Los "Magiares Mágicos", un equipo de leyenda
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Principios de los años cincuenta. Las selecciones del este
del viejo continente visitan Europa Occidental con giras de amistosos que hacen
las delicias de los espectadores.
Entre todos aquellos equipos cuasi desconocidos para el gran
público destacaba uno, la selección húngara.
Y es que desde ese año y hasta 1956, el cuadro dirigido por
Gusztáv Sebes pulverizó récords y asombró al mundo entero con un juego diferente e innovador que sería el predecesor del "Fútbol Total" que
desarrollarían el Ajax de Amsterdam y el combinado de los Países Bajos en la
década de los 70.
Posesión, presión y rápidas combinaciones. Ésta es la
"Santísima Trinidad" de un estilo único que sorprendió a propios y
extraños de la mano de los Puskas, Czibor, Bozsik o Szusza entre otros.
En 1952, Hungría partía a Finlandia para disputar los Juegos
Olímpicos de Helsinki. Poco conocían los rivales del equipo de Sebes, pero el
entrenador sabía que contaba con una generación brillante capaz de ganar el torneo.
El primer encuentro comenzaría con una victoria por la
mínima 2-1 sobre Rumanía. En el segundo partido, los húngaros pasarían por
encima a una de las grandes favoritas, Italia, venciendo por 3-0. En cuartos de final golearían 7-1 a Turquía y en semifinales 6-0 a
Suecia.
La final, el 2 de agosto, se disputaría en el Estadio
Olímpico de Helsinki frente a Yugoslavia. Sin hacer uno de sus mejores
encuentros, Hungría se llevaba el oro con tantos de Puskas y Czibor naciendo así los
"Magiares Mágicos".
Un año después de los juegos olímpicos, en 1953, se
produciría una de las sorpresas del año en términos futbolísticos con una
gran goleada (3-6) sobre Inglaterra en el estadio de Wembley. Por primera vez
en la historia, los "pross" caían en el mítico coliseo londinense
frente a un conjunto no británico.
Unos meses después, los ingleses viajarían a Budapest en
busca de la revancha pero el ridículo sería aún más espantoso. De nuevo los
húngaros pasarían por encima de Inglaterra con un contundente 7-1.
Corría 1954 y los "Magiares Mágicos" llegaban al
Mundial de Suiza como uno de los grandes aspirantes al título.
El 17 de junio comenzarían el torneo derrotando 9-0 a la
débil Corea del Sur. Tres días después la que mordería el polvo sería Alemania
Federal al encajar un 8-3.
En cuartos de final el rival sería Brasil, en ese momento
subcampeona del mundo.
A pesar de la calidad de los sudamericanos, de nuevo Hungría
se imponía venciendo 4-2.
| Inglaterra 3-6 Hungría. Wembley. 1954 |
A pesar de eso, los charrúas también sucumbieron ante la
superioridad de los europeos que vencían de nuevo por un marcador de 4-2.
En la final, Hungría se mediría ante la sorprendente
Alemania Federal. Los teutones llegaban a la cita con el objetivo de alcanzar
los cuartos de final pero ahora estaban a un paso de tocar la gloria por
primera vez en su historia.
En el Wankdorfstadion de Berna y ante 60.000 espectadores,
Alemania comenzó a forjar su leyenda ante la mejor generación de jugadores
húngaros que nos ha dado este deporte.
La lluvia fue la gran protagonista del encuentro, una lluvia
que a la postre sería la gran aliada de los germanos.
A los seis minutos de encuentro, Puskas abría el marcador
colocando el 1-0 para los húngaros. Dos minutos después, Czibor, anotaba el
segundo.
Los teutones no se rendirían y en el 10' y el 18' marcarían
dos goles por mediación de Morlock y Helmut Rhan para empatar el partido ante
la incredulidad del público.
Precisamente el atacante del Rot-Weiss Essen adelantaría a
su país a falta de seis minutos para la finalización del tiempo reglamentario.
Aun habría tiempo para la polémica pues Puskas conseguiría
el empate en el minuto 87 aunque su tanto sería anulado.
La selección alemana se hacía con el cetro mundial de forma
heroica ante uno de los mejores conjuntos de la historia en el denominado
"Milagro de Berna".
A pesar de la dura derrota cosechada en el país transalpino,
Hungría enlazó dieciocho partidos ganados de forma consecutiva, incluida la
primera victoria de la historia sobre la URSS en territorio soviético.
Esa generación de oro se terminaría con el inicio de la
Revolución Húngara de 1956. El Honved, que comenzaba a dominar el fútbol
húngaro en la década de los cincuenta y al que pertenecían el grueso de la
selección, participaba en la Copa de Europa y el equipo viajó a Bilbao para
enfrentarse al Athletic Club. Mientras estaban en tierras vascas, la revolución
estalló en Budapest.
Algunos futbolistas como Kocsis, Czibor o Puskas decidieron
no regresar a su país y dejaron para siempre la selección. Fue el adiós a uno
de los mejores conjuntos que ha dado el fútbol.
Aquel mítico combinado encadenó números al alcance de muy
pocos: 42 victorias, 6 empates y una
única derrota en 49 partidos.
El "Equipo de Oro" ha pasado a la historia no solo
por su calidad y superioridad sobre el resto de selecciones sino también por un
estilo innovador que cambiaría el balompié para siempre e influiría en multitud
de jugadores y entrenadores hasta nuestros días.







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