrenador optaría por no incorporar en sus filas al salvadoreño.

Con un Barcelona que no quiso arriesgar y un Cádiz sin paciencia para él, el nuevo destino de Mágico sería el Real Valladolid. El conjunto violeta se encargaría de hacerle un seguimiento exhaustivo, pues sabían sobre su indisciplina y forma de vida. Jorge seguiría siendo el mismo y solo duraría 6 meses en Valladolid. A pesar de que el presidente del Cádiz había jurado no volver a contratarlo, la presión de la hinchada para que estuviera de vuelta pesó más y El Mágico retornaría a su ciudad.

La leyenda continúa
Su segunda etapa con el equipo amarillo sería sin duda la mejor. Durante las siguientes 5 temporadas, Jorge se consagraría como una verdadera leyenda en la ciudad andaluza. A pesar de que sería multado por el conjunto en varias ocasiones por llegar tarde a los entrenamientos, El Mágico dejaría las mejores muestras de su fútbol, nada había cambiado en él y al menos sus noches se olvidan por las tardes.

Las cosas que hacía Mágico cuando quería eran de antología. Ante el Racing de Santander dejó enmarcada una obra de arte, considerada hoy en día como uno de los mejores goles en la historia de la liga española. El salvadoreño se sacó hasta 4 rivales de encima que le iban saliendo al paso sin permitirle entrar al área. Justo en la media luna, Jorge mira de reojo la portería y se da cuenta que el portero está adelantado, en vez de buscar un remate potente a los costados, inventa una vaselina que acaricia el travesaño antes de besar las redes. Genio total.

El rendimiento de Jorge volvería a levantar interés en algunos clubes de Europa. Desde Italia, el Atalanta preguntaba por él. Con una oferta millonaria en la mesa, Mágico la rechazaría sin dudarlo, ¿por qué? Simple, allá no vendían pescado frito. Separar Cádiz de “Mágico” González en aquella época era imposible. Ninguno podía vivir sin el otro.

Años después de su llegada, Jorge dejaría Cádiz para regresar a El Salvador, a su equipo de toda la vida. Algunos dicen que se volvió taxista, otros que aún se le ve jugando al fútbol a orillas de la playa y hasta los más soñadores afirman que todavía pasea por las calles gaditanas. La leyenda de El Mágico se mantiene viva. En cada esquina o en cada bar siguen contando la historia de aquel jugador que pudo reinar el mundo, pero no quiso.

Historias de verano: Tecnología, modernidad y fútbol

Gabriel Delgado (@gabomarston)

El Gran Hermano todo lo ve; está en todos lados y no puedes hacer nada sin que él se dé cuenta.  Controla todos los aspectos de tu vida. No hay secretos ni vida privada. No puedes ni siquiera pensar libremente por qué la Policía del Pensamiento vendrá por ti. El Gran Hermano y el Partido son lo único que necesitas.

Suena demasiado tétrico, pero la novela de George Orwell “1984”, cada vez se torna más real en este mundo moderno donde todos estamos conectados a través de internet y todos podemos ver lo que todos hacemos.

El informático Edward Snowden puso al descubierto en 2013 a nuestro Gran Hermano real: PRISM. Acrónimo del programa espía más grande de la historia, utilizado por la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) para intervenir en las telecomunicaciones de todo el mundo. El Gran Hermano todo lo ve.

Ahora, el Gran Hermano ha intervenido en el fútbol con el nombre de VAR (Video Assistant Refferee), el cual utilizado en esta Copa Confederaciones de Rusia 2017 para ayudar a los árbitros con decisiones polémicas. 

El sistema es tan hermético y misterioso como el Gran Hermano mismo: Son tres árbitros reunidos frente a una pantalla en una locación desconocida, donde observan detenidamente la jugada a revisar; mientras tanto el árbitro central que se encuentra en medio del campo recibe instrucciones de estos oficiales a través de una diadema y ejecuta la decisión de estos como designio divino. Sin objeción y sin titubeos.

Ya en la primera jornada de la Confederaciones le anularon un gol a Portugal y otro a Chile por fueras de juego, los cuales fueron revisados a través del VAR e invalidados correctamente. En el partido de México frente a Nueva Zelanda, nuevamente se usó al VAR para sancionar a los jugadores que participaron en una bronca, donde varios jugadores tuvieron que irse expulsados. Sin embargo, con todo y tecnología, el árbitro tomó la decisión incorrecta y solo mostró tarjetas amarillas. ¿Qué pasa dentro de ese cuarto que probablemente está en alguna región de Siberia?

Al chileno Jean Beausejour no le ha gustado para nada el VAR: “Faltó el show del entretiempo y que le agregaran dos cuartos más para que fuera fútbol americano”, dijo al finalizar el partido de Chile contra Camerún. Al defensa portugués Pepe, no le ha parecido mala idea, a pesar de que él fue víctima de la tecnología y le anularon un gol, “Creo que el VAR nos ayudará a todos, a los equipos y a los jugadores”, declaró.

