Un descenso, muchas preguntas... ¿Alguna solución?
Juan Pablo Gatti (@GattiJuan)
Durante este último fin de semana de septiembre sucedió lo que prácticamente nadie en el mundo del tenis imaginaba que podría ocurrir: que la Argentina, después de tantos años en la élite (ascendió en el 2001) y siendo, además, el actual campeón, descendería al Grupo Americano I al perder 3-2 ante Kazajistán.
El golpe, si bien no es una catástrofe (porque estás son de otra índole, mucho más duras que las de solo ganar o perder en un deporte), representa un duro llamado de atención, a solo diez meses de haber alzado la anhelada Ensaladera de Plata. El gran problema es que, luego de haber alcanzado una armonía nunca antes vista en un equipo nacional de Copa Davis (la Argentina siempre tuvo grandes combinados, aunque los egos los fueron dinamitando), se podrían volver a dar pasos hacia el pasado, lo que degeneraría todo lo obtenido a lo largo de estos años.
Quizás lo más fácil sea decir que este descenso ocurrió porque no estuvo presente en Astana el equipo campeón (Juan Martin del Potro, Federico Delbonis y Leonardo Mayer no jugaron ninguno de los singles ante Italia y Kazajstán. De hecho, el Yacaré solo disputó la primera serie, pero en el dobles) y esta es una verdad a medias, ya que, si bien con su presencia el equipo quizás podría estar disfrutando de otra situación, también es cierto que ya habían anunciado que no serían de la partida, sin descartar incluso que se hayan retirado de la Davis luego de alcanzar el objetivo. Aunque solo culparlos a ellos sería caer en el error de menospreciar a los que estuvieron en el repechaje.
Guido Pella y Diego Schwartzman son muy buenos singlistas, y la apuesta por tener una pareja de dobles en Máximo González y Andrés Molteni tampoco era mala (de hecho, esta siempre fue una espina para la albiceleste en la Davis). Se tiene que tener en cuenta que en las dos series el primer singlista –Fabio Fognini primero y Mikhail Kukushkin después- tuvieron un fin de semana ideal, siendo los llamados "señores de la Davis", esto es, hombres que quizás no ganen tantos partidos ni se destaquen sobre el resto en el circuito, pero que dan lo mejor de sí -y a veces mucho más- en este torneo tan especial. Como expresó Daniel Orsanic en su libro "Así ganamos la Davis", en el tenis "el veinte por ciento depende de la condición mental del jugador". En series tan ajustadas, este aspecto termina por ser clave.
También deberá hacer una relectura el cuerpo técnico, que ya había demostrado su muy buen quehacer en estos dos años previos y no puede decirse que lo hayan hecho mal en este 2017, aunque el aspecto de los egos y las ausencias los deja mal parados. El ex doblista, quien además maneja el área de Desarrollo en el país, tendrá que armarse de paciencia y valor para no dejarse llevar por las críticas que comenzarán a asediarlo y para poder armar prontamente un nuevo cuarteto de jugadores de cara al nuevo compromiso que se vendrá, de tal manera que se pueda planificar con tiempo cada serie, sabiendo que la Zona Americana es muy distinta al Grupo Mundial. Quizás el equipo que nos defendió ante el ex territorio soviético y, sobre todo, el mantener una pareja estable en el dobles, serán una clave importante. Luego podrían sumarse otros nombres como los de Delbonis, Carlos Berlocq u Horacio Zeballos, o incluso darles una chance a otros jugadores más jóvenes.
Quizás el fallo más grande en todo esto lo tenga una Asociación que nunca pareció entender que tenía en casa a nada menos que a los campeones mundiales. No los cuido y mimó como se merecían y ello se observó en la serie en casa ante los europeos. Era el momento para agradecerles a todos por haber traído a casa el logro más buscando, pero casi que ni les importó. Ahora tendrán ante sí la posibilidad de mantener en el cargo al hombre que logró calmar las aguas y ganar la Davis dejando en claro que la humildad, paciencia, trabajo duro, planificación, control mental, visión y mucho amor propio son herramientas que no deberán perderse; para que cuando se reciba en abril a Chile o a Ecuador se pueda mirar al futuro con esperanza y no cometiendo los errores que, durante toda una década (la de los 90´), dejaron a la Argentina en el ostracismo total. Hay tiempo... ¿habrá ganas de volver a empezar?







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