Cuando el fútbol nos sorprendió: Entre barras y estrellas
A un año de la Copa Mundial de Sudáfrica, se celebró en el país africano la Copa Confederaciones en su octava edición, juntando en ella a los equipos triunfantes de sus respectivas zonas. Las naciones participantes fueron España (campeón de la Euro), Sudáfrica (anfitrión del torneo), Irak (campeón de la copa asiática), Nueva Zelanda (campeón de Oceanía), Brasil (campeón de la copa América), Estados Unidos (campeón de Concacaf), Italia (vigente campeón mundial) y Egipto (campeón de África).
Hoy me enfocaré en el torneo dado por Estados Unidos, el subcampeón del llamado "ensayo de la Copa Mundial". Los americanos disputaron un boleto a las semifinales contra Italia, Brasil y Egipto. Quizá todo parecía decantado para las selecciones con mayor número de estrellas sobre su escudo.
Estados Unidos estaba formada por una aleación entre veteranía y juventud, dirigidos por Bob Bradley, con elementos como Tim Howard, Oguchi Onyewu, Clint Dempsey, Landon Donovan, Michael Bradley, DaMarcus Beasley y la revelación, Jozy Altidore.
Como ya mencionaba, el grupo estaba reñido, y los estadounidenses pelearon hasta el último momento de la fase de grupos y gracias a los resultados combinados, consiguieron el avance a semifinales. Sintetizado: derrota 1-3 contra Italia, otra pérdida contra Brasil, 0-3 y, victoria 3-0 sobre Egipto. La tabla de grupos dejaba a los de Bradley, igualados en punteo con Italia y Egipto, pero, con mejor diferencia de goles.
Fue en las semifinales donde Estados Unidos plantó diferente cara, con un fútbol más serio y con líneas bien definidas. El rival era España, y a pesar del talento en cada parte del campo, los ibéricos se fueron sorprendidos del torneo corto. Un gol de Altidore en la primera mitad y otro de Dempsey en la segunda, destinaba al campeón de Europa a luchar por el tercer puesto.
En la final, se volvieron a medir a Brasil en Johannesburgo y la escuadra americana volvía a dar la sorpresa, al punto de verlos como justos vencedores de la Confederaciones.
Un gol de Dempsey a los 10' daba esperanza, y uno del Capitán América -Landon Donovan- a la media hora de juego, parecía cementar el resultado. Pero, como lección aprendida en esta columna semanal, el resultado era engañoso y su similar carioca arrancó la segunda parte con un gol de Luis Fabiano, quien luegó concretó su doblete para empatar el duelo y a seis minutos del final, el capitán Lúcio definió el triunfo de Brasil y lo dejó a memoria como una gran remontada a un equipo digno de haber llegado a esa final.
El 2-0 es engañoso, pero la selección estadounidense nunca se olvidará de cuando eliminó al campeón de Europa y casi vence al campeón de Sudamérica a pesar de parecer el débil en el papel. Prueba de que no solo el resultado engaña, pues, las apariencias también lo hacen.







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