Para muchos, la tecnología en el fútbol era algo que urgía implementar desde hace mucho tiempo; mientras que para otros, al usarla se le estaría quitando la esencia al juego y el “error humano” que lo hace emocionante.

Lo cierto es que en el juego moderno, tres árbitros no son suficientes para juzgar correctamente un partido de fútbol por la velocidad a la que se juega hoy en día. El experimento con árbitros en las porterías falló estrepitosamente y ahora es turno de la tecnología para impartir justicia.

Solo el tiempo nos dirá qué tipo de Gran Hermano tendremos en las canchas: Si uno justo y benévolo como el Rey Salomón; uno tan torpe como su versión televisiva “Big Brother” o una versión cómo la de Orwell: Macabra y tenebrosa, de la cual no sabemos cómo opera y a que intereses responde.

Historias de verano: Entre súper jugadores y súper equipos

Gabriel Delgado (@gabomarston)

Hace menos de una semana que los Golden State Warriors se coronaron campeones de la NBA sobre los Cavs de LeBron James.  Esta trilogía de Finales, lo cual es algo inédito en la historia de la liga nos ha dejado varias enseñanzas y cosas que reflexionar en cuanto al futuro de la NBA.

Primero está el legado de los Warriors como un equipo histórico y grande de todas las épocas; a la altura de los Celtics de Bird, los Lakers del “Showtime” y los Bulls de Jordan.  Y luego está el legado del “Rey” LeBron y su eterna lucha contra aquel fantasma que lo acecha desde que inició su carrera.

Stephen Curry y sus Warriors han revolucionado la NBA con su versión del fútbol total aplicada al basquetbol; Cuentan con cuatro All-Stars y con los dos últimos MVP’s de la liga y aun así todos se comportan como si no existiesen los egos. Son jugadores versátiles, solidarios, atléticos y que cuentan con un gran arsenal al ataque. Pueden desde atacar la pintura con gran violencia o hasta manejar un partido a placer mediante sus mortales triples. Y sin embargo, todos pueden hacer de todo: Igual vemos a Durant encestar de tres con un defensor en la cara o a Curry atacando el aro.

Los Warriors 2016-17 claramente dieron un paso delante de su versión del año pasado, aunque esta haya roto el récord de más victorias en temporada regular (Esa derrota en las finales ante los Cavs ganando la serie 3-1 aún duele)… Y ese paso adelante se llama Kevin Durant. Con KD en sus filas, todo parece indicar que la dinastía guerrera dominará la NBA durante los próximos años, sin ningún rival que se les acerque siquiera a hacer sombra.

Su lugar en la historia como uno de los grandes equipos o cómo algunos ya catalogan a Golden State como simplemente el mejor de todos los tiempos, aún está por definirse. Claro que con 2 campeonatos en 3 años, pero si quieren cimentar su legado como la más grande dinastía de la NBA tendrán que seguir en la élite y seguir llegando a las Finales por al menos el próximo par de años. El tiempo dejara a estos Warriors en el lugar donde merecen.

Y la historia puede dejar a LeBron sin un legado a la altura de su magia sobre la duela. Personalmente, creo que James no tiene nada que probar en su carrera a estas alturas; sus increíbles estadísticas e innumerables records avalan al Rey como uno de los más grandes de toda la historia. Sin embargo el fantasma que LeBron ha perseguido desde el momento en que fue pisó la duela en la NBA, Michael Jordan, se le ha escapado totalmente.

A nivel de números, no hay punto de comparación entre Jordan y James: LeBron probablemente superará a MJ en casi todas las estadísticas al momento en que se retire y a la vez el Rey es un jugador mucho más completo que Michael; James prácticamente puede jugar en las 5 posiciones sobre la duela.

Y sin embargo, ¿Cómo es posible que LeBron James tal vez no podrá superar a Michael Jordan como el GOAT (Greatest of All Time) de la NBA? Chris Bosh, compañero de LeBron en sus años con el Heat, alguna vez dijo que el prefería que Dwayne Wade lanzara el disparo de último minuto para ganar un partido que LeBron.

Y aquí entra la discusión entre ser el “mejor” y ser el “más grande”. LeBron James probablemente sea mejor jugador que Michael, pero a la hora grande, donde todo está en juego, donde los dioses se separan de los mortales, Jordan simplemente era el hombre indicado para hacer el trabajo. Sólo tenías que darle el balón y el haría el resto.

