Siete años después
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| Ante Lehmann, el gol que iniciaba la gran historia para España |
Siempre es bueno volver a casa, porque es donde el corazón pertenece. Siempre es bueno regresar allá donde uno es mies para ser cultivada. Donde te arropa el recuerdo de lo más preciado.
Fernando Torres, presumiblemente, vuelve a casa. A Madrid. Al Manzanares. A su "Atleti" amado; como recordar es vivir, remembremos el tiempo de Torres en aquellos gloriosos días en el Vicente Calderón. Un "9" de los buenos; rápido, técnico, y sobre todo, definidor y calculador, Fernando siempre recurría a estar en el lugar preciso, y el momento adecuado. Más de dos centenares de partidos en Atlético y otras tantas decenas de goles le acreditan como el último gran ídolo de un Atlético que, todavía hasta hace no mucho, vivía de alicientes, ídolos y recuerdos.
Liverpool fue la segunda casa de Torres. Vaya que si le han llorado en la orilla del río, y es que la situación en Madrid pintaba mal. Un grupo que sufría el fantasma del descenso y los malos puestos a consecuencia de una ínfima administración, recostaban en Torres la esperanza y el cariño que una afición afligida necesitaba para seguir creyendo, al cabo pues, que Torres sabía lo que era la segunda división. Y entonces Torres se fue, y con él, las ganas de que Agüero fuese quien tomase la estafeta de gran ídolo. Algo que no ocurrió.
Torres en Liverpool tuvo una estadía notable, el gran goleador. Vivió épocas de oro y uno que otro mote de "el mejor nueve del mundo". Todo color dorado, hasta que llegara el 2010. El ocaso. Una lesión que le marginaba del final de la 2009/10, ponía en riesgo su mundial, al cual acudió y presenció la primera estrella española de la historia. Parte de ella, Torres, siempre Torres. Pero algo no iba bien.
Torres nunca fue el mismo. Fichó por el Chelsea a petición de Roman Abramovich, quien más fe le tuvo en su proceso. Invirtió cantidades impensables por un tipo que no rindió en su entera estadía en la capital inglesa. Torres nunca fue el mismo. Estaban la técnica, las ganas y el juego, pero simplemente los goles nunca volvieron. Torres se había ido. Jugaba, y en su rostro parecía que necesitaba del gol para enamorar a una afición que le tuvo una paciencia como pocas, a sabiendas que las cosas no resultaban, y que para su desgracia, no resultarían. Torres desvelaba destellos que siempre prometían un regreso de aquél gran 9 que en Liverpool encandiló, pero su rostro, su cuerpo y eterno ímpetu comunicaban que sus ganas eran mayores a sus réditos. El tártaro del futbolista, cerca de él.
El presente curso la ha pasado en Milán, donde las cosas de inicio pintaban bien, con un gol en el alba de su temporada más que bonito, pero que meses después se podrá decir que no ha existido más allá que recuerdos y decepciones. Torres no está. Torres no es el mismo, pero quiere serlo, y es por ello que vuelve a su "Atleti". Un Atlético de Madrid que vive la mejor época de su historia.
Siete años después de la época de Torres, el Atlético se ha levantado a base de agallas. Finales y copas son el estandarte del equipo grande que se estaba cayendo. Siete años después de Torres, vuelve y no conoce caras más allá de Gabi. Siete años después, Torres encuentra al equipo de su corazón siendo uno de los mejores formadores de delanteros del mundo. Siete años después.
Siete años después, Torres sigue amando a su Atlético. Siete años después, Torres vuelve como niño a si madre, buscando consuelo porque ha perdido el rumbo. Como decía un colchonero por ahí: "No importa si Torres anota 15 goles, o juega 15 minutos", y es cierto. Qué más da si Torres es Torres o "El Niño". Un ídolo vuelve a casa y eso solamente puede ser una buena noticia. Un vestuario que ve en su unión la fuerza de sus esfuerzos le agradecerá su experiencia y más que comprobada carrera. Como aquella noche en Austria ante el imponente Lehmann, o como aquellas noches en el Calderón, con la cinta de capitán en el brazo.
Qué más da que compagines o no con Torres, en Madrid estarán felices de recibir al hijo pródigo. Un hijo que les ha dado tanto. Un jugador que vivió un vaivén por culpa de una maldita lesión. El infierno del futbolista, pero que aún tiene la chance de revivir en donde mejor ha sabido hacerlo. En el lugar donde nació.
Siete años después, Torres vuelve a casa. Historias de amor que hoy en día en el fútbol, pocas, muy pocas. Porque siempre es bueno volver a casa.







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