Al Olimpo en tres partidos
La
carrera fútbolística de Paolo Rossi (Prato, 1956) estuvo llena de
altibajos y no fue demasiado larga. Doce años (1975-1987) en los que
consiguió ganar títulos (2 Scudettos y 1 Copa de Italia y 1 Copa de
Europa , 1 Recopa y 1 Supercopa de Europa) todos ellos con
la Juventus de Turín. Tras debutar en el Como, en 1976 ficha por el
Vicenza de la Serie B. 21 goles en 36 partidos son determinantes para
que el equipo ascienda. La temporada siguiente más goles en menos
partidos (24 en 30) que dan como resultado el subcampeonato de Liga y
la llamada del seleccionador italiano Enzo Bearzot para jugar el
Mundial de Argentina sin ninguna convocatoria previa. 3 goles y dos
asistencias de aquel joven de 21 años llamaron la atención del mundo del fútbol.
Pero la
progresión de Rossi se vio fuertemente truncada por una sanción de
dos años sin jugar por el amaño de partidos cuando jugaba en el
Perugia. El caso “Totonero” (quiniela negra en italiano) destapó
una trama de apuestas clandestinas, en la que estaban inmersos
jugadores, entrenadores y dirigentes de clubes de la Serie A y la
Serie B. Rossi defendió siempre su inocencia alegando que se trataba
de una conspiración contra él. De esta manera, en 1981 la Juventus
lo incorpora a su plantilla y reaparece a finales de abril de 1982
para jugar las tres últimas jornadas de Liga. Como ya ocurriera
cuatro años atrás Bearzot (ya sin Bettega en la selección) volvió
a confiar en el señalado Rossi como delantero de la escuadra Azzurra
para la cita mundialista en España. Críticas y más críticas
llegaron desde todos los rincones de Italia por parte de aficionados
y prensa por esa “apuesta” tan arriesgada y más cuando tras la
primera fase se clasificaron como segundos por average tras
empatar los tres partidos de grupo ante Polonia (0-0), Perú (1-1) y Camerún (1-1) ¡marcando sólo 2 goles!.
Esa pobre
actuación tuvo sus consecuencias en la segunda fase del torneo al
quedar encuadrados ni más ni menos que con Brasil y Argentina. Tras
las victorias de Italia (2-1) y Brasil (3-1) sobre Argentina, se
disputó el partido decisivo entre italianos y cariocas con el pase a
las semifinales en juego. Un empate bastaba a los brasileños
entrenados por Telé Santana para avanzar en la competición pero
tres goles de “Pablito” derrotaron a la todopoderosa Brasil de
Zico, Sócrates y Falcao aquella tarde de verano del 5 de julio en el
barcelonés estadio de Sarrià. Tres días después y con Rossi
convertido ya en ídolo nacional, marcaba por partida doble ante
Polonia en el Camp Nou, e Italia se clasificaba para jugar la final.
El
Santiago Bernabéu iba a ser testigo del último gol de “Pablito”
en aquel mundial y los alemanes (del oeste) sus victimas: el gol más
díficil, el 1-0, el que abre la lata, como se dice hoy día y que
allanó el camino para el triunfo azzurro. 6 goles en tres partidos
que ascendieron a Paolo Rossi al olimpo de los elegidos: máximo
goleador y mejor jugador del torneo.
Unos
meses después Rossi fue elegido Balón de Oro y tras permanecer tres
años más en Turín, acabó fichando por el Milan y terminó su
etapa como futbolista en 1987 jugando en el Hellas Verona. En total
82 goles en 215 partidos en la Serie A. Pero para la eternidad quedará aquel jugador, con el 20 a la espalda, que durante una semana, tres partidos "sólo" supo estar donde y cuando tenía que estar.
Alfonso Massó (@alfonsomasso)







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