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jueves, 9 de abril de 2015

Kevin Durant, OKC y los qué tal si…
El primer blog que tuve se llamó “Y qué tal si…” (todavía existe, y seguramente en un tiempo será colocado un artículo ahí también), y la verdad no recuerdo por qué; no sabía acerca del tema qué escribiría, así que colocaba un poco de todo, desde una disculpa por no escribir más y sólo compartía lo que los demás escribían, reseñas de varias de películas, y también mis descargas de ira cuando a mis equipos no les iba bien, pero también momentos que disfrutaba, y que no recordaba que los hubiera inmortalizado de esta manera.

Poco a poco, fui escribiendo más y más de deportes, y específicamente de fútbol, y con el Mundial el año pasado (aunado al que no tenía un empleo) me di a la tarea de escribir acerca de mis vivencias en los Mundiales y los que consideraba los mejores momentos de todos éstos; el nombre del blog jamás cambió, principalmente porque nunca me puse a pensar qué más podría contenerle. Uno puede pensar que es por las decisiones que toma, pero jamás me he puesto a pensar mucho más allá, y siempre he creído que la decisión que uno toma es la mejor decisión. En palabras de Danaerys Targaryen en Game of Thrones (los libros, por supuesto), “si veo hacia atrás, estoy perdida”.

Sin embargo, siempre hay cosas que uno no puede preguntarse si pudieron salir diferente; por ejemplo, siempre me pregunto qué hubiera pasado si Brandon Bostick atrapa la patada corta al desenlace de la Final de Conferencia de la NFL en enero pasado, o tal vez Seattle si no hubiera pasado en el Superbowl en la yarda 1. No sólo podrían ser jugadas, sino momentos en general: ¿qué hubiera pasado si Drew Bledsoe no se lesiona en ese partido? ¿hubiera alguna vez tenido una oportunidad Tom Brady?. Son momentos, son situaciones que definen el curso tanto de un juego (Seattle, Green Bay), como de una carrera (Drew Bledsoe). Y hoy por hoy, valga la paradoja y comparación, no hay equipo en basquetbol más plagado de situaciones y momentos para definirlos que el Oklahoma City Thunder, y su estrella Kevin Durant.

Kevin Durant llegó de manera fortuita al Thunder, ya que Portland lo dejó pasar con la primera selección colegial en 2007, contra otra historia de infortunio en su carrera de baloncesto (véase Greg Oden). Todavía asentados en Seattle, el equipo se fue reforzando poco a poco a través de selecciones colegiales que florecieron en superestrellas al poco tiempo, sin grandes reflectores de ciudades con mayor caché (como ejemplo, el contrato local de televisión de la Ciudad de Oklahoma les paga alrededor de 15 millones de dólares anuales, los Lakers reciben 250 millones). Este modelo es muy riesgoso, porque el reclutamiento colegial no es una ciencia exacta, pero OKC se ha vuelto un ejemplo en el mismo, imitado por muchos pero no siempre con la misma suerte (Philadelphia todavía no ve el final, Orlando podría repuntar pero faltan todavía piezas, Sacramento lleva en este modo desde mediados de la década pasada).

Durant, evidentemente, es la cara más importante del proyecto, siendo el primero en llegar al equipo, siendo el Jugador Más Valioso de la liga (con un discurso sumamente conmovedor). Acompañado de jugadores que también tuvieron su primer equipo en OKC, lograron pasar de más de 50 derrotas en un año a más de 50 victorias al siguiente, llegando a una final de la NBA en 2012. Todos pensamos que era cuestión de tiempo para ver una posible dinastía en este equipo, pero ese momento no ha llegado todavía, y no precisamente por una incapacidad propia, sino situaciones y momentos fuera de su control: lesiones de jugadores importantes en los playoffs (Westbrook 2013, Ibaka 2014) que les impidieron competir con toda su fuerza en los desgastantes playoffs de la Conferencia del Oeste, donde cualquier ventaja puede ser determinante; un equipo de los Spurs que le año pasado venía con una misión de revancha por la derrota un año antes en las finales; y por último, el intercambio de James Harden a Houston, la sombra de un intercambio que, con el paso de los años y la explosión financiera que espera a la NBA (con su respectivo aumento en el tope salarial por equipo), cada vez se ve peor.

