El culmen de la era Cruyff
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| Koeman, celebrando el gol que dio al Barcelona su primera Copa de Europa (Foto: blaugranas.com) |
Johan
Cruyff fue contratado por José Luis Núñez como entrenador del Barcelona en mayo
de 1988 con el objetivo de acabar con la hegemonía del Real Madrid de la Quinta
del Buitre, que había ganado las tres Ligas anteriores y que amenazaba con
proseguir su ciclo victorioso. Los primeros años fueron difíciles: pese a la
Recopa de Europa ganada en 1989, el Real Madrid seguía con su dominio
incontestable en la Liga española y sólo la victoria en la Copa del Rey de
1990, cuya final se disputó en Valencia frente al eterno rival merengue, salvo
al Flaco de un despido (casi) seguro.
Pocas
veces un único partido tuvo tanta trascendencia en la historia inmediatamente
posterior de un club: a partir de ahí el Barcelona comenzó un ciclo victorioso
que le llevó a ganar cuatro Ligas españolas y la ansiada Copa de Europa. Resulta
un poco chocante o anacrónico hablar en estos tiempos de obsesión blaugrana por
la Copa de Europa cuando ha ganado 3 de las últimas nueve ediciones y, hasta la
temporada pasada, había disputado 8 semifinales de forma consecutiva; pero,
durante los 70 y los 80, la Orejona
fue una auténtica obsesión en can Barça.
La Copa
de Europa que se disputó hasta la temporada 1991/92 poco o nada tiene que ver
con la Champions que conocemos actualmente. Hasta 1991, se disputaba con 32
campeones de Liga, con eliminatorias directas desde los dieciseisavos hasta la
gran final. Pero la 1991/92, que fue la última en la que participaron
únicamente los campeones de las respectivas Ligas (a partir de ahí, ya bajo el
formato Champions, comenzaron a entrar segundos, terceros e, incluso cuartos
clasificados), ya empezó a tener algunos cambios que ya apuntaban a lo que
sería la innovadora Champions.
Las dos
primeras rondas (dieciseisavos y octavos) se disputaron de la forma “tradicional”
y los ocho equipos vencedores, en lugar de disputar cuartos y semifinales como
era habitual, disputaron una liguilla con dos grupos de cuatro donde sus dos
ganadores disputarían la gran final.
El Barcelona
eliminó en dieciseisavos al Hansa Rostock de la extinta República Democrática
Alemana (RDA) – pese a la reunificación, todavía equipos de la Alemania del Este
disputaban esta competición - y en
octavos, al Kaiserlautern, de la República Federal Alemana (RFA). Esta eliminatoria
resultó clave en el devenir de la competición ya que el Barcelona a punto
estuvo de caer eliminado: tras ganar por 2 a 0 en Barcelona, se afrontaba el
partido de vuelta con una cierta, sino tranqulidad, sí confianza.
Pero el
Kaiserlautern, apoyado por un ambiente infernal en su estadio, salió a jugar el
partido al “todo o nada”. Y a punto estuvo de salirle bien: logró empatar la
eliminatoria con dos goles de Hotic de cabeza a la salida de sendos córneres
(el primero de ellos, previa clara falta a Zubizarreta, portero azulgrana por
aquel entonces) y ponerse por delante en la eliminatoria con un gol del danés
Goldbaeck, en una salida de los alemanes al contraataque, en el minuto 76, que
parecía alejar nuevamente al Barcelona de su oscuro objeto de deseo.
httpsv://www.youtube.com/watch?v=_5XOnrm0KLA
Gran
parte del segundo tiempo pero, en especial, los últimos quince minutos,
transcurrieron con el Barcelona absolutamente volcado sobre la portería
alemana. Y, cuando ya todo parecía perdido, en el último minuto, una falta
lanzada desde el medio campo por Ronald Koeman desde el mediocampo fue rematado
a gol por José Mari Bakero (curiosamente, una de las primeras peticiones de
Johan Cruyff al llegar al banquillo blaugrana). 3 a 1 y el Barcleona, a la
liguilla de cuartos de final gracias al valor doble de los goles en campo
contrario.
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| Gol de Bakero al Kaiserlautern (Foto: libertaddigital.com) |
El Barcelona,
en esa liguilla, quedo encuadrado en el grupo B, junto con Benfica, Sparta de Praga
y Dinamo de Kiev; pasó sin mayores apuros, con apenas un empate y una derrota
en los seis partidos disputados.
La
final le enfrentó el 20 de mayo de 1992 en Wembley (hoy ya hay que decir el
antiguo Wembley) a la Sampdoria, ganador del grupo A (que completaban Estrella
Roja, Anderlecht y Panathinaikos) y que contaba con los sublimes Gianluca
Vialli y Roberto Mancini como punta de ataque. El partido resultó tremendamente
tedioso ya que el Barcelona jamás supo encontrar la vía para penetrar en el
sólido entramado defensivo italiano.
Tras un
0 a 0 en los 90 minutos reglamentarios, se llegó a la prórroga que siguió por
los mismos derroteros y hubo de ser una falta directa al borde del área ejecutados
por el holandés Ronald Koeman, en el minuto 112 de partido, quien resolviese el
partido y diese a los azulgrana la ansiada primera Copa de Europa. Un gol y un
título para la historia. El momento más álgido de la exitosa etapa de Cruyff en
el Barcelona.








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