Rafael Martín Vázquez, el español “del bigote afilado”
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| Martín Vázquez, con el Torino, en un encuentro frente al Lecce (Foto: soccernostalgia.blogspot.com) |
Rafael
Martín Vázquez fue uno de los cinco integrantes de lo que el gran periodista
Julio César Iglesias dio en llamar “La Quinta del Buitre”; un grupo de cinco
jugadores que fue la base del espectacular Real Madrid de la segunda mitad de
la década de los 80 y la primer a de los 90. Sus nombres: Emilio Butragueño (El
Buitre), máximo representante y a quien debe su nombre el grupo, José Miguel
González Martín del Campo (Míchel), Manolo Sanchís, Rafael Martín Vázquez y
Miguel Pardeza. Aunque este último apenas llegó a jugar en el Real Madrid y
sería los otros cuatro los que diesen forma a la leyenda, el nombre siempre se
conservó.
Como
todos los campos de fútbol, el Bernabéu siempre tuvo sus filias y sus fobias y
a Rafael Martín Vázquez nunca lo idolatró: el preferido era, por supuesto,
Butragueño, seguido de Míchel y Manolo Sanchís, quedando Martín Vázquez
relegado, para la mayoría de la gente, al cuarto lugar de esa ficticia
clasificación (que si no corría, que si era un poco amanerado…). Tal vez, su
carácter reservado y el hecho de que no transmitiese mucho a la grada,
influyese en esa “fobia” pero uno no coincide en absoluto con esa opinión y
cree que fue, con mucha diferencia, el jugador con más clase de “La Quinta”.
Debutó
en el primer equipo del Real Madrid en 1983 y, desde entonces, su fútbol y su
influencia en el juego del equipo no hizo más que crecer, hasta el punto de
hacer una temporada 1989/90 absolutamente espectacular. Buena prueba del nivel
que alcanzó fue un impresionante gol al Castellón en el Bernabéu (minuto 8:55
del video adjunto donde pueden verse los 107 goles del Real Madrid aquella
temporada, record de la Liga española en aquel entonces).
Tras
aquella temporada y no se sabe si atraído por los millones de Italia o
despechado por el poco cariño que le profesaba el Bernabéu decidió firmar por
el Torino, convirtiéndose en el extranjero mejor pagado del Calcio. Curiosamente,
el Mundial de aquél verano se disputó en el país transalpino y Martín Vázquez
era perseguido por fotógrafos y televisiones y aclamado como un auténtico
ídolo.
Los
primeros meses en Italia fueron extraordinarios y la prensa italiana así lo
reflejó con titulares como “cuando el español del bigote afilado coge la
pelota, hay problemas para todos” o “Martín Vázquez se doctora en Italia”, tras
meter un espectacular gol de falta a Walter Zenga, por aquel entonces, portero
del Inter de Milán y la selección italiana.
Pero,
poco a poco, el rendimiento de Martín Vázquez y su influencia en el juego del
Torino fueron decreciendo y se confirmó, una vez más, que Italia y el calcio
eran (o son) un país y un fútbol durísimos. Hay quien dice que “si triunfas en
Italia, eres un grande de verdad”; no seré yo quien discuta tal afirmación pero
se me ocurren varios grandes de verdad que han fracasado de forma miserable en
Italia (al margen del protagonista de este artículo, el galés Ian Rush es otro
gran ejemplo).La
situación, en lo relativo a su aportación y su adaptación al juego, llegó a ser
tan insostenible que, en la segunda mitad de la temporada 1991/92, apenas un
año y medio después de llegar a Italia en loor de multitudes, fue cedido al
Olympique de Marsella.
Y ese verano del 92, en pleno punto álgido de aquel
monumento al fútbol que fue el Barcelona de Johan Cruyff (había ganado las dos
últimas ligas y había conseguido ser, por fin, campeón de Europa ese mes de
mayo en Wembley), Ramón Mendoza decidió dar un golpe de efecto que “despertase
de la depresión” a la afición blanca y trajo al madrileño de vuelta a casa.
Pero ya
nada volvió a ser lo mismo: siguió dejando toques de clase pero jamás alcanzó
el nivel y la influencia en el juego de sus años “pre-Italia”. Entre el
mediocre rendimiento y las lesiones que le acosaron en el último tramo de su
carrera, éste fue un continuo peregrinar de equipos: tras tres años en su
segunda etapa en el Bernabéu, dos años en el Deportivo de La Coruña (España),
un año en el Atlético Celaya mexicano y algunos meses en el Karlsruher alemán
fueron el cierre de su carrera como futbolista.
Una
carrera que, examinada en su conjunto, puede que no sea de primer nivel pero
uno puede asegurar, sin temor a equivocarse, que el Martín Vázquez de los dos
años previos a su marcha a Italia, ha sido de lo más impresionante que uno ha visto
en un campo de fútbol.







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