Su récord de 6-0 en las Finales y sus 6 MVP’s de las mismas hablan por sí solos. Mientras que el récord de LeBron James en la serie final de 3-5 palidece ante la impecable marca de Jordan. A LeBron aún le queda mucho tiempo de juego y tal vez llegue a más finales en un futuro, pero superar a Jordan ahora será mucho más difícil con unos Warriors que también querrán superar a los mejores de todos los tiempos.

Skyhook: El puñetazo del billón de dólares

Daniel Hinojosa (@rovesciatta)

Floyd Mayweather es uno de esos tipos que no da puntada sin dedal. Y lo es sencillamente porque, a pesar de poner en riesgo el invicto de 49-0, con el que se retiró en 2015, al pelear con Conor McGregor, no lo hace por el simple hecho de demostrar su valía en el ring ante un oponente que le ha retado hasta el hartazgo, no; lo hace porque, desde mucho antes de poner un pie en la lona, tendría asegurados 100 millones de dólares más una tajada cuantiosa de los ingresos por PPV. Mayweather, ante todo, es un astuto hombre de negocios, como bien lo dijo el propio McGregor posterior a la primera reunión entre ambos para tratar la posibilidad de montar semejante show. Porque efectivamente es un show, y quizá sea el espectáculo más lucrativo de la historia. 1 billón de dólares en ganancias estimadas, todo esto para una pelea que, desde la óptica del boxeo y del deporte en general, carece de todo sentido.

Mayweather afirmó recientemente ante las cámaras del portal fighthype.com, a la salida de un evento en Londres, que vuelve del retiro únicamente para enfrentar a McGregor: "Firma el papel con UFC y peleemos en junio. El plan es simple, pelear en junio" sentenció. El combate, que ya es posible pues McGregor obtuvo la licencia de boxeo hace un par de semanas en California, carece de sentido más allá de poner fin a la lucha de egos que ambos protagonizan desde hace tiempo en redes sociales, y tiene, además, un nefasto historial con el recuerdo de la pelea, hace 40 años, entre Muhammad Alí y el japonés Antonio Inoki, campeón de lucha libre. Aquel combate, que finalizó en empate, fue un rotundo fracaso deportivo que recaudó millones, algo no muy lejano a lo que este terminaría significando. Porque más allá del morbo del público, que es el motor de la maquinaria que gestiona el combate, no habrá mucho más. Nada memorable como un Tyson vs Holyfield o un soñado Pambelé vs “Mano de piedra” Durán. Será (jugosa) carne de cañón para los empresarios del entretenimiento en Estados Unidos.

El combate tiene todo el sentido desde el punto de vista económico, evidentemente, pero desde lo deportivo es como lanzar a un león a pelear con tiburón fuera del agua. Lo normal será que Floyd Mayweather destroce a McGregor, por el simple hecho de que McGregor no es boxeador y Mayweather no es cualquier peso welter novato. Y pasaría lo mismo si se invirtieran los papeles. Mayweather, en un octágono y con normas y técnicas de MMA, tendría una mínima, por no decir ninguna, opción. McGregor, para colmo de males, estaría arriesgando su carrera prácticamente en base a nada; además de adjudicarse 25 millones mientras su contrincante se lleva 100 (cuatro veces más), para pelear tendría que romper su contrato con UFC, el cual tiene firmado por 3 combates más, y poner en peligro su integridad física, por ende su carrera, subiéndose al ring como un simple novato con meses de entrenamiento ante un campeón invicto que no va a especular, menos cuando su reputación y legado están en juego. Una pelea, por donde se le mire, con un solo ganador.

La única posibilidad real de McGregor pasa por atestarle al campeón un puñetazo que en la jerga boxística se conoce como “Money Punch”, uno con la suficiente potencia para lanzar a Mayweather sobre la lona. Y bueno, ante el mejor boxeador de este siglo, maestro por excelencia de la técnica defensiva y una bestia que ni siquiera Manny Pacquiao pudo domar, el puñetazo del billón de dólares se antoja, como diríamos coloquialmente, “bien patas arriba”.

Skyhook: El error humano y la suerte

Daniel Hinojosa (@rovesciatta)

La debacle de Atlético Nacional en Japón no es explicable dentro de parámetros lógicos. Ni por táctica, ni por falta de preparación, ni ningún factor futbolístico duro que se nos pueda ocurrir. La balanza la han terminado inclinando los intangibles, esos tan temidos que pasan por debajo de la mesa en la gran cena de la conversación futbolística porque, aunque todos desean tenerlos a favor, no existe trago más amargo que verlos obrar en contra ante la impotencia de no poder luchar contra ellos.

Simeone dijo alguna vez que la suerte siempre empalma con el más preparado, y que por ello él intentaba ser siempre el más preparado en la contienda, para tratar así de seducir a la suerte. Claramente, en momentos donde la necesitó, la suerte le abandonó, concretamente en un desquiciado e histórico minuto 92:48. La suerte es una ramera que elige sin discriminación; y que como hoy puede negar sus amores, mañana quizá toque a la puerta con lencería negra y una botella de Bourbon. Se le ama y se le odia, sin grises.