Este año le tocó a Durant tener una lesión que lo ha limitado a 27 partidos esta temporada, y que es muy probable que no vuelva en este año. Esto no sería más allá de otra desastrosa circunstancia que no nos permite ver una posible dinastía, aunado a la posibilidad de que puede ayudarles a quedar posicionados en un mejor lugar para tomar un jugador colegial que pueda aportar de inmediato. Sin embargo, el contrato de Durant expira la próxima temporada, en el que probablemente pudiera ser su último gran contrato en la liga (tiene 27 años, si firma por 4 años, el siguiente lo firmaría de 31, ya pasado su pico de rendimiento o durante el mismo y esperando que su producción decaiga en los siguientes años). OKC no puede tener la seguridad de que Durant volverá a firmar con ellos, podría buscar ir a otro equipo como LeBron James hizo en 2010, juntarse con otras estrellas e intentar lograr ganarlo todo; podría irse a Washington, su ciudad natal, que además juega en la más tranquila Conferencia del Este, lo que haría que su desgaste durante la temporada fuera mucho menos. Y es entonces cuando los “y qué tal si” empiezan a aparecer.

¿Y qué tal sí la directiva no hubiera cambiado a Harden? El intercambio de Harden se realizó meramente por motivos financieros, temiendo que un equipo de mercado pequeño no pudiera absorber los contratos de superestrella de cuatro diferentes jugadores (Durant, Westbrook, Ibaka y Harden). Con el aumento de ingresos de la liga, esa decisión deja cada vez peor parado a OKC, porque hubiera podido mantenerlos a todos tranquilamente. Asimismo, Harden ha demostrado en Houston que era digno merecedor del pago que reclamaba de parte del Thunder, con una temporada de nivel MVP.


¿Y qué tal si esas lesiones no hubieran ocurrido? Podría haber sucedido, que Durant volviera a llegar a otra final, a enfrentarse con Miami y LeBron. Si en alguna de ellas hubieran podido ganar el título, tal vez sería más seguro que Durant se quedara, porque demostraría el interés de la organización por darle las mejores armas posibles para ganar dicho título.

¿Y qué tal si Durant no se hubiera lesionado esta temporada? La pregunta más triste de todas, debido a que, como lleva prácticamente una temporada sin jugar, el equipo se está empezando a preparar para una posible partida de su jugador estrella. El todavía reinante Jugador Más Valioso hubiera defendido su nombramiento con la ayuda de un Russell Westbrook, quien carga ahora con el peso del equipo, promediando prácticamente un triple-doble durante el mes previo mientras intenta que OKC se vuelva el primer equipo en 40 años en tener jugadores diferentes con nombramiento MVP en temporadas consecutivas.

Ahora, gracias a su lesión reagravante del pie, el hecho de que se puede perder la temporada entera debido a ella y que el próximo es su último año de contrato con el equipo antes de que sea agente libre, OKC se ha puesto en la misma situación que Cleveland previo a 2010: demostrarle a su superestrella generacional que se puede construir un equipo con el que ganarán el campeonato, mientras equipos cargados con dinero fresco del nuevo contrato televisivo tendrán espacio salarial para absorber su contrato y el de posiblemente otra estrella para aspirar al campeonato. Sin embargo, ya no se puede dejar de pensar “¿Y qué tal si se va el próximo año?”, ya que, en total sentido empresarial y financiero, el contrato de Durant se ha vuelto un contrato a expirar, con la posibilidad de ser cambiado la próxima temporada por múltiples jugadores, que aseguren un posible futuro sin Durant, en vez de perderlo por nada el próximo junio (como pasó con Cleveland).

La diferencia con LeBron de sencillez y la poca necesidad de figurar, le hará a Kevin Durant regresar a OKC (aunado con que pueden ofrecerle un año más de contrato, el núcleo joven de Westbrook e Ibaka, más muchas otras piezas nuevas, podrán seguir ahí); pero eso no me quita el hecho de que esto no debió ser así, y que el Thunder debió haber llegado a una final más cuando menos. Las oportunidades a los títulos requieren momentos y circunstancias favorables (no sólo en basketball, sino en todos los deportes), y hasta ahora el Thunder no las ha tenido. Ya no queda nada más que esperar cómo el equipo (o Durant, inclusive) decidirán lidiar con esta bomba de tiempo.

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