Alfredo Morelos, un búfalo en Helsinki
En la costa caribe colombiana, la
escena de una banda de niños dando patadas en calles polvorientas de pavimento
caliente a una creación autóctona de paños amarrados en forma circular
denominada “bola de trapo” es común. Y en Cereté, a principios de siglo,
Alfredo Morelos era uno de esos niños. Desde los cinco años, dice, tomó
conciencia de que lo suyo era el fútbol, y con el apoyo incondicional de su
padre, que a pesar de sus limitaciones económicas siempre lo alentó, se enfundó
su primera casaca, la del club Los Fumigadores en su natal Cereté:
− En muchos de los torneos que jugábamos
yo quedaba de goleador, tanto en Los Fumigadores como con la selección Córdoba
en los torneos nacionales. Siempre supe que sería delantero.
Cuando un día de verano los
ojeadores del Independiente Medellín paseaban por Cereté buscando talentos para
incorporar a su cantera, les causó curiosidad un morochito que no se cansaba de
hacer goles en un equipo de la ciudad; lo fueron a ver con altas expectativas
que, al final, se cumplieron con creces. Ese día Morelos marcó varios goles y
los ojeadores no dudaron. Se lo llevaron a Medellín junto a otros dos
compañeros para probarse con la cantera del equipo y, si tenían suerte, ser
incorporados al club. Con cero nervios, temple de acero y determinado a dar un
paso más para acercarse a su sueño, Morelos fue el único de los tres muchachos
cordobeses que pasó la prueba para las inferiores del “Poderoso”:
− Pasar la prueba fue el primer
paso. A partir de allí empezó mi proceso con el Medellín, y me fue tan bien que
a los seis meses de estar trabajando en las inferiores me ascendieron al equipo
profesional.
Empezó a trabajar con el plantel
profesional que dirigía Pedro Sarmiento (aunque el principal valedor de su
llegada fue Hernán Darío “Bolillo” Gómez), un viejo ídolo del eterno rival que,
como jugador, había hecho parte, entre otros, del mítico América de Cali dirigido
por el médico Ochoa Uribe que cayó en 3 finales continentales seguidas, suceso
que muchos atañen a la mitología, a una archiconocida maldición comúnmente denominada
“La maldición del garabato”. Con Sarmiento, un tipo rígido, fuerte y metódico,
se ganó el apodo que hasta hoy lo persigue: “El Búfalo”:
− El apodo me lo puso el cuerpo
técnico del profesor Sarmiento. Me decían el Búfalo de Cereté. No sé cómo se
les ocurrió.
Morelos se define como un
delantero “potente, fuerte y de buen juego aéreo, que le gusta encarar”. Dice
que se siente más cómodo jugando con un compañero arriba y recuerda con cariño
su primer gol como profesional. La noche que significó la puntada inicial para
un registro que, hasta el sol de hoy y en 3 años sin mucha continuidad, acomoda
cinco goles como profesional, cuatro de ellos en Finlandia. La primera diana la
marcó ante Envigado, en un partido por Copa Colombia; un centro desde la
izquierda de Daniel Hernández en el minuto diecinueve y un testarazo certero de
Morelos para poner a ganar a un Medellín que aquel día sello un triunfo por dos
goles a cero.
Arribó este año al Helsinki,
principal equipo de Finlandia y absoluto dominador del rentado local, en
calidad de cedido y con apenas diecinueve años. Todos los pasos de su carrera
han ido a velocidad centrífuga, llegó temprano a donde muchos anhelan llegar y,
muy a pesar de todo, no ha dejado de ser el muchacho humilde, centrado y
trabajador que abandonó Cereté con una maleta cargada de sueños a cuestas. Al llegar,
dice, le dio duro tener que combatir el jet lag, habituarse al cambio de
horario (Finlandia tiene ocho horas más que Colombia) y pactar una tregua con
el cuerpo en la silenciosa batalla a la hora de dormir, cuando su reloj interno
estaba, literalmente, al revés:
− Me costó acoplarme a la dormida
y a los horarios, ese vacío que sentía era muy terrible. Pero bueno, todo en la
vida se puede y yo estoy cómodo y habituado a Helsinki.
Con sus compañeros, algunos con extenso bagaje europeo como el ariete finés Forssell (con paso, entre otros,
por Chelsea, Birmingham o Hannover) o el nigeriano Taiwo (ex Milan) se lleva bien,
a pesar que reconoce no entenderles casi nada de lo que dicen. “Aunque no
les entiendo es agradable compartir el día a día con ellos” asevera. Tiene
consigo a un amigo colombiano que le traduce para “estar más informado sobre lo
que quiere el técnico para la táctica de los partidos” y en ocasiones los
compañeros le colaboran para cuadrarse con las horas de entrenamiento y de
partido:
− Pero eso no es todo el tiempo.
