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jueves, 26 de octubre de 2017

El día en que Sofiane Boufal volvió a deslumbrar
Nicolás Donoso (@SamuraiBlue98)

Sabido es que Sofiane Boufal es un jugador distinto, con capacidades que sobresalen de la media de un futbolista, pero su primera temporada en el Southampton y los meses que se llevan jugados de la presente temporada (su segunda en el club) han sido sumamente complicados para el extremo marroquí, y es que la falta de confianza, los problemas de adaptación a una liga distinta, a un país diferente y las constantes lesiones no le han permitido dar el salto y consolidarse como el jugador más diferenciador y determinante del equipo Saint; sin embargo, el pasado 21 de octubre ante el West Bromwich Albion, Boufal entró desde el banquillo para salvar al equipo de Mauricio Pellegrino con un golazo maradoniano que dio la vuelta al mundo, y que volvió a posicionar a Sofiane por un momento, en lo más alto del fútbol mundial.

"Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado cara sucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad". Eso decía el fallecido escritor uruguayo Eduardo Galeano en su libro "El fútbol a sol y sombras", frase que perfectamente podría describir a Sofiane Boufal, un jugador con una calidad inconmensurable, que es rapidísimo con y sin balón, que posee un regate en espacios largos y sobre todo en espacios cortos que asombra a propios y a extraños y que asusta a los rivales que lo enfrentan.

No está demás decir que es un jugador sumamente descarado, y que puede ser utilizado tanto en la banda izquierda, como en la banda derecha, inclusive de mediapunta, pero en donde más se siente cómodo es jugando de extremo por la izquierda, pues así es capaz de aprovechar sus espectaculares recortes y sus remates con pierna cambiada. Todos estos atributos, Boufal los mostró de manera sobrada en Angers y en Lille, sin embargo, en el Southampton no ha sido capaz de mostrarlos, o si los ha mostrado, ha sido de manera bastante esporádica, lo que para los exigentes hinchas ingleses no es suficiente.

Todo lo dicho anteriormente ha sido para contextualizar lo que representa un jugador como Boufal en el escenario futbolístico y lo que es capaz de realizar cuando se encuentra al máximo de sus posibilidades. Antes del partido frente al West Brom, Boufal había disputado un total de 34 compromisos con la camiseta del Southampton, consiguiendo apenas dos goles y un cúmulo de dudas, y es que si bien los hinchas jamás han dudado de su capacidad, sí han comenzado a dudar con respecto a su forma física (sufre constantes lesiones) y a su capacidad mental para sobreponerse a jugar en una de las mejores ligas del mundo.

Pero el pasado 21 de octubre los fanáticos en el St Mary's Stadium fueron testigos privilegiados de un gol de otro planeta por parte del extremo marroquí, y que encima significó la victoria del Southampton por la mínima diferencia. Minuto 81: Boufal ingresaba por el serbio Dusan Tadic, en un partido bastante cerrado que se encontraba 0-0 y en donde el Soton quería hacerle daño al equipo de Pulis por todos los medios posibles, pero no lo conseguía ni por izquierda, ni por el centro ni por la derecha, el ingreso de Boufal terminó bastando para decantar el partido a favor de los de Pellegrino.

Corría el minuto 85 y un balón peleado por Lemina le caía como anillo al dedo a Boufal, y a partir de ahí todo sería poesía viva por parte del marroquí. Boufal recibió prácticamente en su propia área y a espaldas de Nyom, a quien se quitó con un maravilloso enganche hacia el centro, posteriormente realizó una carrera con el balón como su principal amigo y se quitó con excelsos movimientos a Livermore, Dawson y a Nyom, sí, el mismo al que Sofiane se había quitado hace unos instantes lo siguió persiguiendo, pero sin el éxito esperado, y es más, en su intento por perseguirlo el camerunés terminó chocando con Dawson, lo que hacía aún más espectacular lo que estaba haciendo el extremo, que culminaría su brillante jugada maradoniana cerca del área, quitándose de una baldosa a McAuley y finalizando todo con un derechazo cruzado que superaba la resistencia de Hegazy y del guardameta Foster para colarse en la portería visitante.

Belleza de gol, orgasmo de multitudes y un delirio que se apoderó de todo el St Mary's Stadium. Porque más que tres puntos, más que un gol de otro planeta y más que la victoria, el gol fue un desahogo que hasta ese entonces había estado injustamente prohibido para Sofiane Boufal, un jugador que por fin tuvo la posibilidad de deslumbrar, de demostrar y de dejar en manifiesto que a sus 24 años su calidad sigue más que intacta, y que este puede ser el principio de la consolidación de un jugador que supo maravillar en Francia y que quiere deslumbrar a toda Inglaterra y transformarse de una vez por todas en la principal figura de un equipo que lo necesita. Porque Boufal se lo merece, porque Boufal es distinto y porque Boufal, es un jugador demasiado especial.

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