Nacional hizo lo que debía en teoría, dominó en todas las facetas del juego desde el principio, salvo en los tramos finales donde se vio embriagado por la desesperación del marcador y la oportunidad histórica que se esfumaba. Se topó, sorpresivamente, con un onceno ordenado, serio, aplicado, subvalorado y con la suerte de su lado. Y ante la suerte no hay nada que se pueda hacer. En la temporada más laureada de su historia ha sufrido quizá la debacle más estrepitosa de su historia. Altos y bajos, claros y oscuros; el fútbol, señores. Porque se hace válida aquella máxima que el balompié lleva tatuada y saca a relucir religiosamente cada vez que se nos va olvidando: el que no los hace, los ve hacer.

El partido quedará para la historia por donde se le vea. Por el resultado, por la dinámica o por la “innovación”. El primer partido en la historia del fútbol en el que se utiliza tecnología para sancionar un penalti queda manchado por el error. Y es ciertamente justo, no es más que justicia poética; porque cuando se desprende al deporte de una de sus condiciones innatas nada bueno puede suceder. El error humano hace parte de la naturaleza orgánica del juego en sí mismo. Y nos quitan eso. Ciertamente, queda poco en qué creer. Menos mal nos queda la ilusión de la décima película de Tarantino y de la (pronta) jubilación de Coelho. 

Aun así, hay cabida para una explicación de tinte macondiano: La sucesión de episodios enigmáticos e inconcebibles. El V.A.R. (Video Assistant Referee), Alberigo Evani (el armar mal una barrera) y Jonathan Fabbro. Simplemente no se nos da en Japón, no se nos da el cetro mundial. Hasta en eso somos fieles a nuestra tradición. Todas nuestras debacles, que escapan de la explicación lógica, tienen una validación folclórica inconcebible en cualquier otra cultura diferente a la del sagrado corazón. Y qué le vamos a hacer si así somos.

Skyhook: Remembranzas


Daniel Hinojosa (@rovesciatta)

En un año (siglo) que parece la secuencia de un filme de Hitchcock hay poco tiempo para recordar. El ejercicio de recordar necesita tiempo, espacio y un motivo. Motivos sobran, pero el tiempo y el espacio son cada vez posesiones más codiciadas y escasas. Lo curioso es que, como el cardón que florece en medio del desierto, existan resquicios de asuntos semi-inaprensibles para recordar y reflexionar, y que podamos detenernos sobre ellos, muy a pesar de su condición, es simplemente alucinante; como, por ejemplo, la remembranza de tiempos pasados felices. Solo hace falta aguzar los sentidos, captar los detalles y dejarnos embriagar. 

Bajo el centelleante sol caleño dominical el detalle del humo rojo por montones, las leyendas presentes en la sagrada catedral, la atenta mirada de los cuervos esperando carroña luego de otro fracaso y la sed del náufrago que despilfarró y subvaloró privilegios antaño, presagiaban otro episodio de memoria. El ejercicio de remembranza del América de Cali fue como una lluvia en la sequía: tortuosa de esperar, pero exquisita al llegar. Los jugadores parecieron acordarse de que al escudo que defendían cada año en el infierno le colgaba una pesa más sobre los hombros que difícilmente será borrada, pero que será más fácil de difuminar entre menos pesas halla que tratar. Para el plantel fue un ejercicio de amor propio, para los fanáticos uno de catarsis y para la institución uno de revelación ante el mal tiempo; fue, en resumidas cuentas, como sacarle el dedo gordo al profesor de álgebra el día del grado.

A kilómetros de distancia otro ejercicio de remembranza fue causado por la conjunción de elementos inciertos. En Madrid una prenda de material reciclado, la lluvia torrencial y una victoria sin explicación, anclada en la pesada tradición de la que hace gala el Real Madrid cuando le escasea el fútbol, embarcaron a más de uno en un recuerdo que muchos construyeron gracias a vídeos y otros, muy pocos, atesoran celosamente en su memoria. La lluvia desdibujo el efecto de la sociedad líquida sobre el deporte. Por un momento pareció que la camiseta carecía de publicidad, marcas y logos, y que se limitaba a portar un color con un escudo sin más. Un detalle que recordaba tiempos donde lo único que importaba era la disputa de veintidós sudados por embocar un tejido inflado en un enjambre de redes. Otro deporte, otras épocas. 

Tiempos de los que es pecado no acordarse y cuya gloria hay que perseguir para intentar emularla, pero que, lastimosamente, no volverán. Esto es lo que hay y lo que habrá. Y cuán necesario se hace, cada vez más, parar el reloj a las malas, enviarle castigado a un rincón del cuarto y sentarse a recordar.
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