Solo en ocasiones. Yo siempre estoy pendiente y pregunto cada cosa, todo marcha
muy bien. Intento ayudarme de todos los recursos que puedo porque el objetivo
es ser el goleador del equipo y de la liga, para darle muchas alegrías a la
hinchada que me ha acogido muy bien y es muy agradable tenerlos del lado de
uno.
Los días de partido se levanta
temprano y mentaliza para dar lo mejor de sí porque, según afirma,
está allí “para aprovechar todas las oportunidades y dar siempre el máximo”;
dice estar muy agradecido con Dios por todas las oportunidades y se manifiesta contento de jugar para el equipo más grande del país. Del fútbol finés comenta que es “rápido, fuerte y muy agresivo. Hay mucho contacto, más del que
la gente cree”, lo que invita a pensar que el balompié escandinavo, de amateur,
tiene poco.
Fuera del campo es un tipo muy
familiar. Aprovecha los ratos libres para salir a dar un paseo con su esposa
por Helsinki, ya sea a un centro comercial o a cualquiera de los distintos
lugares turísticos de la ciudad, que afirma por experiencia propia son “muchos
y muy lindos”. Todos los días se conecta con sus padres y hermanas en Cereté
por video chat para no perder la costumbre y en su apartamento suena desde
vallenato hasta champeta, salsa o reguetón, irrumpiendo en el silencio semi sepulcral de un país muy dual en sus costumbres y creencias, pero que conserva su aire metodista. Cada que puede también dedica un
rato a seguir el fútbol colombiano, a pesar de la dificultad por la diferencia
horaria:
− Claro que miro mucho fútbol de
Colombia. Siempre estoy pendiente. Sigo sobre todo a mi equipo, el Medellín,
que fue donde me formé y fueron los que me dieron la oportunidad de estar donde
estoy.
La vuelta de la selección
Colombia a unas justas olímpicas no le sorprende pues él, habiendo sido
partícipe de procesos Sub-20 con Carlos “Piscis” Restrepo, es consciente del
talento que sobreabunda en las categorías menores del fútbol nacional:
− No es casualidad, el talento que
hay allí es impresionante.
Morelos se siente dichoso de ser
embajador del país en el extranjero, manifiesta que quiere hacer muchos más
goles y esperar a su tiempo tener la oportunidad de representar a la selección
Colombia de mayores. Dice que, de regresar al país, volvería un Alfredo Morelos
distinto al que se fue: Uno más maduro, con mayor experiencia, ritmo
futbolístico y, de seguro, con más personalidad y carácter. Su propósito al
vestirse de corto cada domingo y correr tras un balón va más allá del dinero. Asegura
que, fuera de sacar a toda su familia adelante y asegurarle un buen futuro a
su esposa, quiere ayudar a muchos niños de escasos recursos para que salgan
adelante con el fútbol, sobre todo en el club que lo vio nacer, los Fumigadores
de Cereté. Tiene un lado filantrópico que pocos conocen:
− Quiero ayudar a muchos niños
para que saquen adelante a sus familias. Colaborarle en todo lo que pueda al
club que me formó como profesional y como persona. Ayudar a mucha gente pobre.
Profesionalmente hablando, anhela
quedarse en Europa, seguir creciendo a pasos agigantados como lo ha hecho y
llegar con el tiempo a alguno de los clubes más grandes del continente. Cuando
el periodista le pregunta por el compañero con mayor talento con el que ha
jugado, duda. Se decanta por varios nombres, entre ellos Daniel Torres,
Cristian Marrugo y dos enemigos naturales de posición: los porteros David
González y Anthony Silva. Dice que, futbolísticamente, es el fruto de los granos
de arena en forma de consejos que han puesto en él cada uno de los entrenadores
que ha tenido; pero recuerda con especial cariño a Hernán Torres y su entonces
asistente “Chusco” Sierra “porque me dieron la oportunidad de jugar con cierta
continuidad”.
En la actualidad es el tercer
goleador del torneo finés y el primero de su equipo junto al nipón Tanaka y el
nigeriano Taiwo, todos con cuatro dianas. No por nada al preguntarle por su ídolo
futbolístico responde, dubitativo una vez más, que le gustan varios como
Falcao, Bacca o Luis Suárez.
Hoy lleva una vida cómoda y
sosegada, está feliz y agradecido con Dios por todo lo recibido y espera que en
el camino vengan triunfos, alegrías y, sobre todo, muchos goles. Sobre su
futuro aún no sabe, aunque no descarta quedarse en tierras escandinavas; por
eso habrá que ver si, cuando él ya esté durmiendo después de darse el feliz año
con su esposa este diciembre en la fría Helsinki, su familia aún esté tirando
voladores, bailando cañonazos y tarareando la tonada que incita a correr a casa
y abrazar a la mamá:
− Hay que ver qué pasa, aún no hay nada seguro, pero no me disgustaría en absoluto.
− Hay que ver qué pasa, aún no hay nada seguro, pero no me disgustaría en absoluto.







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