Skyhook: El puñetazo del billón de dólares
Daniel Hinojosa (@rovesciatta)
Floyd
Mayweather es uno de esos tipos que no da puntada sin dedal. Y lo es
sencillamente porque, a pesar de poner en riesgo el invicto de 49-0, con el que
se retiró en 2015, al pelear con Conor McGregor, no lo hace por el simple hecho
de demostrar su valía en el ring ante un oponente que le ha retado hasta el
hartazgo, no; lo hace porque, desde mucho antes de poner un pie en la lona,
tendría asegurados 100 millones de dólares más una tajada cuantiosa de los
ingresos por PPV. Mayweather, ante todo, es un astuto hombre de negocios, como
bien lo dijo el propio McGregor posterior a la primera reunión entre ambos para
tratar la posibilidad de montar semejante show. Porque efectivamente es un
show, y quizá sea el espectáculo más lucrativo de la historia. 1 billón de
dólares en ganancias estimadas, todo esto para una pelea que, desde la óptica
del boxeo y del deporte en general, carece de todo sentido.
Mayweather
afirmó recientemente ante las cámaras del portal fighthype.com, a
la salida de un evento en Londres, que vuelve del retiro únicamente para
enfrentar a McGregor: "Firma el papel con UFC y peleemos en junio.
El plan es simple, pelear en junio" sentenció. El combate, que ya
es posible pues McGregor obtuvo la licencia de boxeo hace un par de semanas en
California, carece de sentido más allá de poner fin a la lucha de egos que
ambos protagonizan desde hace tiempo en redes sociales, y tiene, además, un
nefasto historial con el recuerdo de la pelea, hace 40 años, entre Muhammad Alí
y el japonés Antonio Inoki, campeón de lucha libre. Aquel combate, que finalizó
en empate, fue un rotundo fracaso deportivo que recaudó millones, algo no muy
lejano a lo que este terminaría significando. Porque más allá del morbo del
público, que es el motor de la maquinaria que gestiona el combate, no habrá
mucho más. Nada memorable como un Tyson vs Holyfield o un soñado Pambelé vs
“Mano de piedra” Durán. Será (jugosa) carne de cañón para los empresarios del
entretenimiento en Estados Unidos.
El combate
tiene todo el sentido desde el punto de vista económico, evidentemente, pero
desde lo deportivo es como lanzar a un león a pelear con tiburón fuera del
agua. Lo normal será que Floyd Mayweather destroce a McGregor, por el simple
hecho de que McGregor no es boxeador y Mayweather no es cualquier peso welter
novato. Y pasaría lo mismo si se invirtieran los papeles. Mayweather, en un
octágono y con normas y técnicas de MMA, tendría una mínima, por no decir
ninguna, opción. McGregor, para colmo de males, estaría arriesgando su carrera
prácticamente en base a nada; además de adjudicarse 25 millones mientras su
contrincante se lleva 100 (cuatro veces más), para pelear tendría que romper su
contrato con UFC, el cual tiene firmado por 3 combates más, y poner en peligro
su integridad física, por ende su carrera, subiéndose al ring como un simple
novato con meses de entrenamiento ante un campeón invicto que no va a
especular, menos cuando su reputación y legado están en juego. Una pelea, por
donde se le mire, con un solo ganador.
La única
posibilidad real de McGregor pasa por atestarle al campeón un puñetazo que en
la jerga boxística se conoce como “Money Punch”, uno con la suficiente potencia
para lanzar a Mayweather sobre la lona. Y bueno, ante el mejor boxeador de este
siglo, maestro por excelencia de la técnica defensiva y una bestia que ni
siquiera Manny Pacquiao pudo domar, el puñetazo del billón de dólares se
antoja, como diríamos coloquialmente, “bien patas arriba”.







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